Autor Tema: [FanFic] Apocalipsis Pokémon  (Leído 7795 veces)

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DARKRAIKOU

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[FanFic] Apocalipsis Pokémon
« en: 04 de Septiembre de 2012, 05:52:33 am »
Hace tiempo que estoy escribiendo proyectos propios, pero me decidí a escribir uno especialmente para el foro, después de ver una imagen interesante.
En el comentario, me gustaría recibir críticas de mi forma de escribir, ya que me gustaría refinar mi escritura, antes de sacar al aire mis otros proyectos.

sin mas. muchas gracias.
DARKRAIKOU.

PD: si ven algún fallo ortográfico o de gramáticas (o algo difícil de entender), indicármelo en los comentarios, para mejorarlo o explicarlo. Me interesa mucho mejorar.

Debido a mi trabajo, no podre publicar con faciliad, pero igual seguire desarrollando la historia.
« Última modificación: 16 de Mayo de 2013, 09:10:12 pm por DARKRAIKOU »


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Re:[FanFic] Apocalipsis Pokémon
« Respuesta #1 en: 04 de Septiembre de 2012, 05:53:39 am »
Apocalipsis Pokémon

• Preámbulo

“30 de Marzo del 2010”

El cielo permanecía oscuro, la luz del sol parecía no alcanzar y el mundo seguía sumido en las tinieblas. Era pleno día o eso parecía, o debería ser, mas la oscuridad rondaba en todas direcciones.
Miro a los alrededores para poder ver bien, pero su cabeza daba vueltas y su vista parecía algo nublada, desorientada y le costaba abrir los ojos.
En el cielo, bandadas de extrañas criaturas negras comenzaron a revolotear, mientras se abrían paso en la noche caída de aquel día, las nubes espesas comenzaron destellas truenos y relámpagos que iluminaban y atemorizaban el corazón de lo que observaban aquel fenómeno.
Su mano estaba ensangrentada y por alguna razón que no lograba recordar intentaba alcanzar el alto cielo negro. Allí desapareció la poca luz y todo fue silencio.
A lo lejos, se podía ver una gran columna de humo se alzaba sobre las ruinas de edificios destrozados, incendiados y quemados hasta los cimientos. Muebles destrozados, papeles y libros en cenizas y hojarascas, se levaban a los cielos mecidos por el viento de aquel infierno en la tierra, que cubría todo los alrededores de un tono rojo y naranja.
Allí, lejos, como a 4 kilómetros de distancia, una mujer vestida de blanco y sucia por el polvo y las cenizas permanecía mirando sorprendida y aterrada el infierno terrenal en que se habían convertido aquel edificio. Su cabello rubio y ceniciento, era mecido por el viendo que salía de aquel calor y se extendía por todo aquel valle.
Sus profundos ojos azules, detonaban una mescla de miedo y expectación, aun cuando sus anteojos rotos, parecían quebrar y dividir su visión.
La tierra se mecía y parecía serpentear a lo lejos, criaturas inimaginables parecían salir de las llamas y envueltos en luz y sombra desaparecían en una corriente infinita y descabellada.
 “que hemos hecho” dijo en voz baja la mujer que tenía en su pecho una identificación del  CERN, que contenía el nombre de Regina Gianotti.
De improviso, un haz de luz azul se alzo hacia el cielo y una brillante estrella parecía ascender y desaparecer en las negras nubes. Todo aquello termino con una explosión que alcanzo a la mujer y todo desapareció en la luz.  “Gab…” fue el ultimo pensamiento que tubo y luego, nada.
« Última modificación: 24 de Septiembre de 2012, 05:25:16 pm por DARKRAIKOU »
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Re:[FanFic] Apocalipsis Pokémon
« Respuesta #2 en: 04 de Septiembre de 2012, 05:54:22 am »
Libro I - El Cuerpo

• Capítulo I – La Resistencia

El cielo era inesperadamente azul, algunas nubes manchaban con su blanco y algodón la bóveda azul sin fin. Una sombra obstaculizaba el brillo del sol, la sombra de su mano elevándose hacia el infinito, intentado alcanzar a esas graciosas nubes, alegres y felices.
Era un hombre, de unos 21 años de edad, blanco de ojos celestes y cabello corto, castaño. Llevaba un buzo, una indumentaria deportiva blanca con magas azules y su pantalón azul con líneas a los costados blancas.
Luego de recobrar algo el sentido, se levanto un poco. Allí sentado miro a los alrededores de aquel lugar donde estaba. Edificios destruidos, ventanales rotos, rascacielos derrumbados, calles llenas de tierra, de escombros, de basura y mugre. Un aire espeso que rozaba el piso, tendido eléctrico ya sin energía eléctrica alguna y alcantarillas abiertas y grifos rotos y secos. Automóviles, buses, camiones y tanques permanecían destrozados, oxidados y/o quemados.
La calle estaba adornada con grietas de todos los tamaños y dimensiones, había agujeros que aparecían por doquier y creaban una verdadera constelación de hoyos por todos lados. Los edificios y cuanta estructura en pie, mostraba la evidencia y marcas de balas, el suelo tenía manchones de negro y rojo.
- ¡¿pero qué paso?! – dijo para sí, aunque se le escapo un poco la fuerza y un débil eco se dejo sentir, preguntando repetidamente aquella pregunta.
“Bum” se escucho unas calles a lo lejos de donde él estaba, era el ruido de una explosión que retumbaba en el aire. Otro “bum” se escucho otra vez, esta vez más cerca.  Luego, casi hasta donde alcanzaba la vista, una marea de polvo inundo la calle desde otra que la cruzaba.
A esa distancia era apreciable algunos escombros salir volando por los aires. De improviso, entre el polvo, salió un bus escolar que había dado un giro hacia la calle donde él estaba sentado. Unos automóviles salieron volando de la nube y luego le siguió otra explosión, esta vez más fuerte y masiva que las anteriores.
- ¡Oigan! ¡Ustedes! ¡Oigan! – grito a viva voz, al tiempo que se levantaba del suelo sucio y contemplaba lo que estaba pasando allí a lo lejos. El vehículo parecía descontrolado, zigzagueaba rápidamente por entre los escombros que se habían acumulado durante quien sabe cuánto en la calle, parecía que no se detendría.
- ¡Hey, un momento! ¡Deténganse! – grito con toda su fuerza en cuanto el vehículo estuvo a una buena distancia, pero este no le hiso el mínimo de caso.
“me van a atropellar” se le cruzo por la mente y de inmediato corrió hacia la acera de la calle, para que el vehículo no le pasara por encima. El vehículo se movió violentamente y se detuvo unos metros delante de él. Tenía sus ventanas rotas en la mayoría de los casos y sucias y cochinas en el resto, su armazón presentaba varias señales de daño, cortes con forma de garra o dentadura, abolladuras, orificios de balas, rayones de todos los tipos. Sus neumáticos, ni siquiera eran iguales y todos parecían gastados, parecía que no duraría mucho tiempo en esas condiciones. El color amarillo había dado paso al rojizo de oxido en gran parte.
- ¡hey tu! ¡Qué estás haciendo aquí! – le dijo un sujeto alto, que tenía toda la cara cubierta por un pañuelo y unas gafas protectoras, junto con un gorro de aviador. Llegaba uno de esos trajes de ingenieros de ejército plomo y estaba remendado en varias partes, con varios cinturones que tenían una cantidad de balas impresionante, lleva al hombro una metralleta y más de una pistola colgaba de su cinturón.
- ¡hey tu! ¡Responde! dije ¡¿qué estás haciendo aquí?! – Dijo esta vez con mayor fuerza, bajando del autobús y llegando al lado de él - ¿acaso no tienes miedo que te atrapen y te asesinen?
- ¡¿qué me asesinen?! – dijo con algo de vacilación al escuchar aquella última pregunta, pero no alcanzo a responder cuando se escucho un ruido fuerte, el sonido de la tierra temblar en el fondo de la calle, desde donde el autobús escolar había aparecido.
- ¡Jefe! ¡Debemos irnos! – dijo un chico rubio y piel sucia que tenía unas gafas protectoras al cuello y una camisa de tira blanca y muy mugrienta. No parecía ser mayor a 16 años.
- ¡maldición, nos alcanzaron! ¡Esas cosas parecen lentas pero cuando se lo proponen son muy rápidos! – Dijo el Jefe que de inmediato tomo por el hombro al tipo y lo jalo hacia el vehículo – ¡entra allí, si quieres vivir!
El subió y se sentó hacia el final del autobús, donde había otros dos sujetos, vestido con harapos sucios y que alguna vez fueron trajes de algún electricista o plomero. Más a él solo le importaba lo que ocurría allá a lo lejos y no presto mucha importancia por el momento, a los dos que no le quitaban la vista de encima.
Miro hacia el humo, y pronto noto que una forma extraña comenzaba a tomar forma, el piso se movía y remecía como si algo muy pesado estuviera acercándoseles. Los vehículos le levantaba y movían violentamente, era parecido a esa película de Godzilla, donde todos se remece por su caminar.
El chico conductor presiono con todo su peso el acelerador del bus, el que de inmediato patino unos segundos y luego dio el jalón de aceleración.
Del polvo danzante, emergió una criatura redonda, rocosa y porosa, tenía una cabeza diminuta con respecto al cuerpo, que emergía de entre el cumulo de roca que era su cuerpo. Unas poderosas patas y brazos salían de aquellos cuerpos, eran menos rugosos y pedregosos, pero igual tenían aspecto rocoso.
Había algo familiar y conocido en aquellas criaturas, como si las hubiera conocido. Le costó identificarlo, pero cuando lo hiso, su cara fue de sorpresa.
 - ¡¿es-es un Go-Gol-Golem?! – grito medio atónito el sujeto. De la niebla sucia, emergieron como unos 20 más que parecían gritar y gruñir muy furiosos.
Con cada pisada, la tierra temblaba y era remecida con ondas de terremotos que llegaban hasta el autobús. Entre esa multitud, el pavimento del suelo se desquebrajaba y saltaba cual agua hierve en una olla.
- ¡Munición! ¡Rápido! - grito la jefe al tiempo que se acercaba a la parte trasera del vehículo y abría la puerta de atrás con una patada. Tomo una Bazuca que había dejado en unos asientos cerca y la preparo.
De los dos sujetos de la parte trasera, una chica de  cabello negro y piel oscura, de inmediato saco un cohete que tenían en una caja bajo unos asientos. Esta contaba con varios cohetes más. El otro sujeto, un chico de unos 17 años, tomo el proyectil y lo introdujo en la Bazuca, preparando el arma y dejándola lista para que el Jefe pudiera usarla.
- ¡tomen esto malditos engendros! – grito el ayudante al tiempo que el cohete volaba velozmente hacia la manada de Golem que venía corriendo, lenta, pero cada vez con mayor velocidad.
“bum” se escucho y de nuevo el polvo nublo todo.
- ¡¿Qué está pasando?! ¡¿Esos eran Golem?! ¡¿Golem Reales?! – dijo el sujeto con escepticismo, miedo y mucha sorpresa. La chica morena, lo quedo mirando un rato, como un bicho raro, que no sabía definir muy bien. Los otros dos estaban preparando la bazuca nuevamente, sin tomar mucha atención a lo que su “secuestrado” decía o hacia.
 - ¿tienes fiebre o estás enfermo? – Le dijo la chica morena quien parecía tener un tono de duda - ¡claro que es un Golem! ¡Y agradece que no fuera una manada de Houndoom! ¡Allí si tendríamos problemas!
Pronto llegaron hasta un puente lleno de vehículos abandonados, destruidos y arruinados, por el tiempo, como por las batallas que habían dejado su marca. Era un largo puente colgante, ya arruinado también, que daba la impresión que en poco tiempo, ya no soportaría su propio peso y caería. Los cables de acero se tensaron y rechinaron por el nuevo peso que se le había sumado.
El conductor no se amilano ante esto y el vehículo no desacelero, sino continuo con su loca carrera, zigzagueando por en medio de la basura y chatarra que rodeaba el lugar. Daba la impresión que en cualquier momento o el puente se caía o el vehículo se descarrilaba y terminaba cayendo al mar.
A lo lejos, los Golem llegaron hasta el principio del puente, pero no se atrevieron a cruzarlo. Se quedaron todos allí mirando como el desenfrenado autobús se alejaban. Los pobres, comenzaron a pegarse los unos con los otros, por unos segundos, pero luego rugieron con estruendo y precipitación al ver lo inalcanzable que eran sus presas.
El aire vibro con el llanto de los Golem.
- ¡púdranse malditos mal paridos! – les grito el chico que antes había ayudado a el jefe. El tenia un cabello negro y piel menos morena que la chica - ¡tomen esto y espero que aprendan que con los Ladrones del Cielo no se meten! – decía esto último, usando un gesto ofensivo con sus manos y brazos, que claramente los Golem no podían apreciar.
A lo lejos, entre tierra y agua, era posible ver las ruinas de una ciudad, sus altos rascacielos habían caído y a la luz de aquel sol, parecían brillar con inusitada belleza y destrucción.
Mil preguntas y emociones volaron por la mente del sujeto que permanecía mirando tras la ventana rota del autobús, aquel lúgubre espectáculo. Cuando quiso convertir estas ideas y aprensiones en preguntas habladas, su boca no podía sacar aire y su garganta parecía seca. Las miradas de los tres sujetos que compartían aquel bus, exceptuando el joven conductor, perecían estar clavadas en el, como un “bicho raro”, como un “fenómeno”, como si algo tuviera que lo miraba tanto.
Sus miradas eran instigadoras y directas. Buscaban algo que él no sabía.
- si llegamos al refugio, allí te aclararemos todas las dudas que tengas, si llegamos- fue la respuesta del jefe, en cuanto el tubo el valor de preguntar quienes eran y donde estaba.
Calle tras calle ruinas tras ruinas, campos destrozados, vehículos destruidos, todo parecía como esas películas de la segunda guerra mundial, pero real. Nada parecía estar a salvo del paso de la ruina. Templos e iglesias, escuelas, jardines, torres y hogares, era algo terrible y que parecía extenderse sin fin aparente, por más lejos que viajaran, por más tiempo que les llevaba el viaje, había trascurrido como una hora a toda velocidad y aun así, nada había cambiado.
Llegaron hasta las runas de un aeropuerto. Allí donde los aviones habían desaparecido y la hierba parecía querer recuperar la tierra robada por el concreto, el autobús rompió la cerca sin vigilancia y se detuvo en medio de aquel lugar, abandonado hacía mucho tiempo. Los cuatro se bajaron del bus y le ordenaron al sujeto bajarse también.
- ¡bien! ¡Ahora di tu nombre y de dónde eres! – le ordeno con brusquedad el jefe quien se saco el gorro y las gafas protectoras, revelando la cara hermosa de una chica de unos 23 años, de cabellos y ojos, profundamente castaños y severos.
- ¿para que quieren saber mi nombre? Lo mismo podría preguntar ¿quiénes son ustedes y que es este sitio?– dijo algo preocupado al ver que los tipos allí presentes parecían tomar posturas duras y fuertes, y le lanzaban miradas de desconfianza.
La jefa de inmediato saco un revolver de su funda y apunto directo al sujeto, llevando el cañón a su frente, dando a entender que a esa distancia no erraría. Sus rodillas le temblaron de inmediato y su cuerpo se movía frenéticamente por el temor de la muerte. Cayó de rodillas, mirando los ojos severos de quien le apuntaba.
 - ¡No lo volveré a repetir! ¡Dinos tu nombre y tu procedencia! – Dijo con un tono muy fuerte y alto, mientras movía el martillo, poniéndolo en posición para disparar - ¡¿Quién eres?!
- mi-mi-mi- nom-nombre es-es Ga-Gabriel -  dijo tartamudeando, mientras sus ojos no paraban de vacilar entre el revólver sobre su cabeza y la mirada asesina de la chica.
- ¡¿Gabriel cuanto?! – siguió ella con la pistola. Gabriel le respondió que no recordaba cual era su apellido, que lo había olvidado.
- ¡¿entonces de dónde eres?! – prosiguió con la otra pregunta, pero esta vez, con menor prepotencia y algo más amable, aunque seguía teniendo ese tono fuerte y rudo.
 - la ver-verdad  tampoco lo re-recuerdo – le respondió nervioso, y de inmediato cerró los ojos, al ver la mirada irascible de ella y su mano apretando con fuerza  el revólver – ¡no lo recuerdo! ¡No me mates! ¡No!
“bang” se escucho. Un silencio sepulcral le siguió.
La presión en su frente había desaparecido. Abrió los ojos y miro a su verdugo quien había disparado al aire rápidamente y le había dado a un Murkrow que había volado solitario en el aire y que caía en picada, muy lejos de aquel lugar.
- ¡esos espías! ¡Siempre andan rondando los alrededores! – dijo la jefa al tiempo que guardaba su revólver.
- ¡oye jefa! creo que el tipo no es un Pokémon – dijo el muchacho sucio que conducía el vehículo y quien parecía disfrutar más que ninguno con aquella situación.
- definitivamente no es un Zoroark, tiene demasiado miedo, es mas hasta mojo su pantalón – dijo la chica morena, quien le soltó una blanca sonrisa, seguida de una ricilla, en cuanto Gabriel miro su pantalón humedecido.
- definitivamente es humano, debe ser un civil, por lo cobarde – dijo el sujeto que anteriormente había ofendido a los Golem desde la lejanía, aun cuando ellos no lo vieran.
- el que sea humano no significa que sea de confianza. Recuerda el caso de los traidores que se pasaron al otro bando… – le dijo la jefa quien dio una mirada sobre su hombro a Gabriel, quien parecía mirarla con odio.
- claro que soy humano, bastaba mas que preguntaran ¿Qué está pasando aquí? ¿Por qué los Pokémon existen  y porque nos atacan? – pregunto Gabriel.
- Pronto tendrás todas las respuestas. Ahora levántate y síguenos – le respondió la jefa.
- bienvenido a La Resistencia – le dijo el chico de gestos obscenos y poco decorosos.
Gabriel estaba muy confundido, muy preocupado, pero igual. Todos emprendieron rumbo hacia el este, mientras el sol caía en las colinas y montañas del este. “La Resistencia…” pensó, cuando cayó el sol y las estrellas dieron paso a la noche.
« Última modificación: 01 de Diciembre de 2012, 11:51:37 pm por DARKRAIKOU »
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Re:[FanFic] Apocalipsis Pokémon
« Respuesta #3 en: 04 de Septiembre de 2012, 11:45:08 pm »
• Capítulo II – La Villa Olvidada

El horizonte mostraba una sutil oscuridad generada por las nubes que se juntaban en el extremo del mundo. En lo alto y esparcidas en el negro cielo, las estrellas brillaban y algunas parecían moverse despampanantemente, revoloteaban y daban surcos en el aire. Los Volbeat e Illumise, volaban en la noche, persiguiéndose los unos a los otros, en su sutil danza de apareo.
“quien pensaría que fueran tan reales y tan… feos” pensó Gabriel, al recordar las formas de los Golem que los habían atacado anteriormente. A su mente venían imágenes de aquellas criaturas en los gráficos pixelados de aquellos bichos de bolsillo, que ahora eran reales y peligrosos. “como podrán volar con esas pequeñas alas…” se pregunto al ver volar cerca a un Volbeat, persiguiendo a su potencial pareja.
Eran más de la media noche cuando autobús llego por fin a un lugar más o menos seguro. Habían entrado a un pequeñísimo pueblo que había sido abandonado hacia un buen tiempo por los habitantes del lugar. En medio de las casas, la comisaria era el lugar indicado para el descanso, una guarida que el grupo tenía para su incursión en la costa y en los territorios del enemigo.
En los alrededores y en las casa, en cualquier sitio que pareciera tener algún techo, criaturas de formas indefinidas, de ojos brillantes e instintivos, miraban constantemente en medio de aquella oscuridad. Ladridos y aullidos eran escuchados a cada instante, llamados de una especie de criaturas que no parecían acercarse a los intrusos y permanecían en las sombras, ocultos y aguardando.
- lo mejor de todo es que solo son Poochyena… nada mas – dijo la chica morena, que a todo esto se llamaba Gisela.
- ¿de dónde salieron los Pokémon? – pregunto Gabriel en cuanto habían entrado y resguardado las puertas y entradas y se preparaban para dormir y descansar unas horas, antes de retomar su viaje. No había camas, salvo las de las prisiones y había 3 sofás que plácidamente eran usados de camas.
- ¿en verdad quieres saber? – le pregunto Gisela.
- ¡claro que sí!... no entiendo nada de lo que está pasando – respondió un poco ofuscado por la poca o nula información que obtenía a sus preguntas, de parte de los miembros de aquel pintoresco y extraño grupo. Aquello le generaba desconfianza.
La jefa, le hecho una mirada fulminante a Gisela, quien estaba a punto de hablar, pero con aquella mirada, cerro sus labios. Gabriel se sintió como pez fuera del agua.
- ¡si quieres saber… deberás esperar un tiempo más! ¡Cuando lleguemos a la base, allí están las personas adecuadas para instruirte! – el tono de la jefa mostraba cansancio y sueño, mesclado con una orden y autoridad indiscutible.
- ¿pero necesi…? – fue lo que alcanzo a rezongar, pero un “¡Duérmete Ya!” fue la respuesta abrupta y poco cortes que recibió de parte de la líder del grupo.
Le habían dado unas mantas y sabanas que tenían en aquel lugar, y uno de los sofás, para que pasara la noche. No recordaba mucho de cómo había dormido antes, pero de inmediato pensó que dormir en aquel mueble le significaría una de las peores noches de su vida. “De toda mi vida…” dijo y cayó en la oscuridad.

Había una gran montaña, nevada hasta la mitad de su altura, bosques, selvas se extendían inmediatamente desde sus faldas y las montañas a lo lejas demarcaban el confín del mundo. El miraba desde lo alto de un árbol muy alto y viejo, desde donde las lianas salían y se colgaban de otros árboles cual luces de navidad se pasan de árbol en árbol de navidad. Se podían escuchar algunos gritos, parecía que a lo lejos había vida.
Un rio corría cerca, y sus aguas claras y cristalinas, chispeaban con cada ondulación del mismo, reflejando los rayos del sol. “Gabriel…” escucho y cuando dio vuelta, ya no estaba.

- levántate holgazán, ya vamos a salir – le dijo la chica morena, quien tenía su cabello algo más limpio de lo que lo había tenido antes. Se miro así mismo, y estaba aun en el sofá, durmiendo con las piernas sobre el apoya brazos y su cabeza sobre una de las almohadas que le habían emprestado, parecía haber dormido muy plácidamente.
- rayos ¿qué hora es? – pregunto y la chica le respondió que eran las 8:00 de la mañana.
En el baño de la comisaria, se lavó la cara y el pelo. Como no había ducha, les era imposible a los miembros del colectivo, darse un baño, por lo que tendrían que soportar algunos olores durante algún tiempo. Luego de cargar algo de combustible, y dejar algunos galones en el depósito que tenían en aquel lugar, para futuras necesidades, el grupo emprendió marcha hacia el oeste, dejando un pueblo vacio y lleno de pequeños Pokémon corriendo y ladrando detrás del auto bus escolar. “se parecen a los perros, pero son más pequeños…” pensó para sí Gabriel, quien los vio cansarse y regresar a sus lugares, tiempo después de dejar el pueblo.
Los campos se extendían nuevamente y algo as de normalidad era apreciable, de vez en cuando algún coche abandonado en plena pista, algún Pokémon inofensivo que se cruzaba, eran la evidencia de que el mundo haba cambiado. El paisaje era hipnótico, pero en el fondo causaba una duda, una pregunta que salto desde la cabeza de Gabriel a sus labios ¿Qué había pasado con la mayoría de seres vivos?... había visto algunas arañas en la estación, hormigas, seres diminutos en general, pero animales mayores como perros, gatos, caballos y palomas, la verdad no las había visto desde que despertó en aquella ciudad arruinada.
- desde que aparecieron los Pokémon, estos han ido alimentándose de los animales y personas que atrapan… no sabemos mucho de que habrán comido antes, pero en este tiempo han hecho desaparecer mas especies de lo que los humanos habían hecho desaparecer en toda la historia… - fue la respuesta a su pregunta, por parte del anterior sujeto poco decoroso que había maldecido de los Golem desde la lejanía y cuyo nombre era Jonathan.
- así que los Pokémon se comieron a todos los seres vivos… menos a los insectos – dijo en voz baja, mientras contemplaba con la cabeza gacha un frasco donde tenía atrapada una mariposa.
- yes… por lo menos acabaron con plagas como palomas, gaviotas, perros y gatos callejeros… - dijo algo contento el chico quien saco la cabeza desde una de las ventanas, para maldecir y propinar algunos improperios mas a un grupo de Bidoof, que permanecían tranquilos en la orilla de un estanque, al lado de la carretera.
Lejos podían verse un campo lleno de los que parecían ser montículos rojizos y brillantes. Eran Vileplume que se levantaban tempranos por las mañanas a recoger los rayos del sol. También habían algunos Bellossom, que bailaban alegremente, dando la impresión, a lo lejos, de ser un campo de flores cambiantes.
- ¿y porque hay tantos Pokémon… como esos? – pregunto Gabriel, quien apunto directo a este interesante fenómeno paranormal.
- supongo que porque los Pokémon que los depredaban comúnmente, ahora se alimentan de los animales… - Jonathan se saco una sustancia verde desde la nariz y luego la voto por la ventana - … así los Pokémon menos agresivos logran sobrevivir. Aunque igual hemos visto que algunos se comen entre ellos.
Los campos desaparecían, con cada interrupción urbana. Pueblos aparecían cada cierta distancia y luego daban paso a los campos que no habían sido sembrados desde hacía un buen tiempo. Pasaron cerca de unas pequeñas lagunas, donde el sol ya de la tarde comenzaba a llenarlas de un tono amarillo y fluorescente.
Desde allí, el camino fue más bien solitario y sin mayores interrupciones. Solo el graznido de algunos Pidgey, que volaban como bandada desordenada, sobre un campo, mesclados con bandadas de patos que para aquel entonces emprendían migraciones hacia el sur.
Por fin, llegaron hasta un conjunto de villas que colindaban con las montañas. Allí aun vivía gente.
Desde aquí en adelante, los pueblos habían sido cercados por las personas con murallas, y si no, con cercos con púas o cualquier otro elemento que les permitiera separar su “Mundo” del exterior. Recordaba mucho a esas películas sobre el día D, llenos de todo tipo de impedimentos para entrar. Había letreros que indicaban que el exterior que rodeaban los muros,  y parte del interior, estaban minados.
Una puerta de madera, arañada por lo demás, era la única entrada visible al pueblo. Un poco antes de llegar a la puerta, Gisela, saco una bandera blanca en un palo y la movía constantemente, como una señal para no ser atacados aun, a esa distancia.
- ¡Hey! ¡Ustedes! ¡Que buscan! – les dijo una voz desde lo alto de una torre de vigilancia que se alzaba desde el otro lado de la muralla, en cuanto llegaron a las puertas de la villa. Un tipo vestido como soldado, que portaba un fusil y una metralleta, les miraba atento, mientras su compañero, otro soldado, les apuntaba con una ametralladora, al más puro estilo de los juegos de guerra. Ambos no debían de tener más de 18 años de edad.
- solo estamos buscando un camino hacia las montañas… queremos pasar por el pueblo y obtener provisiones para el viaje y un sitio donde reponer y curar nuestros cuerpos y almas. – les dijo la jefa, quien de inmediato se levanto la manga y mostro un tatuaje de dos alas, soportando un mundo, el símbolo de la Resistencia.
De inmediato, los dos sujetos, abrieron de par en par sus ojos. Aquel que les hablo, bajo de inmediato de la torre. Pasaron unos minutos antes que el sonido rechinante de la puerta, denotara que se estaba abriendo. De inmediato salió el mismo sujeto de antes, seguido de otro joven soldado y un soldado más adulto de unos 20 años
Los tres presentaron su respeto y saludos a la Jefa, de la forma que lo hacen los militares.
- ¡mis saludos señor! ¡Soy el Teniente Herschel McDonald, encargado de la protección de la puerta!... ¡no esperábamos que  algún grupo de la resistencia pasara por nuestro pueblo, señor!
- bueno fue una decisión de último minuto, teniente… además no es necesario tanto formalismo. Solo hemos venido a obtener probaciones y una ruta segura hacia la base – la jefa parecía algo complacida y feliz al ver a aquel joven. Su sonrisa era diferente a la que normalmente tenía, era más jocosa, más natural.
- el señor Alcalde y el General pueden ayudarlos, ellos está en el ayuntamiento del pueblo, señor – le contesto el teniente al tiempo que habría ordenaba con gestos que la puerta fuera abierta de par en par para que el autobús lograra entrar – el soldado Michael les puede servir de guía para llegar lo más rápido posible.
Con un paso al frente, Michael se presento y ofreció su ayuda al grupo. La jefa acepto con una sonrisa y ambos subieron al autobús escolar. En la entrada, se levantaba un campamento dedicado exclusivamente a la defensa de la puerta y al recibimiento de aquellos que venían de paso o por refugio.
Después de cruzar la puerta y el campamento, era apreciable una ruta que dividía campos de cultivo que se extendían como anillo y rodeaban la pequeña ciudad. Fue allí donde Gabriel pudo ver algunos animales que en los campos más libres ya habían desaparecido, vacas, cerdos y caballos… y gente que labraba y recogía los frutos de la tierra.
 “increíble…” fue la palabra que se le cruzo por la mente a Gabriel.
Al llegar al pueblo, vieron un pintoresco lugar de casas de ladrillos, y tejados verde oscuro. Había varios edificios, templos, escuela y biblioteca. Allí adentro parecía todo muy tranquilo, la gente caminaba y paseaba tranquilamente, llevando más de alguno, a su perro a pasear.
En las murallas había afiches que preparaban a los jóvenes para el conflicto venidero contra los Pokémon, así como demarcaban las rutas de escape que tenía la población. Todo parecía planeado en aquel lugar.
La gente por lo demás, no dejo escapar la presencia de aquellos extraños, quien sabia o porque eran los primeros en mucho tiempo, o porque su ridículamente obsoleto y arruinado medio de trasporte, era muy llamativo. Eso Gabriel no lo sabía.
Llegaron hasta la plaza principal, seguidos muy de cerca por la gente curiosa. Allí en el medio de la plaza, un reloj de sol les daba la bienvenida. Al frente de aquel lugar de esparcimiento se encontraba el edificio municipal que irónicamente tenía un reloj de manecillas que era más usado que el que había en la plaza.
Desde la alcaldía, salió un personaje medio gordito, algo barbón, que usaba lentes y tenía su cabello encanecido por los años.
- ¡Bienvenido a Ciudad Levante! ¡El poblado humano aun habitado más al este del país! – les dijo con voz alegre y estridente, mientras las personas que habían seguido al grupo y que se encontraba en la plaza, aprecian reunirse poco a poco alrededor del grupo.
- ¿no se supone que esta ciudad se llamaba Alle…? – pregunto Gisela, pero el mismo alcalde se encargo de responder rápidamente a su pregunta.
- no mi estimada visitante, ahora la ciudad se Levante, le cambiamos el nombre como hace un año.
- bueno, señor alcalde… como se lo habrán comunicado, somos de la Resistencia Unida, en especifico el equipo número 51 del área de división R. hemos venido en búsqueda de algunas provisiones de alimentos, ya que nuestro objetivo es llegar hasta el Cuartel Nacional de la Resistencia Unida y aquello por lo menos nos tomara unos días más.
El jovial alcalde les dijo que obtendrían todo lo que necesitaran en la ciudad y que cooperaria en todo con la resistencia. De inmediato los hiso pasar adentro, donde algunas personas y funcionarios seguían haciendo sus deberes.
- así que son un grupo comando de recuperación ¿no? – pregunto el alcalde mientras se dirigían a la oficina principal, a lo que la jefa respondió con una afirmación de cabeza – ¿pero no se supone que deberían ser mas miembros? ¿Yo solo veo a 5 miembros, incluyéndola a usted? ¿No creo que hoy en día la Resistencia Unida forme equipos tan pobres de miembros?
Desde atrás, Gabriel escuchaba todo detenidamente, está expectante a obtener información rápido y en ese preciso momento. No quería esperar a llegar a un lugar donde no sabía que esperar.
- bueno… la verdad señor Alcalde… nuestro grupo era conformado por 7 miembros… de los cuales hemos perdido a 3.
- ¿qué ocurrió? – Pregunto el alcalde consternado - ¿Qué les paso?
- bueno… 1 de ellos fue alcanzado por los lanzallamas de una tropa de Charmeleon, los otros dos, desaparecieron en una emboscada de Diglett, cuando fuimos a buscar municiones, combustibles y… bueno eso es algo secreto.
- ya veo… es una lástima… pero lo importante aquí es que ustedes están bien. antes de ustedes, el último grupo que llego hasta el pueblo fueron unos civiles que escaparon de una villa más al este que la nuestra… eran los únicos sobrevivientes de un ataque Pokémon  a su villa… era una familia, sus padres estaban lastimados y muy heridos, no sobrevivieron… pero sus hijos viven aquí con nosotros.
Al fin llegaron al despacho edilicio, el alcalde les abrió la puerta y todos ingresaron allí, frente al escritorio del alcalde, unos sillones esperaba entregar un momento de relajo a los visitantes que allí llegaran.
Detrás de la silla del edil, había un personaje que contemplaba por la ventana todo lo que ocurría en las afueras del edificio. En cuanto el grupo entro, este se dio media vuelta mostrando a un soldado de alto rango, de cabeza rapada y piel tostada por el sol y el tiempo. Su rasgos eran mucho más severos que los que tenia la Jefa.
- veo que el R7 tuvo éxito en su misión – le dijo aquel sujeto, en cuanto el grupo le presento sus saludo. Gabriel por lo demás, se quedo atrás y se sentó, siempre mirando y observando que ocurría a su alrededor, tenía algo de desconfianza – déjenme presentarme, soy el General Peter Tremor, encargado de la seguridad y vigilancia de ciudad Levante, por órdenes expresas de los altos mandos de la Organización Internacional para la Resistencia Unida.
Los chicos de inmediato se pusieron en posición de saludo.
- ¡así es señor! ¡Es un placer conocerlo, señor! – le respondió la jefa, ante la primera expresión del general.
- el placer es mío, Capitán Susan… el placer es mío – le respondió el hombre que parecía tener varios años en la guerra.
- bien… es una lástima lo de las bajas… pero si consiguieron “aquello”, valió la pena al menos – fue la respuesta del alcalde, desde su sillón, quien era escoltado a todo momento por el general – posiblemente nuestro futuro dependa de “aquello”.
Gabriel había notado que Jonathan, mantenía su poder una maleta, pero no había notado que la traía consigo en aquel momento. La jefa le ordeno a este que presentara el maletín a los dos hombres de poder allí. Ambos personajes abrieron de par en par sus ojos y una sonrisa se les escapo, en cuanto Jonathan revelo su contenido.
- en verdad que es el “objetivo” – dijo el general, pero queriendo no perder la compostura de su alto cargo, borró la sonrisa y retomo su cara seria e impávida – los altos mandos estarán muy felices de saber que lograron su objetivo.
Gabriel esta intrigado. Que podía ser “esa cosa” que tenía el maletín y por el cual el grupo había arriesgado la vida y sufrido la baja de 3 de sus miembros, los cuales el nunca conoció. Para su desgracia, Jonathan cerró rápidamente el maletín y el contenido quedo en el misterio.
- con esto en nuestras manos, tal vez tengamos alguna oportunidad de ganar esta guerra – dijo el general.
- tal vez general, tal vez… - le respondió la jefa quien de inmediato se despidió de las autoridades presente con un saludo, dio media vuelta y salió de la oficina.
“que sería lo que tenía ese maletín…” se pregunto Gabriel, mientras hacía abandono del lugar. Jonathan se había quedado atrás, esperaba poner el objeto en el lugar mas seguro de todo el lugar, por lo menos hasta que ellos se marcharan.
« Última modificación: 24 de Septiembre de 2012, 05:27:42 pm por DARKRAIKOU »
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Re:[FanFic] Apocalipsis Pokémon
« Respuesta #4 en: 05 de Septiembre de 2012, 03:43:07 pm »
• Capítulo III – El Frio de la Muerte

Era increíblemente melancólico escuchar lo aullidos y ladridos de los perros, y más aun a alguno de sus amos gritarles que se callaran y que los dejaran dormir. De vez en cuando alguno lloraba porque alguien le pego una patada, o porque otros perros lo habían mordido. O por lo menos eso Gabriel era lo que pensaba aquella noche.
Las cortinas de su ventana estabas abierta de par en par. No podía conciliar el sueño, en su mente solo aparecía aquel maletín y su contenido misterioso ¿qué cosa podría contener? Por más que lo pensaba no se le ocurría nada de mucho sentido.
“bueno como el mundo está hoy… hasta las cosas sin sentido existen”. Miro el reloj de la habitación, eran las 02:35 de la madrugada. “¿Qué habrá adentro?... bueno quedándome aquí, sin hacer nada no me ayuda en nada” pensó para sí, al tiempo que sentía una fuerte molestia en su vientre. La naturaleza llamaba a la puerta.
Luego de orinar en el baño de la casa de huéspedes, decidió ponerse algo de ropa y salir a caminar por la noche. La noche en aquel lugar era muy distinta al día.
Las luces de la ciudad iluminaban una villa que no parecía tener vida nocturna, salvo la de algunos jóvenes y parejas que salían y paseaban a la luz del tendido eléctrico y los faroles de las plazas. Los militares, por su parte, eran los señores y reyes de las calles, aunque no detenían a nadie y no molestaban en absoluto, era difícil no encontrar un par de ellos rondando en alguna esquina y vigilando con sus binoculares nocturnos todo movimiento extraño. “vaya… que visa así…”
Camino mayormente sin sentido, sin una ruta trazada y de allí llego sin darse cuenta hasta la plaza principal de la pequeña ciudad, en frente del ayuntamiento. Gabriel se sentó en una banca que había.
Había caminado todo ese trayecto intentando recordar algo sobre su pasado estaba, pero era muy poco lo que había conseguido. Miro al cielo, y en lo alto una luna creciente parecía sonreírle jocosamente, sin entender sus mundanos y mortales problemas.
Levanto la mano y sintió aquella sensación de vacuidad que había sentido en las ruinas, aquel día cuando despertó y se encontró con el grupo de Susan y los Pokémon.
- bueno… supongo que no conseguiré nada intentando recordar  algo que he olvidado.
De repente unos pasos lo sacaron de sus pensamientos. Era la jefa, quien al parecer tampoco había logrado conciliar el sueño y había salido a pasear. Ella levanto la cabeza y su mira se cruzo con la de Gabriel, causando que ambos se sintieran molestos y ruborizados.
Allí, a eso de las 03:54, dos chicos permanecían sentados en aquella banca, mirando hacia el infinito espacio que había entre ellos y las estrellas. Gabriel sentía una apremiante atmosfera de duda y emoción.
- siempre sales por las noches y te quedas viendo las estrellas – le pregunto la jefa, quien interrumpió el silencio y su mirada expresiva se fijaba en el rostro del chico, quien al verla, dudo un poco de lo que quería preguntar.
- bueno… yo… yo solo Salí… porque no podía dormir, solo por eso.
- yo tampoco podía dormir… casi nunca duermo en realidad. No desde aquel di… bueno no importa. Y tú ¿has podido recordar algo?
- mmmm… he intentado hacerlo, pero no recuerdo mucho, recuerdo una escuela, amigos… más que nada rostros, pero no nombres. También recuerdo haber trabajado en un sitio importante… pero no sé donde ni cuando… he intentado recordar a mi familia, pero tampoco los recuerdo… realmente poco he recordado. Además, todo eso podría ser producto de mi imaginación… por lo quedo nuevamente en cero.
Susan, lo quedo mirando más detenidamente, esta vez, con una mirada de compasión y entendimiento, más que aquella mirada fuerte que tenía cuando estaba con sus subordinados. Gabriel le regreso la mirada, ojos de intriga eran los que predominaron.
- ¿Cómo paso esto… sobre los Pokémon, me refiero?
- ya te dije que esa pregunta aun no puedo contestártela… no porque no quiera, sino porque tampoco la tengo muy clara, además tú no eres de mucha confianza, que digamos…
La jefa se cayó, pero sus palabras ya habían salido cuando ella había deseado que regresaran y nunca hubieran salido. El rostro de Gabriel se oscureció.
- no confían en mi ¿verdad?... bueno para serles sinceros yo tampoco confió en ustedes. Y como podría hacerlo, si apenas los conozco y que hablar de sus verdaderas intenciones… dices que me dirás todo en cuanto lleguemos al cuartel, pero y ¿por qué tengo que seguirlos? Yo podría quedarme aquí si quisiera y ustedes podrían irse sin mí.
- es bueno que te sinceres, así te conocemos mas… pero no podemos dejarte aquí, Gabriel, estamos obligados a llevarte con nosotros.
- ¡obligados!… tu misma lo dijiste que no confías en mí, no tienes obligación de llevarme a ningún sitio.
- estamos obligados a llevarte con nosotros, porque podrías ser un traidor… uno que delata y entrega información a los agentes Pokémon… información que puede dañar a mucha gente, como los que viven aquí.
- traidor… ¡hablas de ser como un espía! No soy un espía…
- tú mismo los dijiste Gabriel, no recuerdas nada… por lo que ni siquiera tu sabes quien realmente eres o fuiste… o eso de la pérdida de memoria es una mentira y ahora te estás haciendo el amnésico… sea lo que sea, en el cuartel tenemos los medios para saber si estas mintiendo o dices la verdad… y si eres un traidor o no.
- y… y… decidiera no ir con ustedes… y me escapara ahora… que podrías hacer para impedírmelo. Después de todo estamos en un país libre...  no puedes obligarme a nada.
- como dije, Gabriel… tenemos el deber y llevare con nosotros, lo quieras o no – volvió a poner esa cara de pocos amigos, y de su pantalón saco un revolver que tenía y le apunto directo en la sien - … hace tiempo que este dejo de ser un mundo de libres, estamos en guerra… así que tienes dos opciones, irte con nosotros… o morir aquí y ahora.
Una gota de sudor callo de su frente y su garganta se quedo seca. Tenía miedo, no quería ir con ellos, pero parecía no tener otra opción más que aceptar, o todo allí se terminaría. Un escalofrió golpeo su nuca y le estremeció toda la espalda y un frio intenso  le envolvió el corazón, que latía más fuerte y más rápido.
- ¡esta-ta-ta bien! ¡Voy con us-ustedes! ¡Pero no me mates! – tartamudeaba otra vez, mientras algunos hilos de vapor salían despedidos con cada palabra suya.
- bien… entonces mañana partiremos y espero que no intentes huir, porque puedo pedirle a los soldados aquí que te… - Susan termino su frase antes de tiempo, sentía que el ambiente tenía una atmosfera diferente, más pesada y fría de lo común. Su aliento se vaporizaba y un frio comenzaba a inundar todo el parque.
- ¡está haciendo más frio que antes!… - dijo y de inmediato miro a su alrededor, como buscando algo, mirando en todas direcciones. Gabriel no sabía que pasaba, pero también comenzó a notar que hacia mas frio que antes.
Una mancha negra se movía en el suelo, cerca de un farol. Se extendía y contraía y cambiaba de forma, luego desapareció de la luz y se confundió con la oscuridad de la noche.
- ¿que esta pasan…? – pregunto Gabriel, pero un “sht” de la jefa lo hizo callar y entrar en estado de alerta.
“Jijijijij…” se escucho desde atrás, y luego de mirar un momento, unos ojos grandes y saltones aparecieron cubiertos de una capa negra y oscura. Eran Gastly.
- ¡mierda… entraron! – grito la jefa, llevando la mira de su arma hacia la criatura flotante que había aparecido a su espalda y disparando en tres ocasiones. Las balas atravesaron a la criatura, pero nada le hicieron – ¡corre!
Gabriel se levando de un salto al tiempo que corría junto a la jefa. Aquella sombra que había aparecido con anterioridad eran un Gengar que se levando atravesando el suelo y tomando forma. Tenía una sonrisa siniestra y lúgubre, al tiempo que sus ojos rojos brillaban en la oscuridad.
Pronto aparecieron mas Gastly y Gengar, también aparecieron Haunter, que llenaron la plaza y atemorizaban a las personas que allí estaban. Una alarma en medio de la noche se escucho por toda la ciudad. Era el aviso de un ataque.
- ¡maldición, es un ataque nocturno! – dijo la jefa, quien esquivaba a los Pokémon fantasma que aparecían e intentaban alcanzarlos.
Un Gengar, genero una bola negra y se la lanzo a la jefa y a Gabriel. Por fortuna ella logro esquivarla y Gabriel logro verla tiempo y detenerse antes que ser alcanzado. La bola fugitiva fue a dar a un árbol, el que fue destrozado y cayó cerca de ellos. “Bola Sombra” dijo la jefa, y se hecho a corres, sin antes disparar sus últimas balas en vano.
En una esquina de la plaza unos chicos eran mechoneados y sujetados por algunos Haunter, mientras los Gastly, parecían extraer una especie de vapor desde sus bocas.
- ¡qué estás haciendo estúpido! – grito la jefa, al notar que Gabriel se dirigía hacia ellos a ayudarlos – ¡no ves que no puedes hacer nada!
- ¡de todas formas sería mejor hacer algo que nada! – respondió algo valiente.
- ¿y de que te sirve ser valiente en una situación así? también te mataran… o crees que tus puños pueden causarle algún daño. Mis balas no les hicieron nada, que puedes hacer tu… ofrecerte de sacrificio para que los demás escapen.
Instintivamente había intentado regresar para ayudar a los chicos, pero las palabras de Susan calaron nuevamente hondo en él. “Es verdad…” pensó, como podría ayudar a esos muchachos, si ni palos ni balas podían dañar a esas cosas. De inmediato recordó algunas series, también animes, donde los protagonistas podían vencen en situaciones difíciles solo con valor, coraje y algo de astucia. “como se puede vencer a lo que no se puede tocar”.
- ellos ya están muertos… si eres inteligente, los dejaras atrás - le dijo la jefa y dando media vuelta corrió otra vez en dirección de la casa de huéspedes.
- “ellos ya están muertos” – dijo en voz baja, mientras se daba vuelta y con lagrimas en los ojos hacia caso omiso de los gritos de auxilio que pedían aquellos que habían quedado atrapados en las fauces de aquellas criaturas – “lo siento… pero no puedo hacer nada… esto no es como en los animes y películas… esto es real”.
- ¡Cuidado Gabriel! – escucho en cuanto intento dar el primer paso, pero solo vio esos terribles ojos rojos, brillante e hipnóticos. De repente sintió que su cuerpo no le obedecía y sus rodillas flaquearon, unas manos invisibles jalaran sus brazos y cayó de rodillas ante aquella sombra negra y sonriente.
Sentía como si alguien le apretara el corazón y se los estrujase con cada latido. Sentía que era dejado vacio, hueco, como si alguien le quietara su contenido y sus fuerzas fueron desvaneciéndose. “voy a mor…” era en lo que pensaba, mientras el Gengar extraía de él la energía y la vida.
“voy a…” era lo que pensaba al tiempo que su mente, por algún instante se trasporto hacia otro lugar. Pudo ver montañas, arboles… sintió la brisa del viento y una paz inmensa…
Cuando despertó, tenía en frente a Susan y a los demás. Se podían escuchar el ruido de descargas y disparos, que estaban en la lejanía. Por un instante sintió que aquel momento lo había vivido antes.
- menos mal que despertaste – le dijo Gisela, quien tenía una botella de agua que le ofreció al instante.
- ¿Qué… qué  paso? – pregunto con las pocas fuerzas que tenia. Su cabeza le dolía mucho, le palpitaba como si el corazón se lo hubieran cambiado de posición.
- un grupo de Pokémon encabezados por un Gengar te atrapo… casi te extraen toda la energía, si no fuera por estas luces, que al parecer es lo único que asusta a esa clase de Pokémon.
Una potente linterna, que era llevada por Jonathan y otras más pequeñas que eran llevadas por Max. Como pudieron cargaron al hombro a Gabriel, quien apenas podía mantenerse de pie. Se sentía frio muy frio y sin vida.
- debemos salir de la ciudad, no tardaran en llegar las otras hordas de Pokémon – dijo la jefa, mientras corría por las calles de la cuidad y veía como los Gastly, Haunter y Gengar eran ahuyentados por potentes disparos de luz, que parecía hacerlos retroceder. Por desgracia el número de ellos era muy superior y pronto cubrirían todo.
- bien Max, sácanos de aquí rápido – le dijo, en cuanto todos estuvieron dentro del autobús escolar.

La gente salía de las casa y se escondía en los refugios y túneles de escapatoria que hasta ese momento habían estado ocultos, esperando algún día servir si llegaba a presentarse una situación como esta.
- ¡Mi ciudad! ¡Mi ciudad! – gritaba y lloraba el alcalde, mientras era arrastrado hasta el sótano de la alcaldía por unos soldados, en donde había una puerta que hacía las veces de entrada a un túnel que se entendía hasta mas allá de los muros occidentales de la ciudad. Todos los túneles confluían en este túnel de escapatoria.
El general Tremor, tomo un jeep y se dirigió al campamento de la entrada. Allí los soldados se alistaban para una batalla que no se veía fácil ni muy lejana. Fuera de las murallas, los aullidos indicaban la presencia de Houndoom y Mightyena, 2 de los grupos más feroces y despiadados de todos los Pokémon. En lo alto de la colina, un Absol comandaba el ataque del enemigo.
Las tropas de humanos y Pokémon se alistaban para la batalla, una batalla sangrienta que demandaría la vida desde ambos lados. Algunos Misdreavus aparecieron junto al Absol, quien caminaba seguro junto a sus tropas de feroces fauces y dientes. En cuanto estuvo a una buena distancia, a uno de sus rugidos, los Misdreavus comenzaron a cantar, cada vez más fuerte y agudo, al punto de causar molestia a los soldados, que se encontraban a varios cientos de metros de distancia.
- ¡¿qué está pasando?! – pregunto el general, apretando los diente y tapándose los oídos, al tiempo que sentía como la tierra se estremecía como si latiera un gigantesco corazón.
- ¡señor, están destruyendo las minas! – le dijo un soldado y los ojos del general se abrieron de par en par.
Efectivamente, los Misdreavus emitían ondas poderosas para activar las minas ocultas, que Absol sabía que había bajo tierra. Una vez que la mayoría fue destruida, él y los Misdreavus se prepararon para el siguiente ataque.
- ¡maldición… destruyeron las minas! – Dijo furioso el general, una vez que el infierno de los gritos había pasado – prepárense soldados vamos a… - pero no alcanzo a decir mucho cuando sintió el frio, un frio terrible que congelo de inmediato la puerta y los muros y alcanzo a algunos soldados que permanecían a espalda del muro o tocándolo. Todos ellos terminaron convertidos en estatuas de hielo.
“grrr…” se escucho y a la orden del Pokémon Catástrofe, los Houndoom atacaron el muro congelado con sus lanzallamas y los Misdreavus usaban sus bolas sombras.
- ¡Disparen ya!… ¡no importa si los alcanzamos o no!… ¡disparen! – ordeno el general al notar que las manadas de Pokémon comenzaban a acercarse en tropel, mientras el muro congelado era destrozado con cada lanzallamas y bola sombra que le golpeaba.
La mitad de los Misdreavus, dejaron de atacar y ante la orden de Absol, usaron Psíquico para detener y desviar las balas y más de algún proyectil que salía de alguna Bazuca. Está claro que no todos pudieron ser desviados o detenidos, y muchos Houndoom y Mightyena, fueron heridos o muertos por disparos certeros. Pero aun así eran muchos Pokémon, un verdadero batallón de unos 1000.
“bum” fue el gran estruendo cuando una bola sombra del mismo Absol, golpeo en pleno la puerta y esta, y la mitad del muro, se rompió y cayó en pedazos. La explosión y la caída de escombros cobraron la vida de algunos soldados, y otros quedaron mal heridos.
- ¡Disparen soldados! ¡Ya escucharon las órdenes del general, disparen! – gritaba un herido teniente Herschel McDonald, quien sabía que no viviría mucho después de haber perdido su pierna. Había comenzado la parte más dura y terrible de la batalla, la pelea cuerpo a cuerpo.

Sobre la colina occidental, el equipo se detuvo para ver a la luz de los primeros rayos del sol matutino, como el humo y el fuego arrasaban la que hasta el día anterior había sido la ciudad aun habitada más al oriente de aquel país.
- ahora entiendes Gabriel… en la guerra no existe la libertad – le dijo la jefa, mientras Gabriel veía como las hordas de Pokémon seguían atacándolo todo y a todos los que se habían quedado rezagados.
- ¿realmente… esta es la guerra…? - pregunto Gabriel, pero sin intenciones que su pregunta fuera contestada.
Los Pokémon fantasmas se habían retirado ante la llegada del sol y el resto seguían allí devorando, saqueando y destruyendo. El grupo del bus, que había aumentado con algunos sobrevivientes que habían encontrado por el camino, dio media vuelta y dejo atrás la ciudad en cenizas. Tomaron rumbo, sin pena ni gloria, hacia el oeste, llevando consigo aquel maletín y su contenido misterioso.
« Última modificación: 24 de Septiembre de 2012, 05:28:02 pm por DARKRAIKOU »
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Re:[FanFic] Apocalipsis Pokémon
« Respuesta #5 en: 06 de Septiembre de 2012, 10:55:10 pm »
• Capítulo IV – En Fuga

“bang” se escucho en el bosque y las aves emprendieron el vuelo, mientras en la tierra, extrañas criaturas se desplazaban a toda velocidad. Gabriel sentía la adrenalina al máximo y su corazón latía fuertemente, como si cada latido fuera un golpe que lo impulsara a continuar, sin detenerse. Otro “bang” y este fue más cerca, casi le roso el rostro y la bala se incrustó en un árbol. Estaba cerca de llegar a la orilla del rio.
- ¡Gabriel, detente o disparo! – era la orden de Susan, quien mantenía el arma tiesa y firme entre sus manos, mientras la mira apuntaba a Gabriel, quien le daba la espalda. Algunos soldados aparecieron desde los matorrales y arboles de los alrededores, sus respiraciones eran rápidas y fuerte.
- ¡no quiero dispararte, Gabriel, pero si continuas… no me dejaras otra opción! – le dijo con fuerza, al tiempo que su blanco daba media vuelta y su mirada se clavaba en sus ojos. Una mirada de fuego y voluntad.
- ¡Haz lo que te plazca!… ¡dispárame ahora si quieres!… ¡pero yo no me detendré! – sus palabras parecían cobrar fuerza, la fuerza del odio. Sus ojos eran muy expresivos, muy decididos, había tomado una decisión… seguir, aun si moría.
Gabriel giro y dio un paso para continuar, pero una bala paso rozando su pierna y exploto en el suelo, señal de la seriedad de la advertencia.
- ¡te dije que si escapabas!… ¡no tendría más remedio que matarte!… ¡realmente no quiero hacerlo, pero si no me dejas alternativa lo hare! – era la última advertencia que haría Susan, su voz era potente, pero parecía mesclada con algo de miedo… ¿miedo a que?
- ¡Hazlo, entonces!… ¡hazlo ahora que no te miro!… ¡por lo menos será más humano que “aquello”! – dijo y siguió caminado.
“Bang” se escucho y se hizo silencio en el bosque.



Había trascurrido como dos horas desde que abandonaron la ciudad. Eran las 09:13 de la mañana de aquel día y desde el oriente eran aun visibles los humos y nubes negras que ascendían hacia el cielo. Un olor a ceniza y carbón, había inundado aquella tierra.
Dentro del autobús escolar, el grupo de Susan y Gabriel, convivía momentáneamente con algunas personas y desdichados del pueblo, que habían logrado escapar del ataque. “esos Diglett… destruyeron los túneles, yo estuve allí, casi morí aplastado por el techo…” decía un hombre que contaba como había logrado escapar y ser uno de los últimos en salir vivo del la ciudad.
Allí adentro habían en su mayoría ancianos y mujeres con sus hijos e hijas, habían bebes también y más de algún huérfano o adulto que había perdido todo. Era una situación lamentable, triste y muy desolada. Susan parecía particularmente impactada con ello, sus ojos ya no tenían la fuerza que habían tenido antes, o eso fue lo que le pareció a Gabriel.
Gabriel, por su parte, seguía muy débil, debido al ataque “chupa almas” de los Pokémon fantasmas. Seguía sintiendo algo de frio, pero allí, ocupando un asiento completo y tendido y cubierto por sabanas, parecía más cómodo que la mayoría. Aun así tenía su mente en otra parte.
“¡de todas formas sería mejor hacer algo que nada!” eran sus palabras de valor y heroísmo, ante de dejar a aquellos chicos en el más completo abandonó y desesperación. “Así que fue eso lo que sintieron antes de morir…” pensó mientras recordaba la extraña y horrible sensación de ir muriendo lenta y vacíamente. Pero de todos los pensamientos que cruzaban por su mente, uno era el mayor de todos, aquel que más le dolía, mas lo atormentaba.
 - “ellos ya están muertos… si eres inteligente, los dejaras atrás” – repitió inconscientemente, mientras su mirada se perdía en los orificios que tenía el techo del vehículo, hechos por balas y  garras poderosas.
Aquellas palabras, le habían causado un sentimiento de culpa desde que las había escuchado. Su miedo lo llevo a actuar cobardemente pero en el fondo sabio que de nada serviría actuar valientemente. “ellos ya est… si eres intelig…” repetía una y otra vez como sortilegio para alejar los malos espíritus.
Susan por su parte, tomo algunas de las provisiones que habían conseguido en la ciudad y le ordeno a Gisela y Jonathan que las repartieran entre la gente. Eran galletas y golosinas de gelatina que alentó mas a los niños que a los adultos, cambiando en parte el ánimo allí adentro, dando algo más de tiempo y reposo a las cansadas y agobiadas mentes.
- ¡gracias señorita! – le dijo un niño de unos 5 o 6 años, quien recibió una galleta con chispas de chocolate y 3 golosinas. Su sonrisa ilumino el rostro de Gisela.
Cuando el sol se disponía a llegar a lo más alto del cielo, la caravana había comenzado a dejar las montañas atrás y se enfilaba directo hacia un valle que delimitaba la cordillera enana y desde el cual se extendían grandes planicies que se perdía en un horizonte de lomas y prados, hacia el oeste.
La caravana decidió descansar un tiempo, en un pequeño Camping cerca de un pequeño bosque, que colindaba con la carretera.
Según se les había informado a Susan, el plan de migración que tenían los habitantes de la ciudad, los llevaría a una ciudad llama Nueva Edimburgo. Aquella ciudad era más grande que Levante y estaba completamente militarizada, servía como gran bastión de ataques y defensa para las zonas interiores del país, en la guerra entre humanos y Pokémon. Más adelante en el viaje, ambos grupos, el del Susan y el del alcalde deberían separase, uno seguiría al sur y el otro iría hacia el oeste.
- bueno aquí podremos descansar, creo que unos 45 minutos serán suficientes – dijo la Jefa a los que tenía en su bus, en cuanto este se detuvo dentro del camping.
- yo voy primero… he estado aguantando mucho… ¡Oh por Dios! – dijo Jonathan quien salió de los primeros y se perdió entre la hierba y los arboles del bosque, en búsqueda de un lugar más o menos privado para poder hacer sus necesidades biológicas.
Los demás vehículos del grupo, también se detuvieron. Todos, por muy apenados que estuvieran, necesitaban estirar sus músculos y mover sus hueso, necesitaban algo diferente, para no estar pensando en sus penas todo el tiempo.
 - ¡bien Gabriel, eres el ultimo, te quedas o bajas! – le dijo Gisela, quien la había traído un vaso con agua, el que bebió rápidamente. No tenía muchas ganas de quedarse allí, por lo que decidió salir. Gisela le extendió la mano para que lograra levantarse, pero Gabriel le rechazo, diciendo que él podía solo.
- gracias, pero puedo solo… - se destapo y se levanto algo mareado, pero con mas energía que lo que había tenido hacia tan solo unas horas atrás.
Eran las 12:55 del día, el sol estaba muy alto en el cielo y ninguna nube empañaba un día brillante, templado y perfecto.
Las personas, parecían algo mas distraídas y alegres. Los niños comenzaron a jugar los unos con los otros, algunos se conocían, otros recién se iban conociendo y con la inocencia de su edad, no sabían u olvidaban rápido los problemas vividos antes. Había mujeres embarazadas, ancianos que parecían felices solo viendo a los niños jugar, y algunos adolecentes, que se perdían en la vegetación cercana para expresarse su amor y temores.
Max por su parte aprovecho ese lapsus de tiempo para revisar el motor del viejo autobús. Gisela, veía cuantas municiones tenían y Jonathan, aun no regresaba desde que se había internado a realizar cosas de índole personal.
Gabriel, por su parte, encontró un buen árbol, algo apartado del resto de la gente y bajo su sombra se puso a meditar. Era posible escuchar algunos sonidos de insectos, como cigarras o grillos que vivían en el pasto y la vegetación cercana. Aquello lo relajaba y cayó en un sueño.

Esta vez, estaba en un sitio diferente. Parecían las instalaciones de alguna fábrica o empresa muy sofisticada. Miro alrededor y vio tubos y pantallas, botones y carteles que decían cuidado y advertencias.  Estaba revisando un tubo que cruzadba de un muro al toro, junto con barios, cerca estaba una caja con una pantalla que decía “error”.
Saco tapa que cubría el tubo y descubrió unos cables cortados, a la primera impresión a propósito… una alarma se escucho y de inmediato corrió hacia el teléfono que había cerca. Una luz lo cubrió todo y desapareció en el resplandor.
Cuando despertó, estaba tendido en el piso y tenía un fuerte dolor, intento limpiarse la humedad de su frente con su mano y cuando la miro esta estaba manchada con sangre… el cielo era oscuridad total… como un pozo sin fin y de allí nada más.

Volvió a despertar, pero esta vez estaba en el árbol, recostado. Se froto los ojos y no supo cuanto tiempo había pasado.
- ¡Vaya que tuviste una pesadilla, amigo! – le dijo una voz desde su costado, una que había escuchado antes.
- ¡al… alcalde! – le respondió, un poco desorientado, algo mareado, no sabía porque aun no lograba recuperase o porque el sueño en sí.
- ¡Despertaste muy abrupto, amigo!... ¡además, ya no soy alcalde! ¡La ciudad que gobernaba ahora no existe, solo soy un simple ciudadano que busca sobrevivir a esta invasión de monstruos!… llámame Marcus… y tú ¿qué estás haciendo aquí tan separado del resto? ¿Acaso te has peleado con tus amigos?
No supo porque, pero las palabras le fluyeron de inmediato. Tal vez porque el que alguna vez fue alcalde, parecía una persona agradable, un gordito simpático y de cara fiable.
- la verdad es que ellos no son mis amigos… no los conozco, ellos me encontraron y… no me dejan ir – le dijo, mientras su mente volvía a recordar aquellas palabras frías y sin corazón -  además, jamás seria amigo de gente como esa… jamás.
Marcus lo quedo mirando un rato. El no supo porque lo miraba así, con mirada de intriga y enigmática, pero intento seguir hablando para ver que le decía.
- además… como dije ellos me obligan a seguirlos… no me dejan libre, me tiene como un prisionero y me tratan como si fuera un traidor, dicen que me llevan a su cuartel o algo así.
- ¡¿traidor?! – Dijo un poco sobresaltado el ex alcalde, quien de inmediato volvió a la carga de preguntas - ¡Pero tú no pareces un traidor!... dices que te tiene retenido y que te llevan a alguno lado ¿no?... ya veo, ya veo.
Estas palabras fueron un pinchazo de aguja que despierta la curiosidad de cualquiera.
- ¿qué es lo que quieres decir con que ya ve?
-  supongo que no te has enterado de lo que les pasa a los traidores… ¿verdad?... eso intimida a cualquiera que quiera traicionarnos.
Gabriel lo quedo mirando con mayor curiosidad que antes. Realmente no conocía mucho y lo que sabía era porque lo había vivido. Quería saber a que se estaba enfrentando.
- ¿qué les hacen a los traidores?
- pues yo no sé mucho, pero el general Tremor me conto que hacia unos mese encontraron a un traidor, un espía, dentro de la misma resistencia… como castigo, lo azotaron y luego le aplicaron electricidad, o algo así, hasta que confesó su traición... Porque claro ellos nunca dicen ser traidores al principio, pero después termina confesándolo…
- espere… ¿es lo que les hacen antes de que admitan ser traidores?… ¿eso le hacen a todos los sospechosos?... ósea… ¿lo que me harán a mi?
Marcus, cambio rápidamente su cara algo serena, e intento poner una más tierna y generosa, con su cara de bonachón, no le era difícil conseguirlo.
- ¿acaso no te dijeron nada los del R7?... como crees tú que se enteran de si algunos son traidores o no traidores… dicen que les aplican “pruebas” para saber… pero eso es una pantalla para las torturas.
En ese momento las palabras de Susan, se mezclaron con nuevos sentimientos de odio que le surgieron. Le habían mentido.
- ¡no quiero que me torturen o me hagan “pruebas”!… ¡no quiero!… ¿qué tengo que hacer? – le pegunto con algo de desesperación a Marcus, quien parecía estar de su lado. Este se quedo mirando hacia el cielo y sobándose la barba, en un gesto de meditar.
- bueno… ya que no me gustaría verte sufrir  y viendo que pareces una buena persona… podría pensar en algo, déjame ver…veamos… veamos… no puedes venir con nosotros. Ya que te encontrarían rápido en alguno de los vehículos. Tomando en cuenta que ahora tenemos con a 30 soldados… creo que tu mejor opción es huir. Con tan poco soldados, es imposible que se concentren en una persona como tu ahora, ellos tienes que custodiar la caravana y en pocos minutos emprendemos el viaje nuevamente.
Gabriel, pensó detenidamente la propuesta del alcalde. Si corría hacia el bosque, Susan y su grupo, junto a los soldados lo buscarían al darse cuenta que había desaparecido. Pero solo se darían cuenta en cuanto estuvieran a punto de marcharse, cuando notaran que su “prisionero” les hacía falta, lo que ocurriría en unos 10 minutos, aproximadamente. “tendré 10 minutos de ventaja, más que suficiente para encontrar un lugar donde ocultarme” pensó. Además sabía que la caravana tenía que llegar a la ciudad en aquel día, por lo que los soldados no podrían estar rastreándolo todo el tiempo, tendrían que retirarse para continuar con su viaje. “y ella tampoco querrá perder mucho de su tiempo… tendrá que decidir o llegar a su Cuartel o quedarse a buscarme… lo lógico es que renuncie a mi búsqueda y se vaya… ya que no tiene los recursos y el tiempo, limitados”
En cuanto lo pensó, lo hiso.
- ¡Espera! ¡Qué estás haciendo!… ¿en verdad quieres escapar? – le dijo el alcalde.
Gabriel le contesto con una afirmación de cabeza y luego con un gesto de su mano le dio un adiós.
- Si peguntan por mí… dígales que fui a orinar… o invéntese algo que me haga ganar más tiempo – le dijo, a lo que el alcalde respondió con una sonrisa.
Escurriéndose como pudo, detrás de vehículos y arbustos, y lejos de la mirada de las personas, Gabriel logro entrar al bosque y desde allí corrió lo más rápido que pudo, lo más lejos que fuera posible.
“nunca me atraparan” fue lo que pensó en cuanto llego a la cima de una colina boscosa y desapareció de cualquier vista.
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Re:[FanFic] Apocalipsis Pokémon
« Respuesta #6 en: 11 de Septiembre de 2012, 03:40:45 am »
• Capítulo V – La Casería

Eran las 13:45 y soplaba una sutil brisa desde el sur. Los arboles se mecieran suavemente y la hierba soltaba un aroma a bosques, suave y delicado. Algunas aves pequeñas se oían cantar en aquellas tierras, juntó con más de alguna especie de ave Pokémon.
Sentado sobre las raíces de un árbol, era posible ver a un hombre. Gabriel permanecía allí pendiente, atento a cualquier cambio o sonido, a cualquier evidencia de la presencia de algún enemigo imaginario o real, un fantasma de miedo pendía sobre su cabeza. Su respiración era rápida y agitada.
A esas horas, los demás se habían dado cuenta de su desaparición y había comenzado a buscarlo en el bosque.
“¡Gabriel! ¡Regresa!… ¡No tienes donde esconderte!” habían sido los llamados por megáfono que se le había hecho hacia tan solo unos 5 minutos. Disparos al aire, tal vez para llamar su atención y poner fuerza en las palabras de de la Jefa, fueron disparados desde el campamento en señal de amenaza y marcaron el punto inicial desde donde supo que comenzaría todo. Era claro que no querían que escapara, pero aquello pensó, sería una confrontación de voluntades.
Quien tuviera la voluntad más fuerte ganaría.
Gabriel no quiso perder ningún minuto más, sabía que aquellas personas que estaban detrás de él, eran profesionales, aunque no sabía su nivel de rastreo. Con seguridad su único as bajo la manga, era la distancia y el tiempo que había adquirido en cuanto emprendió su travesía.
“Si peguntan por mí… dígales que fui a orinar… o invéntese algo que me haga ganar más tiempo” repercutió en su mente lo dicho al ex alcalde, quien le insto a escapar a expensas de lo que podría haberle sucedido de seguir el viaje y llegar hasta los cuarteles generales de la Resistencia Unida en ese país.
- por lo visto… no consiguió mucho más tiempo. Bueno, algo es algo… - dijo para sí.
Se levanto, y prosiguió su marcha sin dirección aparente, mirando cada cierto tiempo hacia tras por si llegaba a ver alguna sombra o algún movimiento de hierba que indicara que sus captores estuvieran cerca. Por el momento, todo parecía tranquilo. “les llevara un buen rato encontrar el camino que tome… y más aun alcanzarme, por muy buenos que sean” pensó algo confiado.
Siguió corriendo por unos minutos. El camino comenzó a tornarse más fácil, mientras la inclinación del terreno decrecía más y más, pronto se encontró con que ahora decencia por el otro lado de aquel cerro. Salto algunos troncos que estaban botados y secos. También noto que la tierra iba dando pasó a más rocas que a otra cosa, mientras su mirada se clavaba en un pequeño riachuelo que demarcaban una pequeña quebrada que iba dándose forma con el paso de los eones y que sin duda terminaría convirtiéndose en una zanja mas grande, como una herida, sobre la piel desnuda de la tierra.
Salto sobre algunas rocas, que eran removidas por la vida vegetal que allí crecía y cayó en una tierra fangosa que era humedecía por los charcos de agua que se formaban en los lados pedregosos del arroyo. Allí noto que había marcas de huellas de algún animal que se acercaba cada cierto tiempo a beber algo de líquido.
Tenía sed, y las aguas cristalinas le parecieron refrescantes, muy refrescantes. Se acerco y se inclino sobre ellas, notando que pequeños pececillos se movían en sus corrientes, animalitos asustadizos que de inmediato vieron la sombra que se les acercaba, se escondieron en las rocas, desapareciendo de la vista.
Gabriel, se sintió algo más relajado y tomo con sus manos un poco de agua que la llevo a su boca, para tragarla lentamente. Efectivamente, era refrescante y muy limpia.
“ji, ji, ji, ji…”
Había un sonido de risilla que le llego al oído, y de inmediato salió de su deleite momentáneo. Miro a su alrededor, preocupado ya que era claro que alguien en alguna parte se estaba riendo, pero no podía detectar desde donde venia aquella risa. Miro en todas direcciones y le entro una preocupación que le apretó el corazón, generándole un sentimiento de angustia.
- ¿Qu...Quién Es? – pregunto, al tiempo que su cabeza volaba hacia una sola respuesta posible. “¿me habrán alcanzado? ¿Pero cómo?” - ¿Quién es? ¿Qué Quieren?
“Ji, ji, ji, ji …” se escucho nuevamente y las ricillas desaparecieron. Un matorral que estabas unos metros más abajo de la corriente se  movió fuertemente. Gabriel de inmediato se levanto y corrió para ver quién era. No había nadie.
Se quedo pensando un minuto o dos. Las ricillas eran muy agudas y algo chillonas, también parecían provenir de 2 o 3 personas diferentes por la diferencia en el timbré de voz de cada una. Por un momento les recordó a esas personas que aspiran helio.
“cuidado, hay vienen” fue lo que escucho, pero esta vez desde más arriba.
Gabriel se levanto para mirar el origen de aquella chillona voz, pero sus ojos se clavaron en un soldado que venía saliendo de algunos arbustos, y que parecía no haberlo visto. De inmediato se agacho y quedo detrás de una piedra que había cerca, una gota de sudor frio le cayó por la mejilla.
Por su parte Susan y los soldados que la acompañaban, habían encontrado rápidamente la pista de por donde se había desplazado Gabriel. Efectivamente dentro del grupo había dos soldados que sabían rastrear, como sabuesos, quienes de inmediato se pudieron a correr detrás de su presa, acortando notoriamente la distancia entre ellos y su blanco, sin que Gabriel ni siquiera lo supiera. Los demás soldados estaban a muy poca distancia de él.
 “¡Mierda!… ¡me encontraron!” dijo a sus adentros. El soldado comenzó a observar todo a su alrededor, y pronto se le unió un segundo que apareció desde atrás. “hasta aquí llegue” se dijo mientras su mente trabajaba a mil por hora para ver si había alguna forma de escapar de aquella situación. Los soldados estaban encima de él, y los arboles no obstaculizaban la vista lo suficiente, además su ropa era poco practica para el camuflaje.
- no tengo altern… alternativa… - dijo débil mente, mientras dejaba escapar un suspiro de frustración. Como fuera que viera las cosas no había como poder escapar.  Su odisea había terminado.
Se dispuso a levantarse y mostrar su presencia a los soldados y a entregarse, pero antes que ellos notaran su presencia un fuerte sonido se dejo escuchar en el aire. “uhmmmm…” se escucho y de pronto, al otro lado del riachuelo, un rebaño de Stantler aparecieron.
Eran como unos 20 o 25 Pokémon, de pelaje café claro, muy brillante y hermoso. Sus cornamentas parecían relucir como el oro. Entre sus miembros había algunas crías pequeñas, a las que apenas eran distinguibles entre sus grandes progenitores. También habían otros con cornamentas más grandes y llamativas, todas ellas con aquellas misteriosas y extrañas esferas que llamaban increíblemente la atención de quien los mirara.
Gabriel se oculto tras la roca nuevamente, sin siquiera ser detectado por los solados, quienes tenían sus ojos puestos en uno de los Stantler mas grandes, que había comenzado a exhalar violentamente el aire de sus pulmones removiendo la tierra y las hojas de los arboles con cada exhalación. También empezó a mover sus grandes astas de un lado para otro y sus pezuñas removían la tierra, cual toro encendido estuviera dispuesto al ataque.
 “¡Qué suerte!” pensó Gabriel, quien apenas asomaba la cabeza para mirar el espectáculo, ya que los Pokémon solo se habían percatado de la presencia indeseada de los soldados, no de la de él. “ja, ja… quien diría que los Pokémon me salvarían la vida…”
Los soldados dieron unos pasos hacia atrás, mientras el molesto Pokémon ascendía cada vez con más movimientos de intimidación y con cada vez mayor determinación de envestir. Otros dos Stantler se le unieron al primero, moviendo sus cornamentas en señal de intimidación.
Los soldados le apuntaron con sus armas, pero parecían dudar en cuanto a dispararles o no, lo único que hacían era retroceder paso tras paso, mientras se alejaban del arroyo y cada vez estaban más lejos de Gabriel.
- ¡quédense quietos!… ¡quédense quietos!… - les decían nerviosos a los Pokémon.
Llego un momento en que los Pokémon no dieron marcha atrás e iniciaron una envestida en contra de los soldados, quienes temerosos, dispararon al aire y luego emprendieron la retirada, perdiéndose junto con los territoriales Pokémon.
 “ahora es el momento” se dijo mentalmente y saliendo de su escondite, corrió como loco endemoniado arroyo abajo, siguiendo el cauce del mismo.
“bang… bang” se escuchaban los disparos desde atrás, al parecer algunos soldados habían comenzado a disparar en contra de aquellos Pokémon. El grupo de Stantler se disperso y separo en pequeños grupos que se esparcieron en todas direcciones. El pudo ver a una madre Stantler con dos crías huyendo en la misa dirección que él, pero en la rivera opuesta.
De pronto, otro fuerte sonido lo distrajo de su carrera.
“urgggg…” fue un rugido que escucho que venía de mas adelante. Detrás de unos matorrales, se encontraba un Ursaring, quien estaba bebiendo agua desde el arroyo junto con un pequeño Teddiursa. Claramente su cría.
El Pokémon se levanto en su dos patas traseras, y mostro su impresionante altura, de casi 2 metros. Mostraba sus dientes y emitía rugidos de intimidación, que avisaban de lo peligroso que podía llegar a ser. Gabriel se detuvo en seco, no podía imaginar lo que aquella bestia le pudiera hacer son las poderosas garras que exhibía y batía en el aire, con cada movimiento de intimidación.
- maldición… me salvo de los humanos y caigo con un Pokémon… justo cuando pensé que la suerte me estaba sonriendo – dijo a modo de estimulo ante la situación nueva que se le presentaba. Estaba seguro que los soldados y Susan debían estarle pisando los zapatos.
El Ursaring, camino tambaleante, pero rápidamente hacia él y de un movimiento rápido, vatio sus brazo, con la intención de darle un zarpazo de sus garras. Gabriel, dio algunos pasos hacia tras, pero resbalo en la tierra humedecido y quedo mirando a su victimario acercarse y quedar encima de él.
- ¡NOOOOO…! – grito fuerte, mientras se cubría la cara. El monstruo se disponía a darle un zarpazo con sus garras  que de seguro lo destrozaría.
“Bang” se escucho, y luego un “urggg…”. Abrió los ojos y el Pokémon comenzó a tambalear, como mareado o malherido, desde su hombro emanaba un rio de sangre que le había sido producido por una bala que fue dispara desde atrás. Susan permanecía sobre una roca con un rifle, esta vez, apuntando a Gabriel.
- ¡quédate quieto!… ¡o tendré que disparate! – le grito.
Había quedado entre la espada y la pared. Por delante tenia aun furioso Pokémon que sin lugar a duda, recobraría el sentido y su dolor solo aumentaría su furia destructora y salvaje. Al otro lado tenia a una mujer que no dudaría en dispararle y que si se rendía e iba con ella, quien sabia que le ocurriría.
“ahora si que estoy perdido” pensó.
El terrible Ursaring pareció despertar de su locura momentánea, gracias a los lamentos y suplicas que su cría le  hiciera. La furia asesina se incremente y volvió a la carga de un caído y temeroso Gabriel, quien se levanto como pudo y corrió por unos segundo, pero termino en el suelo. El monstruo parecía por fin atrapar a su víctima.
“bang” y el mundo se volvió oscuridad. Sentía como su pecho apenas podía expandirse para respirar y empujando con todas sus fuerzas, movió lo que pudo de un peludo cuerpo inerte de Ursaring. Un disparo certero había atravesado su cabeza.
“vaya… que puntería” pensó, mientras la sangre del Pokémon emanaba por los orificios y escurría por el suelo hasta llegar al arroyo, manchándolo de tintes rojos y rosas que eran llevados por la corriente arroyo abajo. El pequeño Teddiursa se acerco a su inerte padre mientras emitía gemidos de llanto y llamadas, esperando que despertara de aquel sueño extraño y misterioso.
Gabriel se levanto y se alejo rápidamente de la triste escena. Por un momento, sintió algo de pena por lo que le había ocurrido a ese Pokémon.
- como dije Gabriel ¡no te muevas!… ¡o terminaras igual que ese Pokémon! ¡Ahora levanta las manos, arrodíllate y pon tus manos detras de tu un!… - pero no alcanzo a terminar la orden, cuando un furioso Stantler salió desde unos matorrales que habían detrás de ella e inicio una envestida directa contra la jefa.
Ella, apenas logro esquivarlo, votando el rifle que había cargado y con el cual le había dado muerte al Pokémon que ataco a Gabriel. El Stantler dio media vuelta y prosiguió con su envestida en contra de Susan, quien corrió hacia un árbol, y allí detrás de él, encontró un refugio momentáneo.
Gabriel, sin dudarlo un segundo, corrió como endemoniado. Dio un alto al cadáver del Pokémon Hibernarte, dejándolo atrás con su cría llorando y pidiendo que reaccionara. Sin lugar a duda esta podría ser su última oportunidad de ser salvado de una situación difícil.
Más adelante, el riachuelo se unía al rio principal que bordeaba las montañas. Había dado una gran U desde el campamento, pero por fortuna debía haber llegado lejos, lo suficiente como para alejarse de los refuerzos. Solo tenía que seguir y esperar que Susan y los demás se cansaran de seguirlos. Se adentro un poco en el bosque, esperando con eso, hacerles un poco más difícil el poder perseguirlo.  Hasta el momento no había escuchado ningún disparo.
“debe estar huyendo del Pokémon… espero que pueda retenerla por un buen tiempo”
Salto unos matorrales y en seguida vio los límites del bosque. Si podía zambullirse en el rio, y seguir la corriente, podría terminar huyendo y, tal vez, hacerles perder el rastro definitivamente.
“Bang” escucho desde atrás, muy cerca. Un proyectil había roto una rama que cayó al suelo y crujió a unos metros de distancia. Otro disparo se escucho y este lo sintió en la piel, un calor le prendió su mejilla, al mismo tiempo que una bala se incrustó profundamente en el árbol en que se estaba apoyando.
Una inconfundible voz le llego desde atrás, una voz firme y fuerte.
- ¡Gabriel, detente o disparo!
Susan parecía estar cansada y molesta. Tenía sus manos machadas con sangre y su rostro era la marca de una pelea a muerte. Desde atrás, saltando algunos matorrales, un grupo de soldados aparecieron. Habían estado corriendo detrás de él, y habían logrado superar los peligros que les habían aparecido en el trayecto, no sin algo de esfuerzo.
- ¡no quiero dispararte, Gabriel, pero si continuas… no me dejaras otra opción! – advirtió la jefa, quien a pesar de su cansancio, parecía estar decidida a cumplir con su deber, costara lo que costara.
En ese momento, Gabriel sintió como la suerte llegaba a su fin. El universo ya parecía no poder contar con recursos para ayudarlo, debía tomar una decisión. Rendirse o seguir. Ambas parecían ser lo mismo. Dio media vuelta y decidió enfrentar a su captora.
- ¡Haz lo que te plazca!… ¡dispárame ahora si quieres!… ¡pero yo no me detendré! – le respondió, sabiendo que posiblemente aquellas podrían ser sus últimas palabras.
Sin esperar que ella contestara, el giro y dio un paso para continuar, pero antes que pudiera dar otro más, una bala paso rozando su pierna y exploto en el suelo. Sus manos le temblaron y un ardor le nació en la pierna, la bala, había quemado su piel con su roce.
- ¡te dije que si escapabas!… ¡no tendría más remedio que matarte!… ¡realmente no quiero hacerlo, pero si no me dejas alternativa lo hare! – grito con una voz que parecía trasmitir un tono vibrante, casi de suplica.
Gabriel sintió que en su pecho ardía una llama. Un coraje le nació en el alma y se esparció por todas las fibras de su ser. Debía continuar, pero antes decidió responderle.
- ¡Hazlo, entonces!… ¡hazlo ahora que no te miro!… ¡por lo menos será más humano que “aquello”!
Con aquellas palabras, sintió que todo terminaría. Por alguna extraña razón se sintió más aliviado. Sin esperar más dio el siguiente paso.
 “Bang” escucho y un dolor intenso vino a su mente, el mundo se movía rápida y distorsionadamente. Cayó en el piso. “me disparo…” pensó y el dolor dio paso al silencio y a la nada.



Había trascurrido casi una hora desde que la jefa había tomado armas y se había internado con algunos solados en el bosque que rodeaba el campamento. Jonathan, quien había quedado al mando, permanecía sentado sobre el capó del autobús escolar, moviendo una pistola cual vaquero del viejo oeste hace demostración de su dominio de esta arma.
Max estaba sentado al volante, esperando el regreso de Susan, mientras Gisela, permanecía recostada en un par de asientos del vehículo.
“encontrare a Gabriel y lo traeré de regreso… tu Jonathan te quedas a cargo, en cuanto haya transcurrido una hora, tendrás que dejarme atrás y llevar el objeto hasta el cuartel, siguiendo la orden que recibimos… ¡Cumple la Misión!”
- ya casi es la hora… vamos jefa, aparece luego, no me gustaría dejarte abandonada aquí… vamos apúrate – decía en voz baja. Mientras miraban su reloj, esperando que el tiempo no trascurriera y que la hora señalada no llegara.
De repente, unos sonidos de ramas mecerse desde unos matorrales, anunciaban que su espera había terminado, justo 2 minutos antes que la hora terminara. Susan y 2 solados salieron caminando desde el bosque, los tres caminaba tambaleantemente. Jonathan, impresionado, al mismo tiempo que alegre por la visión,  salto del capó y corrió hacia ella.
Otros soldados aparecieron desde atrás. Uno de ellos traía cargando sobre su espalda a un inerte Gabriel.
- ¡no me ayudes!… no necesito tu ayuda, mejor ayúdanos a cargar a este civil – le respondió Susan, en cuanto Jonathan le ofreció su ayuda, al ver el estado en que ella se encontraba
- ¡¿lo mataste?! – le pregunto, en cuanto clavo sus ojos en Gabriel, quien parecía no tener signos de vida alguno.
- no está muerto… solo lo herí en una de sus piernas para que no escapara. Pero al parecer el golpe fue lo suficiente para que quedara inconsciente. Le hemos realizado algunas primeras curaciones y le extrajimos la bala, también le vendado la pierna para evitar que se desangrara.
Max y Gisela salieron al encuentro del grupo. Ayudaron a cargar a los soldados que estaban más cansados, la mayoría tenia marcas de lucha con los Stantler y quien sabe con qué otros Pokémon.
Jonathan cargo el cuerpo de Gabriel, y lo deposito en unos asientos que tenían atrás del autobús. Junto a este unos dos soldados se quedaron cuidando que el civil, ya no les ocasionara mas problemas, aunque al parecer no lo haría en un buen tiempo. Los demás se quedaron adelante, algunos recostados, otros sentados, pero casi todos durmieron en poco tiempo.
- ¡Max! ¡En cuanto llegues al cruce, vira hacia el oeste… tenemos que llegar a Nueva Edimburgo! – le ordeno la Jefa. Max miro a la jefa, quien tenía una mirada de absoluta decisión. Decidió no preguntarle el porqué del cambio de ruta, pero supuso que tarde o temprano lo sabría.
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Re:[FanFic] Apocalipsis Pokémon
« Respuesta #7 en: 12 de Septiembre de 2012, 03:08:10 am »
• Capítulo VI – Como un Perro

Por más que intentaba centrar la imagen, parecía que esta se daba vueltas y se movía constantemente. Se sentía mareado, que la cabeza le daba vueltas, como en aquella ocasión cuando un Gengar casi le quito la vida. Sus ojos parecían no poder enfocar adecuadamente y se sintió algo liviano, como flotando.
Allí recostado, miro a ambos lados y contempló el respaldo de los asientos, el de donde estaba y el de más adelante. Miro detenidamente y algún garabato y dibujo obsceno aparecía en el espaldar de aquel asiento, algo gastado y deteriorado por los que con anterioridad habrían usado aquel vehículo. Decidió levantarse y como pudo alzo la cabeza para contemplar mejor lo que ocurría. Sinceramente no sabía si estaba vivo o muerto.
- si este es el otro mundo… creo que es muy parecido al anterior – dijo al tiempo que sus manos perdían la fuerza. Lo más rápido que pudo se sentó apoyando el hombro en la pared.  Un viento artificial mecía sus cabellos, haciéndole recuperar en parte el sentido, desde una ventana sin cristal que miraba hacia una basta extensión de colinas y arboles. Aquello era refrescante.
- ¡Señor! ¡Ha despertado! – dijo una voz desde otro lado.
A los pocos segundo, una figura medio borrosa,  se acerco y se sentó en el asiento de adelante. Desde allí poso su cabeza en el respaldo y sus manos parecían sostener su cabeza que se mecía suavemente con el movimiento del autobús. Tenía una sonrisa de felicidad.
- vaya… vaya. Veo que el bello durmiente por fin despertó – le dijo Susan quien tenía su mirada puesta sobre los ojos de Gabriel, ojo somnolientos no por la falta de sueño, sino por la falta de energía, parecían perderse fácilmente - Nos ocasionaste varios problemas allá en el bosque, pero no te preocupes… ya me he cobrado mi venganza por ellos…– Susan extendió su mano y todo su pierna izquierda, no supo que fue pero una electricidad recorrió su cuerpo y le llego a la cabeza haciendo que casi le explotara. Era un fuerte dolor que le despejo la cabeza de un golpe y todo lo que antes parecía ser borroso y tambaleante, ahora era claro y nítido.
“¡¡¡Ahhhhhh!!!…” un fuerte grito dejo escapar sin siquiera pensarlo. Susan había tocado la herida vendada que aun estaba muy viva y reciente. El dolor era como si le estuvieran abriendo la carne con un cuchillo oxidado, o eso le vino a la mente, una vez que Susan dejo de molestarle la herida y el dolor comenzó a menguar.
- Como veras… mi venganza fue certera y efectiva. Supongo que con esa pierna herida, no podrás escapar. Pero de todas formas igual te tendré como mi perro, para evitar que vuelva a ocurrir otro escape… - le dijo. Ella le indico usando su mano, que se viera el cuello, a lo que Gabriel no entendió al principio.
Gabriel, medio dudoso, se llevo la mano a la garganta y noto que tenía algo duro que le rodeaba el cuello. Era algo casposo y metálico, lo suficientemente grueso para que ni él pudiera romperlo, pero tampoco demasiado, como para pesar algo, de hecho el no lo había notado hasta ese momento.
- ¿Qué… qué es esto? ¡Quítamelo! ¡Quítamelo! – pregunto ante la obviedad de la respuesta, pero igual en muchas ocasiones las personas preguntas cosas obvias y Gabriel no fue la excepción.
- ese es un collar, uno muy especial. Se llaman Collares Pokémon y sirven para controlar a algunos Pokémon salvajes. Pero en este caso servirá para controlarte a ti.
- ¿Qué?
- veras, el collar trasmite una señal que es registrada en este control – Susan metió la mano detrás del asiento y luego saco un aparato que tenía una pantalla, allí en el medio había un punto rojo titilante que supuso quera el – lo mejor, es que si el Pokémon se vuelve violento o ejercer alguna acción peligrosa hacia algún humano… podemos activar con este botón, una descarga eléctrica que lo inmovilizara unos minutos.
- osea… si me escapo otra vez…
- correcto, sabremos donde estas y activare el botón, el cual hará que el collar emita una descarga para polarizarte… ¿vas entendiendo lo que te digo?
Gabriel de inmediato, con las fuerzas que tenía en ese momento, intento jalarlo y abrirlo, pero le era inútil, no podía quitárselo. Parcia ser muy, pero muy resistente.
- lo recomendable es que tampoco le causas daño al aparato, ya que si esto pasa… este emite una descarga en cuanto siente que es abierto forzosamente. La única forma de sacarlo es incrasando el código en una llave maestra, la que por si acaso no sabes, se encuentra en el Cuartel General de la Resistencia.
Ambos se quedaron mirando el uno al otro. Ella tenía una mirada de superioridad, una mirada de saber que se tiene todas las cartas y “el sartén por el mango”. El otro tenía una mirada de resistencia, que en uno segundo pasó a ser de rendición total. La idea de fugarse y evadir la brutalidad de aquel mundo se había esfumado, se sentía como oveja que va hacia el matadero, sin posibilidad alguna de escape. Sin esperanza.
- está bien… después de todo no tengo alternativa ¿verdad?... – le dijo un derrotado Gabriel, cuyo rostro callo en las sombras de la ignorancia del porvenir -  pero prométeme que no me harán sufrir demasiado, está bien.
- te lo prometo… además, sobre eso… ¿qué piensas que te sucederá en el cuartel?... dijiste en el bosque que matarte seria mas humanitario que “eso”… ¿a qué te referías?
- bueno… ya sabes… a esos métodos que usan para hacer hablar a los traidores… esos que eran denunciados por DD.HH. por los de las cárceles de Guantánamo y eso… y los que aparecían en la películas, esas de guerra.
- mmm… no recuerdo haberte hecho mención de que usáramos esos métodos. ¿De dónde sacaste esa información? ¿De las películas o solo fue imaginación tuya?
- bueno… siempre tenía sospechas… supongo que porque antes, tal vez, veía muchas películas… Pero en cuanto el señor Alcalde me dijo que sabía de casos reales, mis sospechas se hicieron realidad… ¿o acaso ustedes no usan esos métodos?
La jefa había cambiado de actitud. Su mirada era vacía, parecía perdida en algún lugar de su mente. Aquello preocupo un poco a Gabriel, quien de inmediato movió sus manos en frente de la jefa, esperando que reaccionara.
- estoy bien… solo que estaba pensando. Pues claro que no usamos esa clase de cosas… además me preocupa aquella mentira… supongo que pronto lo sabremos – termino diciendo, mas como una conclusión para sí, que algo dirigido a Gabriel.
Afuera el paisaje había cambiado, era diferente. El sol estaba caído ya en el cielo y se disponía a entrar en el horizonte poniente. El cielo era de tonos más rojos y la tierra parecía un paramo desolado, no habían casas ni automóviles abandonados, ni señal de lucha. Aquellas tierras eran muy diferentes a la de la costa, cruzando las viejas montañas en dirección al este.
A lo lejos eran apreciables algunas torres elevadas. Eran del tendido eléctrico, altas y grandes torres que en antaño habían trasportado energía eléctrica desde el norte hasta el centro del país, nutriéndose de una red que llegaba a la costa y se extendía hasta donde la vista no alcanzaba a llegar.
El cielo se tiño de rojo, mientras el sol dorado se mostraba en gloria y majestad, justo antes de su muerte.
- al parecer no llegaremos antes del anochecer a Nueva Edimburgo, jefa – le dijo Max, quien mantenía sus manos firmes tras el volante.
- bien… entonces tendremos que descansar en algún sitio… ¿pero en donde?
Un soldado que permanecía cerca de la jefa, y que escucho el dilema, se le acerco para ayudar.
- señor… creo que a un kilometro y medio más adelantes, están las instalaciones de un regimiento abandonado. Podríamos usarlo como refugio por la noche…
Efectivamente, un letrero que aun permanecía en pie, indicaba que un regimiento militar se encontraba a unos 2 kilómetros, siguiendo un camino de tierra que se desprendía desde la ruta principal, hacia el norte. Unos minutos se saltos y baches de un camino algo pedregoso, fueron necesarios antes de llegar a la entrada del abandonado militar. Las rejas eléctricas aun funcionaban por lo que era difícil que los Pokémon rastreros pudieran entrar allí adentro.
“bang, bang”. Disparos de una pistola fueron necesarios para romper los candados que mantenían el portón de alambrada cerrado. La única alambrada que no tenía electricidad.
En cuanto abrieron las puertas, el autobús escolar entro lentamente. Adentro, la jefa y algunos soldados cerraron la entrada y con pasa-corrientes, conectaron las puertas y las rejas, dejando electrificado todo el perímetro que rodeaba el fuerte.
- ahora si… ni siquiera esos monstruos podrán pasar adentro… por lo menos si lo intentan solitariamente – dijo el mismo soldado que anteriormente había indicado aquel lugar.
Polvo, hojas y algo de desorden eran lo único que había en aquel lugar, también permanecían dispersos como constelaciones, los excrementos de algunas aves, y también porque no, de algún Pokémon volador, que llegaron a anidar o a comer en aquel lugar. Había unas camionetas y un tanque que permanecían en la bodega principal, pero según se pudo constatar, no tenían combustible y sus baterías debían estas completamente descargadas.
Las dependencias y los departamentos, estaban cerrados con gruesos candados, los que con balazos fueron abiertos y permitieron la entrada de los primero humanos en mucho tiempo.
- hace como un año que este y toros fuertes fueron abandonados por el ejército. La mayoría se concentro en las ciudades militares, como Nueva Edimburgo… donde se construyeron grandes murallas protectoras…
Gabriel se quedo mirando un momento aquel lugar que había albergado a tantos humanos en tiempos diferentes. Cuanto había sido el cambio, el no lo sabía, pero lo imaginaba.
A Gabriel le dio una habitación solo, pero por orden de la jefa esta seria vigilada por un soldado que se turnaría cada 2 horas. Gracias a una muleta de aluminio, logro desplazarse hasta llegar a lo que sería su cama durante aquella noche.
- bien… ahora que todos están distribuidos, pues dejaré un soldado a cargo para que vigile que no escapes… además ya sabes que sabré donde estas – le dijo Susan mostrándole el monitor donde salía su ubicación. Gabriel se sintió algo molesto, ya que parecía como si él fuera el pero rufián del mundo.
- solo falta que pongas algunas cámaras de vigilancia.
- tal vez lo haga.
Sin tomar mayor importancia en ese asunto Gabriel, se recostó un momento en su cama y dejo que la jefa y su guardia se marcharan. La habitación tenía una única ventana con gruesos barrotes puestos desde afuera a modo de prisión o calabozo de una estación de policía. Los muros de la misma parecían gruesos y muy firmes, capaces de otorgar seguridad a quien estuviera morando sus interiores. La puerta, la única salida, era de metal, pintada de blanco.
- uffff… bueno, por lo menos ahora podre descansar un rato – se dijo, mientras extendía sus miembros en aquella no tan cómoda cama. No tardo en sentir los efectos del sueño, sus parpados comenzaban a cerrarse y su conciencia se perdía en la sombras de nocturnas de aquella noche.
“Mira… es comida” escucho que le decían. Era oscuro y quiso abrir los ojos para ver luz. Despertó del sueño. Al parecer las voces no venían de su cabeza, ya que ahora despierto las podía escuchar.
Aquellas voces le recordaron aquellas que escucho en el bosque, eran menos chillonas que aquellas, pero tenían algo de similitud, en la forma de hablar, su acento.
Gabriel como pudo se levanto, su perna lastimada, le dolía, pero prefirió guardar el grito de dolor hacia sus interiores para no despertar a nadie. Se tapo la boca y camino lenta y pausadamente hacia la ventana. ¿Quiénes podían ser los que hablaban?
“que delicioso…”
“Si está muy rico… mira que será eso”
Decían las voces. Gabriel llego a la ventana e intentando sacar la cabeza los que más podía, para poder miraba hasta los bordes del muro, a ver quienes podían ser los que hablaban tanto a esas alturas de la noche.
“cuidado… nos están viendo”
Dijeron las voces y de inmediato se escucho como algunas ramas y arbustos de quebraban y movían, y unos pasos sigilosos desaparecieron el silencio de la noche. El quedo muy intrigado. ¿Quiénes eran aquellas voces que escuchaba?
Después de no ver nada, Gabriel regreso a su cama y se sentó. Se quedo pensando unos minutos en aquellas voces. Entonces el sonido un poco oxidado de la manija de la puerta lo despertó de la concentración. La puerta se abrió y un soldado que parecía estar luchando con el cansancio y la orden de la vigilancia, entro.
- ¿ocurre algo señor? - Le pregunto mientras se acercaba a la ventana y veía si los barrotes eran resistentes.
- no… nada… es que solo había escuchado una voces afuera… y… y pensé que podrían ser algunos de ustedes que estaban fumando o comiendo algo.
- ¿voces?... pues yo no oigo nada… además todos están durmiendo… por favor, haga lo mismo usted.
Una vez comprobado la firmeza de los barrotes, el soldado salió de la habitación y cerró la puerta. A Gabriel no le importo mucho la intromisión a su cuarto, solo le llamaba la atención aquellas voces que habían desaparecido. Se recostó nuevamente y esta vez cayó rápidamente en el sueño.
A la mañana se levanto adolorido. Aun su pierna estaba muy mal, e hinchada, y la cama le había ocasionado algunos malestares de espalda. Afuera de la habitación, había otro soldado que permanecía vigilante de todos sus movimientos. Le pregunto por los demás, a lo que le contesto que habían ido al casino para comer un desayuno antes de marcharse del lugar.
 - ¿en verdad que no escucharon nada anoche? – les pregunto a unos desconcertados miembros de grupo, que parecían haber pasado una mala noche igual que el.
El desayuno que estaban consumiendo era eran tan solo un pan y unas leches saboreadas de esas que se venden en cajas pequeñas. Parecía de esas meriendas pobres que se dan en excursiones, solo que aquí falto la manzana.

- definitivamente estás oyendo voces… ninguno de nosotros escucho nada. Además nadie puede ingresar al recinto…
Gabriel no quedo satisfecho con aquella respuesta. Pero no parecía tampoco tener una propia. Su collar le picaba un poco y rascándoselo, una descarga electrostática le erizo los pelos del cuerpo.
Después de lavarse y desayunar, el grupo partió temprano hacia su nuevo objetivo. Como Susan lo había previsto, las altas murallas de la ciudad militarizada fueron visibles a 2 horas más de viaje. Adentro, algunos altos edificios brillaban con la luz del sol matinal.
Gabriel, mirando aquellas murallas, tuvo un mal presentimiento.
« Última modificación: 24 de Septiembre de 2012, 05:29:11 pm por DARKRAIKOU »
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Re:[FanFic] Apocalipsis Pokémon
« Respuesta #8 en: 13 de Septiembre de 2012, 12:24:33 am »
• Capítulo VII – Olvido y Vergüenza

Los primeros rayos del sol, llenaron la atmosfera de una corona radiante, cual señor se alza sobre la tierra después de resucitar de la muerte. El magno sol le recordaba el viejo mito del dios Ra, el brillante que vencía a la oscuridad con cada nuevo amanecer.
A lo lejos, mirando el oeste, un muro gris brillante, casi blanco por los primeros rayos de la mañana, se alzaba de la tierra hasta una altura de unos 15 metros. Autos oxidados, chatarra indeseada y construcciones derrumbadas por el tiempo y las luchas desarrolladas rodeaban aquellos muros que se alzaban imponentes desde un basural que los hombres o las bestias habían hecho.
Gabriel saco la cabeza y miro desde la ventana aquella imponente construcción, mientras los rascacielos y edificios altos de la ciudad sobresalían a la altura de aquel muro, el resto permanecía en el misterio, detrás de aquellas construcciones. ¿Qué clase de ciudad era Nueva Edimburgo? Sin importar lo que le deparara, aquello era una vista impresionante.
Una ciudad completa, una metrópolis de antaño, rodeada de dos murallas de concreto y acero que había quedado bajo el dominio de las fuerzas armadas de aquel país, tiempo después de la invasión de los Pokémon. Era impresionante y al mismo tiempo, aterrador.
Un anuncio de carretera, rodeado de arbustos, que había sobrevivido a la inclemencia de la guerra y los elementos, había sido pintado y en él se había escrito un mensaje de advertencia que claramente solo los humanos podían entender. “Cuidado con las minas. Bienvenidos a Nueva Edimburgo” mostrando al lado un dibujo de una explosión y una carabera.
- Bien… detente aquí – le ordeno la jefa a Max. Quien presiono el freno y el autobús se sacudió violentamente. Gabriel se golpeo la frente con el respaldo del asiento de adelante y un fuerte dolor le indico que pronto un moretón saldría.
- podrían avisar antes… - dijo, mientras se sobaba la piel, donde había sido lastimada. Su pierna por lo demás se seguía molestando, pero parecía que el dolor poco a poco iba pasando. Además se había acostumbrado rápidamente a caminar con muleta.
Susan bajo de autobús y camino había el letrero rodeado de arbusto. Allí, removió algunas ramas y vegetación y revelo una pequeña caja de servicio aun intacta que contenía en su interior un teléfono.
No supo que fue lo que hablo, ya que estaba algo lejos y hablaba en voz baja, tampoco supo con quien hablaba, pero lo que si supo es que la conversación no demoro más de 1 minuto. Luego de terminar, la jefa corto, cerro la caja y puso las ramas y arbustos como había estado antes. A lo lejos, una bengala fue lanzada desde los muros protectores y en el camino, fueron visibles dos manchas negras que se acercaban a toda velocidad hacia ellos, Gabriel los quedo mirando detenidamente hasta que pudo ver que eran dos motociclistas vestidos de negro.
Junto a la jefa, se le unió Jonathan, quienes esperaron paciente y serenamente a los conductores que se dirigían a su encuentro. No tardaron mucho y en frente de ellos dos patrullas negras de las fuerzas armadas se detuvieron y prestaron saludos.
- ¡buenos días señor! – Se dirigió a la jefa, uno de los soldados, mientras el otro saludaba de igual manera - ¡nuestro superior nos ordenó escoltarlos hasta la entrada de la ciudad, señor! ¡Cómo indica el protocolo!
Con un simple “está bien”, Susan acepto sin más. Ella y Jonathan subieron nuevamente al autobús y juntos a los escoltas enfilaron rumbo hacia la entrada de la gran ciudad. En el trayecto, Gabriel logro observar que a medida que se acercaban a la muralla los escombros comenzaban a ser cada vez más abundantes.
En efecto, aquel basural, fue alguna vez las casas que circunvalaban la metrópolis y que ahora, por el tiempo, la guerra y la basura, se habían convertido en un triste espectáculo de la civilización. La gran muralla fue levantada en medio de una calle abandonada y llena de chatarra y elementos de construcción que alguna vez tuvieron un fin diferente.
- vaya… cuanta destrucción… – dijo Gabriel, mientras se acercaba a los imponentes muros que rodeaban la ciudad, como una fortaleza.
Los soldados de las motocicletas, hicieron una seña, y desde lo alto, los guardias llamaron a los encargados de abrir las puertas, las cuales eran dos estructuras grandes de acero de unos 5 metros de alto,  que mientras se habrían, revelaban un groso de unos 30 centímetros. Estas mismas rechinaron un poco la inmensa presión que significaban mover su peso y por una leve falta de aceite que tenía su mecanismo.
Abiertas, Gabriel pudo ver la notable diferencia entre una ciudad militar como Nueva Edimburgo y otra como Levante. Allí, esperándolos, no se encontraba un campamento de tiendas y objetos algo desordenados. Era una construcción a aparte, una instalación especializada en la defensa y en la protección de la entrada de la ciudad. Aquellas instalaciones estaban construidas entre el primer y el segundo muro y servían como una especie de túnel, para la comunicación entre ambas, entre el exterior del mundo y el interior de la ciudad.
Adentro, un grupo de soldados los hiso detenerse y de una forma poco amable les ordenaron bajar del vehículo. Tenían caras de pocos amigos, caras serias y que indicaban que para ellos, los que estaban en el vehículo eran casi delincuentes. Por primera vez, Gabriel deseo estar con el grupo de Susan, que en un grupo como el de aquellos soldados.
- ¡bien revisen el autobús!… ¡no dejen nada sin vigilar! – les indico un soldado que tenía algún cargo superior, a lo que los soldados rasos simplemente acataron sus órdenes. Algunos subieron adentro del vehículo, mientras los demás inspeccionaban desde afuera. Cada centímetro fue investigado, cada milímetro era revisado minuciosamente, hasta el motor y los compartimientos, las ruedas  y hasta el panel de control fueron desmantelados y analizados a profundidad.
A los miembros del grupo los separaron de acuerdo a la procedencia que tenían. Los soldados que habían acompañado a Susan y a los demás, fueron llevados a unas instalaciones diferentes que el resto del grupo. Ellos eran soldados del ejército local, por lo que serian tratados de manera diferente a los miembros de la resistencia.
Gabriel y los demás, estuvieron esperando como unos 5 minutos, sentados frente de una oficina la que tenía en su puerta el nombre de “Capitan Raimundo Viza”. De todos los allí presentes, Susan y Gabriel era los únicos que portaba algo distinto de su ropa. El llevaba consigo su muleta, mientras que ella portaba el misterioso maletín, cuyo contenido había sido encontrado en aquella ciudad, donde los Golem casi los habían alcanzado. “¿qué será lo que tiene dentro…?” pensó Gabriel, mientras contemplaba el objeto entre las delgadas y firmes manos de la jefa del R7.
La perilla de la puerta se movió y desde su interior fue posible ver a un hombre vestido con traje militar verde oliva y una gorra. Su piel era morena, oscura y sus ojos más negros y severos que los de sus subordinados que inspeccionaban el autobús. Su traje tenía algunas medallas condecorarías y sobre su pecho derecho, su nombre.
- bien… parece que tenemos nuevas visitas, y en tan poco tiempo – dijo el sujeto a modo de sarcasmo, mezclado con algo de repulsión – bien, el protocolo es el mismo para todos los que llegan hasta Nueva Edimburgo, todos serán revisados y se les aplicara una entrevista. De estas dependerán si se les permite la entrada a la ciudad o no.
El sujeto chasqueo los dedos y cuatro soldados, llegaron de inmediato. Estos, más amables que los anteriores, pero con la misma seriedad, les indicaron por donde debían ir, para cumplir con el protocolo. El grupo fue separado en dos, Susan y Gisela, fueron conducidas a una habitación diferente de donde fueron conducidos Jonathan, Max y Gabriel.
Allí adentro, les aguardaba una maquina detectora de metal y luego una maquina de escáner, controladas por una grupo de 7 soldados, la mayoría servían en caso de problemas. Todos debían deshacerse de los objetos de metal, incluido la muleta. Fue allí cuando Gabriel sintió un nudo en la garganta la ver aquella situación.
- ¡señor! ¡Este hombre tiene un collar!... ¡la máquina no lo dejara pasar! – indico un soldado que detuvo a Gabriel antes que pudiera pasar por la primera máquina. Todos los ojos se depositaron en él, mientras un rubor le sonrojaba la cara.
- ¡puedes quitártelo! – le pregunto el soldado, con voz de orden entremezclada, a lo que Gabriel contesto que le era imposible. El soldado pareció no creer mucho y sin esperar algún consejo de los demás, procedió a forcejar con el aparato a ver si se lo podía quietar a la fuerza. Lo único que conseguía con eso era asfixiar al pobre Gabriel.
- deje de hacer eso soldado – le dijo Jonathan, quien regreso y, forcejeando con el soldado, le quito las manos del collar. Gabriel tosió y luego inhalo algo de aire después de sentirse sofocado.
- no se lo puede sacar… ese collar es un Collar de Control para Pokémon. Una vez puesto, no se quita a menos que lleguemos al Cuartel General de la Resistencia, donde es posible desprenderlo.
- ¿pero porque tiene un aparato así un civil?… ¿acaso lo confundieron con un Pokémon?
- lo que pasa es que él intento escapar y debido a su extraña aparecieron, nuestra líder tiene sospechas sobre él… el collar nos permite rastrearlo y detenerlo si llegara otra vez a intentar escapar.
El soldado encargado de la situación, pareció comprender y le dio una mirada poco amable a Gabriel, quien se sintió algo molesto por las palabras de Jonathan.
- bien… si es así, deberemos usar el método antiguo… soldado, lleve a este civil al cuarto privado y espéreme allí.
Un jalón fuerte lo arrastro, sacándolo de la habitación. El soldado escolto a Gabriel la última puerta que había en el corredor. Era un cuarto blanco, pequeño y con una mesa, no parecía tener ventilación alguna, ni cámaras de vigilancia, lo único que tenía era un espejo atrás que le permitió ver el reflejo de un joven demacrado por las historias vividas hasta ese momento.
Allí adentro, el soldado le ordeno desprenderse de toda la ropa que llevaba puesto. Gabriel sintió que el mundo se le daba vuelta.
- ¡¿Qué me quiete la ropa?!... ¡¿TODA la ropa?! – pregunto con miedo y temor, a lo que el soldado contesto con una afirmación de cabeza.
 Miro sus manos y luego su ropa, no se imagino quitársela delante de otra persona y un miedo le inundo el corazón. No quería hacerlo, eso le era claro.
- ¡esta locos!… ¡claro que no me la quietare!
La puerta se abrió y el mismo soldado que había estado a cargo del detector y el escáner, apareció. Tenía un detector de metales manual. Al ver que el civil no había cumplido la orden, le dijo que nada sucedería, que aquella situación era parte de la rutina que debía cumplirse para los casos en que alguna persona tuviera alguna prótesis metálica u objetos de metal.
Gabriel se calmo un poco y luego de recibir algunas indicaciones para no pasar más vergüenza, comenzó a desprenderse de la ropa que llevaba puesto. No recordaba haber vivido alguna situación así antes, pero supuso que si alguna vez había hecho el servicio militar, debía haberle pasado lo mismo. Al final se quedo desnudo enfrente de la mesa con su ropa, y tapándose como podía. Parecía una estatua inamovible por el miedo y el pudor.
El soldado comenzó a pasar el detecto a varios centímetros de la piel, y luego de revisarlo, le dijo que estaba libre, salvo por el collar que tenia puesto.
- bueno… viste que no fue tan difícil, ahora te dejaremos solo por 5 minutos, para que te vistas y puedas seguir con la entrevista. ¿Está bien?
En cuanto lo dejaron solo, Gabriel tomo su ropa interior y como pudo se la puso. Con ella se sentía más seguro. Después de vestirse nuevamente, salió cojeando con la muleta y fue llevado por el soldado que lo condujo, hasta una nueva habitación. Cuando abrió la puerta, una oscuridad infinita dejo verse y en medio de ella, una lámpara encendida sobre una mesa. Una figura informe parecía estar sentada del oro lado, mostrando leves atisbos de una humanidad apenas existente, detrás de un delantal blanco.
Se acerco lentamente a la mesa. Dejo la muleta de lado y se sentó en la silla que había allí. Por su similitud, aquello le recordó aquellas películas de detectives donde interrogan a los sospechosos solo con una luz, en medio de las penumbras.
El sujeto no espero demasiado y de inmediato procedió con la entrevista, preguntando por su nombre.
- me llamo Gabriel… pero no recuerdo cual era mi apellido, señor.
- bien Gabriel… ¿de dónde eres o en qué fecha naciste? Veo por tu apariencia que no eres nacional, sino extranjero.
- bueno eso tampoco lo sé, señor… no recuerdo nada de nada.
- entonces no sabes quién eres o de dónde vienes ¿desde donde recuerdas?
- solo recuerdo desde que la jefa me encontró en la ciudad… pero antes nada.
- bien… ¿a qué has venido a Nueva Edimburgo? ¿Cuál es tu propósito aquí?
- yo… la verdad… no tengo un propósito, solo sigo a ese grupo porque me pusieron esto (les indico con su mano el collar)… y la única forma de quitármelo es viajando con ellos… no tengo nada que hacer aquí – a esas alturas, Gabriel se sentía tan incomodo, como cuando se tuvo que quitar la ropa, o tal vez mas. Solo quería que aquello terminara pronto.
En sujeto, meneo la cabeza un momento, dirigiendo su mirada a la muleta que había dejado cerca. Parecía que iba a formular una nueva pregunta, pero justo en ese momento la puerta se abrió nuevamente. Era Susan quien entraba cargando el maletín.
- yo fui quien le disparo en la pierna, si se pregunta, doctor…- dijo la jefa.
- señorita… aquí no se permiten a otra persona más que el entrevistado, por favor tenga la amabilidad de salir.
- lo siento doctor, pero la entrevista se acabo ahora, no tengo tiempo que perder aquí, mis subordinados ya pasaron todos los controles necesarios.
- señorita… aquí quien manda, y dice si se acabo esto, soy yo y usted…
- parece que no entiende doctor… soy un comandante de la Resistencia Unida. Tengo mayor autoridad que usted en cualquier forma posible ¡Me hice entender! Además… no conseguirá nada con este sujeto, el sufre de un cuadro de amnesia, no recuerda nada de su pasado…
El doctor se quedo mirando un buen rato el cuerpo de la jefa, sus piernas y su rostro. Se quedo mirándola fijamente a los ojos, como esperando ver un momento de debilidad. Pero el rostro de ella denotaba una natural superioridad. Gabriel sintió como ambas llamas de enfrentaban una a la otra, en un juego de poder donde la voluntad mas férrea habría de ganar, pero era clara la diferencia entre ambos. Era como si la llama de una chimenea se enfrentara a las abrasadoras e infernales llamas de un incendio que rodeaban a Susan.
- está bien… puede llevárselo, comandante – le dijo al final un vencido doctor. Más justo antes de que ellos dos se marcharan alzo la vista nuevamente y les dijo que debían al final hablar con el general que comandaba la ciudad.
- no se preocupe doctor, eso mismo esperaba poder hacer.
En ese momento, Gabriel sintió algo diferente hacia Susan. Ya no le parecía tan mala o tan severa como le había parecido desde que la conoció. Mirándola desde atrás, con su cabello meciéndose de un lado a otro, sintió algo diferente hacia ella, como si una parte el odio que le había tenido hubiera desparecido, y fuera remplazado por algo muy diferente.
- Je... Jefa yo quería darle las gracias por haberme ayudado allí adentro – le dijo con algo de esfuerzo, no producto del odio, sino de algo de vergüenza.
Ella dio vuelta la cabeza y le miro detenidamente. En frente de ella contemplo a un sonrojado Gabriel, quien alejo sus ojos de su mirada, mientras sus manos no parecían estar quietas.
- no me agradezcas… el tipo se estaba pasando de listo. Nos estaba reteniendo mucho más tiempo del que debía y eso no lo puedo tolerar – le dijo seriamente. Una risa contenida, fue lo que dejo escapar - … además, no había visto tan buen espectáculo desde que les ordenaba a mis subordinados quitarse la ropa para las inspecciones… ja, ja, ja…
De inmediato Gabriel sintió un escalofrió recorrer todo su cuerpo.
- ¡¿Viste eso?! … ¡¿pero cómo?! ¡¿si no había más que murallas?! - pregunto con gran vergüenza, e ingenuidad.
- claro que lo vi todo – le respondo mientras seguía algo riendo – el espejo… por detrás nos permite ver lo que ocurre, por delante parece un espejo común… pero no te pongas tan nervioso, he visto a muchos hombres desnudos… y aunque no eres un soldado… no estabas tan mal.
No supo si aquellas últimas palabras fueron para aliviarlo o ponerlo más nervioso, pero Susan siguió su camino y Gabriel, tuvo que seguirla. Tenía vergüenza por lo que la jefa hubiera visto, aun cuando el intento por completo tapar algunas zonas privadas de su cuerpo. “me habrá visto…” pensó.
Cuando salieron de las instalaciones, el autobús escolar los esperaba, junto con el grupo.
- creo que es hora de continuar… no lo creen.
- a la orden jefa – le respondió Max, quien de un golpe puso el pie en el acelerador y el vehículo se puso en movimiento.
Cruzando el túnel que eran aquellas instalaciones de guardia, llegaron a la segunda puerta, de la segunda muralla. Estas comenzaron a rechinar mientras poco a poco se iban abriendo. Gabriel se quedo adelante, muy cerca de donde estaba sentada Susan y los demás. Esperaba que no les contara nada a los otros del vergonzoso espectáculo que había visto.
- ¿qué es lo que me pasa? – se dijo. Mientras contemplaba su rostro y como este, más relajado conversaba con Gisela y los demás, de cosas que él no entendía porque no prestaba suficiente atención. Solo veía su rostro, iluminarse por las luces y los brillos. Al mismo tiempo recordaba el balazo en la pierna y el “regalo” del collar.
Susan dio media vuelta, como intuyendo que Gabriel la miraba, y casi como si le leyera la mente le regalo una veloz y rápida sonrisa. El sintió una vergüenza inmensa y aparto su mirada.
« Última modificación: 24 de Septiembre de 2012, 05:29:34 pm por DARKRAIKOU »
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Re:[FanFic] Apocalipsis Pokémon
« Respuesta #9 en: 21 de Septiembre de 2012, 11:01:10 pm »
• Capítulo VIII – Nueva Edimburgo

En aquel lugar se respiraba un aire diferente. Más duro y estricto. Podríamos decir que el aire apestaba, pero no a humedad, tampoco a algo hediondo o fétido, sino mas bien a rigor y disciplina.
Gabriel, caminando algo más rápido y acostumbrado a su muleta,  se sentó en la cama del cuarto que le habían asignado. Aparte de la cama, la habitación contaba con un velador y un armario de madera. También tenía un baño propio y personal para el inquilino. Unas hermosas cortinas rosas y floradas pendían abiertas de par en par desde el riel superior de la ventana, era la mejor habitación que lograba recordar, la mejor.
Afuera, la mañana mostraba un sutil tono celeste. En los horizontes había pompones de nubes grisáceas y oscuras que cubrían el firmamento lejano, amenazando la calidez de un sol radiante y victorioso. Gabriel espero que aquel día continuara así y que las amenazantes nubes pasaran y volaran lejos del techo azul.
Allí en la cama, se quedo pensando en la nada, solo sentado, por unos momentos mientras se adaptaba a la situación que se le presentaba.
Con anterioridad, habían recorrido las calles de Nueva Edimburgo, desde la entrada de la segunda muralla hasta pasar por algunas calles y casas en dirección al centro. En todo momento, los motociclistas negros del ejército los escoltaron y guiaron hacia algunas calles hacia el norte del centro del centro de la metrópolis, donde un edificio alto de unos 10 pisos de alto, rodeado de algunos otros más altos que él, se alzaban desde el cemento y la tierra. “H_tel Co_rt__ar_” era el nombre del edificio, o por lo menos las letras que aun quedaban.
En el salón de recepción, un soldado que hacía las veces de conserje y cuidador, los recibió y a cada uno le asigno una habitación diferente, con su llave y su número. Aunque había tres ascensores, solo 1 de ellos funcionaba y las escaleras parecían ser el medio más rápido en caso de alguna emergencia.
“Nghhhh…” Era el sonido que le saco un poco de los pensamientos. Era el sonido de dos cámaras de seguridad que habían sido instaladas en el cuarto de Gabriel, cada una puesta en esquinas contrarias, lo que les permitían entre ambas contemplarlo todo. Se pregunto si aquello sucedía en todas las habitaciones, pero no quiso preguntar a los demás. Tal vez tenían problemas propios que resolver. A Gabriel, le correspondió el  5to piso, el más alto en el grupo. Su cuarto era la habitación 85.
Allí adentro, no fue mucho lo que se le ocurrió que podía, hacer, más que el reconocer lo que sería su habitación. Aburrido, salió del curto y tomando el ascensor, descendió al primer piso de recepción. Mientras decencia por el ascensor, algunos pensamientos de hacia solo unas horas comenzaron a inundarle la cabeza. Recordó aquel momento incomodo en el cuarto aparentemente seguro y también la entrevista, que por su forma tétrica, parecía más bien un interrogatorio. Pero por sobre todos aquellos recuerdos rápidos, habían una imagen que les confundía mas y le llenaban de angustia el corazón.
“su sonrisa… era linda…” pensó al momento que el ascensor se detenía el primer piso.
“bien… como nos indicaron, estas serán nuestras dependencias temporales… yo saldré un momento. Tengo que pedir una audiencia con el General que gobierna la ciudad…” fueron sus palabras antes de marcharse. Susan no había regresado desde hacia varios minutos y el natural aburrimiento de la situación comenzó a acongojar, no solo a Gabriel, sino también al resto. En la gran sala de espera, los chicos habían estado esperando en unos sofás muy cómodos que tenían allí. Había un televisor de plasma, pero nadie lo había encendido, estaban allí solo esperando.
Había algo en sus miradas, parecían estar algo preocupados por aquella mujer que les hacía falta. De inmediato saltaron sentimientos de preocupación en la mente de Gabriel, los cuales quiso acabar de inmediato, ahogarlos y esconderlos en lo más profundo. “¿Qué me pasa?” pensó Gabriel mientras caminaba como podía hacia el grupo que parecía hablar poco y sin mucho ánimo.
- me parece excelente idea… salgamos un rato, después de todo, con lo de la burocracia, no creo que la Jefa pueda ver al General fácilmente – le respondió Gisela, algo mas enérgica ante la idea, casi a modo de llamado general para el resto del grupo, a la idea de salir un rato a dar una vuelta por la ciudad.
No fue necesario mucho para convencer a Max de unírseles. Pero Jonathan, no accedió a la idea y les dijo que no se les uniría. “… vayan ustedes… yo tengo que esperar a la jefa, para ver qué sucede y decirle que han salido juntos, no quiero que te paralicen en medio de la calle…” le dijo a Gabriel, quien reacciono algo sorprendido, ya que aquel era el pensamiento que había cruzado por su mente al proponerles una salida a la ciudad. Una idea algo egoísta que sonrojo a Gabriel.
El improvisado grupo, salió del hotel de nombre de nombre desconocido, a una ciudad nueva e intrigante. No había tan altos edificios como en las ruinas de la ciudad costera, pero igualmente era una ciudad importante que sin lugar a dudas, fue importante en sus tiempos para el país donde estaba, y hoy más que nunca.
En las calles había pocos coches y buses, de hecho les costó mucho encontrar alguno movilizándose y la mayoría parecía estar algo abandonados hacía mucho tiempo, en las bermas de las calles. Salvo por esto, la cuidad parecía mas limpia y organizada que Levante. La gente allí convivía pacíficamente con un ejército de soldados omnipresentes que se mostraban serenos y tranquilos caminando por las calles, portando sus armas y dispuestos de inmediato a usarlas, ante el menor ataque. Se veían algunos policías, pero eran minorías comparadas con los militares.
En los troncos de árboles,  tendido eléctrico y murallas, se podían ver algunos afiches donde se indicaban reglas especiales que la población civil y militar debían respetar, para la organización adecuada de la ciudad fortaleza. El metro había sido convertido en refugio de ataque y todo subterráneo o bodega resistente, era indicada como sitio de refugio ante un ataque de “las criaturas” o “los monstruos”. Caminado por la calle, un tanque del ejercito se mostro brevemente unas calles hacia adelante, siguiendo su recorrido y perdiéndose entre los edificios.
El grupo siguió su camino, sin tomar mayores resguardos ni mayor atención a lo que pasaba a su alrededor. Sin embargo pronto se encontraron con  una multitud de gente que parecía estar rodeando algo que ocurría, lo más probable, como observadores.
 “vaya… pero que orden y… y…” dijo Gabriel casi en susurro mientras contemplaba una detención policial de un avezado delincuente que intento robar la cartera de una anciana quien fue prontamente socorrida de su victimario, por un policía y unos soldados que habían esta cerca.
- Nueva Edimburgo… es como todas las grandes ciudades militarizadas del mundo… si no respetas la ley, no hay objeción ni perdón… - le dijo Max a un Gabriel que se detuvo a ver como ingresaban al delincuente a la camioneta que apareció de improviso. El sujeto tenía un corte en su ceja que le llamo profundamente la atención. Max siguió su rumbo junto a Gisela, sin tomar mayor prestancia a la situación que se vivía. Gabriel, por otro lado tuvo que esforzarse por controlar su instinto natural de observación y dando media vuelta, dejo atrás la situación delictual de la que había sido testigo involuntario.
Siguiendo por unas calles más hacia el centro, llegaron hasta  una cafetería, donde decidieron comer algo para apagar el fuego del hambre que había comenzado a rugir desde sus estómagos y viseras. El lugar, llamado “el Comedor”, era un sitio acogedor y no solo los aguardaba a ellos, había clientes muy variopintos en el  lugar. Uno de los muchos clientes del lugar le resultó algo familiar a Gabriel, mientras Max caminaba seguro y rápido hacia su mesa.
- ¡vaya pero si es Tomás! – dijo Max, quien de inmediato se sentó en la misma mesa de aquel sujeto, quien estaba siendo acompañado por una joven de su misma edad. Tomás había sido uno de los sujetos que habían sido trasladados en el autobús escolar aquel día horrible.
Aunque tomas tenía vendado su ojo izquierdo, por el daño que había recibido durante el ataque nocturno a Levante, los recibió con una gran sonrisa y mucha gratitud. Al ver que sus salvadores tenían hambre, el les ofreció algo de comida, a lo que los tres accedieron muy gustosos.
A la hora de los pedidos, Gabriel fue el más avaro, siendo que ni siquiera el pagaría la cuenta. Pidió un café junto con unas tostadas con mermelada que había en la promoción de desayuno y que era el plato más barato que había en el lugar. La razón, era simplemente no quería deberle nada a nadie. Por su parte, Gisela pidió algo dulce, una porción de torta y una botella de 350 cc de una bebida gaseosa. Max, simplemente copio a Gisela, quien al final término comiéndose también el postre de Max, mientras este conversaba con Tomás y su compañera, que a todo esto resulto ser la prima del afortunado rescatado.
“vaya que ha sido divertido traer a estos dos… se siente bien estar acompañado…” pensó Gabriel, mientras bebía su café e intentaba salvar su pan tostado de una hambrienta y golosa Gisela.
En el fondo del comedor, un sujeto con gran sombrero, no para de mirar al grupo que había llegado. Al parecer Gabriel era el único que había notado aquel extraño sujeto y en cuanto sus miradas se cruzaron, el sujeto se levanto, dejo algunas monedas y salió rápidamente del lugar.
“qué raro… ¿quién habrá sido?” pensó, pero una pregunta de la prima de Tomás, lo saco de sus meditación y lo regreso al grupo. Al final, una vez terminados los pasteles y las bebidas, los cafés y los panes tostados, la conversación comenzó a caer y los sentimientos de despedida comenzaron a aflorar. Era tiempo de continuar.
La prima de Tomás, les mencionó de una tienda donde ellos podrían encontrar algo de ropa, cosa que al grupo le vino bastante bien. Aunque es conocido y de refrán popular que las mujeres son las que se derriten y añoran las prendas y la vestimenta en general, es difícil decir que alguien se resista a la idea de renovar algo de sus ropas, cuando literalmente solo tiene uniformes gastados y prendas casi harapientas. Gabriel se miro un momento y de inmediato sintió que aunque se había lavado bien aquella mañana, sus ropas le hacían ver siempre sucio.
Por parte de Gisela, y Max, parecieron pensarlo un momento, pero al final decidieron comprar algo más “civil” y nuevo que les permitiera seguir sus vidas sin andar como Adán y Eva. Hacía tiempo que Gisela se sentía con ganas de compara algo de ropa, pero se había retenido por las misiones y la prudencia de la omnipresente jefa Susan.
- debemos aprovechar que la jefa ahora no está… hace tiempo que quería comprarme un vestido o algún atuendo mas “acorde”… que “este”– dijo Gisela, mientras sacudía su sudadera, la cual parecía gastada y desteñida por los múltiples intentos de intentar quitar algunas manchas que  no habían sido posibles remover del todo.
- si… aunque he lavado esta ropa… el aceite y la grasa de motor, no salen fácilmente y al final termina estropeando el prenda… supongo que deberíamos aprovechar de comprarnos algo – le respondió Max, mirando su camiseta que había perdido su color nuevo hacia tiempo, quizás años.
- mmmm… ¿hace cuanto tiempo que no compran cosas comunes?... lo digo ¿porque parece que llevan un largo tiempo sin poder hacer algo tan normal como comprar? - les pregunto Gabriel en cuanto ellos dos lo miraron con cara de incógnita.
Gisela y Max se detuvieron. Tenían caras un poco de impresión por la pregunta, pero también de intentar recordar. Gabriel comprendió que tal vez el tiempo se les había olvidado, o no lo habían notado correr.
- ahora que lo mencionas… creo que hemos estado casi 4 o 5 meses buscando el “objeto”… - le respondió Gisela.
- ¿tú crees?... a mí se me había olvidado de contar hasta los días… yo ya no recuerdo cuando empezamos el viaje para encontrarlo… supongo que los combates y recorridos largos, nos hicieron perder la cuenta.
- ja, ja, ja… - rio la prima de Tomás, a lo que el grupo respondió también con algo de risa, no por los expuesto, más bien porque la risa que tenia ella, era de esas que se contagian y animan el corazón. Un “adiós y nos veremos algún día…”, fue la despedida del grupo que salió del café con el estomago mas dominado y feliz de tener algo que digerir.
Al final, siguiendo las indicaciones de Tomás y su prima, llegaron  hasta un paseo donde había algunas tiendas de vestuario, calzado y más de alguna de comida rápida o gourmet. Algo que nosotros podríamos llamar centro comercial o mal, pero que en aquel sitio era algo más reducido y con pocos segundos pisos.
En “El rincón de la moda” fue donde al final decidieron comprar. Aquella tienda era algo pequeña y acogedora y, aunque tenía el nombre de una tienda de alta costura, simplemente comerciaba con marcas comunes. Nada de lujo ni de última moda.
Gisela, decidió comprar algunas cosas para Gabriel, tomando en cuenta que este no tenía dinero y aunque este se resistió al principio, los ruegos de la compañera y más de algún codazo o palmada de Max, lo hicieron de desistir de su obstinación. Eligió una polera de un color Morado oscuro con un estampado de Dragon Ball Z, unos jeans azules con unos desgastes en la zona de los muslos y una chaqueta negra con franjas blancas que le combinaban muy bien. También le compraron unas botas negras, que según los chicos, le hacían dar un aire algo más “malo” o “chico rebelde”, si es que dejara su muleta.
Por su parte Gisela se compro algunas prendas intimas que ni Gabriel ni Max vieron, unos jeans y chaquetas que les gusto desde que las vio. Unas bufandas, fueron de accesorio a una posible “indumentaria futura” y la irresistibles piezas de calzado, de las cueles Gisela compro 5 pares, y eso que Max tuvo que detenerla. Max por otra parte, solo compro algunas camisetas de tiras, de esas que usan las personas tonificadas, y eso que el aun no desarrollaba musculatura. Compro unos jeans gastados y algunas prendas personales, también se compro un par de zapatillas y una gorra donde estaba escrito el lema “I love(corazón) NY”
A la hora del pago, Gisela fue la que más se endeudo, seguido de Gabriel y Max. Pero para gracias de ellos, todo aquello les salió con reducción al 50% y con cargo a la Resistencia Unida. Al final salieron algo más presentables y felices de lo que habían salido desde el hotel.
El cielo estaba algo más oscuro que cuando habían salido y sin notarlo durante el trayecto, las nubes bebes del lejano cielo, ahora eran adultas amenazantes y sombrías.
- ¿Qué raro?... si hace unas horas el cielo estaba completamente abierto… ahora parece como si fuera a llover – dijo Gisela.
Gabriel elevo su cara al cielo y una gota de agua cayó en su frente. Una sensación de frescura le inundo el alma y cerrando los ojos pudo ver alguna lejana imagen borrosa y enigmática.
Con algunas bolsas y cajas de zapatos, principalmente de Gisela, caminaron de regreso al hotel y llegando a una cuadra de distancia pudieron ver algunas camionetas militares que se habían estacionado en frente del edificio. Una de ellas era la misma en la que la jefa se había ido a concertar la cita con el General de la ciudad, hacia unas horas tras.
- vaya… creo que volvió más rápido de lo que me imaginaba… ¿pero para que traer tres camionetas? – dijo Max en voz alta, mientras continuaban su camino hacia la entrada principal del hotel. En aquel momento las gotitas de aguas solitarias comenzaron a ser más numerosas y grandes, había comenzado a llover.
Como pudieron corrieron para evitar que sus coas de mojaran, pero fue inevitable que llegaran con sus nuevas vestimentas algo mojados al hotel. En especial Gabriel, quien corría como podía. En el interior del lugar, estaba la jefa junto a Jonathan, parecían que estaban discutiendo de algo que ellos. Junto a los dos conocidos, había un tercero desconocido, un soldado de alto rango que parecía ser aquel que mandaba la situación por su porte y semblante. La jefa estaba seria y su aura estaba algo disminuida.
En el salón, había como 6 soldados mas con sus metralletas y pistolas envainadas, pero listas. Según parecían había otros tantos que debían andar rondando aún los alrededores, por la continua comunicación que estos tenían con sus radios y algunos soldados invisibles que aparecieron de inmediato en cuanto los divisaron a ellos llegar.
- ¡Gabriel! – dijo la jefa algo sorprendida al verlo. En el acto, el soldado jefe hiso un movimiento con su cabeza y los otros se acercaron rápidamente hacia los recién llegados, preguntaron cuál de ellos era Gabriel y en cuanto este se identifico, lo tomaron y lo redujeron con algo de violencia.
En el suelo boca abajo, sintió como sus brazos eran torcidos y sus manos quedaron atadas por esposas de acero, firmes y terribles.
- ¡¿Qué está pasando?! – replico Gabriel, con ira y sorpresa mescladas en su justa medida, mientras era alzado y quedaba mirando frente a frente a aquel que había ordenado su detención. El soldado se le acerco, junto a la jefa.
- señor… Usted queda arrestado por el gravísimo delito de espionaje y alta traición.
Gabriel miro a los concurrentes al acto y en ninguno encontró mayor respuesta que la incógnita y el enigma mismo que él sentía en aquel momento.
- no te preocupes Gabriel… te sacare de esto – fue lo que alcanzo a escuchar de labios de la jefa, quien quedo atrás mientras se lo llevaban. Al cielo se caía, y Gabriel no sabía aquello era coincidencia o un vaticinio de un terrible futuro.
- ¡te lo prometo!… - fue lo último que escucho, antes que las puertas se cerraran.


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Re:[FanFic] Apocalipsis Pokémon
« Respuesta #10 en: 24 de Septiembre de 2012, 04:54:26 pm »
•Capítulo IX – Ilusión, Mentiras y Traiciones

Había nubes oscuras y el cielo era tenebroso, relámpagos y rayos aparecían, mientras algunos truenos bombardeaban el aire con sus potentes ondas que se expandían sin fin por el infinito cielo. Él estaba allí atento, vigilante de aquello que aguardaba en las sombras de aquella nebulosa bruma que lo rodeaba, esperando que su enemigo fantasma apareciera y se decidiera a atacarlo. “Pum” y sintió un golpe, y una luz inundo toda su visión.
Otra vez era oscuridad, pero esta era verdaderamente negra, sin fondo y sin principio. Luego sintió su cuerpo extraño y contemplo su mano como si no fuera de él. En frente vio su reflejo, tendido en el suelo, lastimado y sangrante. Sintió pena y dolor, quiso alcanzarlo, pero una fuerza lo arrastraba y lo alejaba, sus manos se juntaron y otra luz, esta vez de color azul, lo cubrió todo, y volvió a las tinieblas y al olvido.

“mira… lo han traído aquí… debe ser muy malo para que lo hayan traído aquí…”
“no parece que este vivo… espera se mueve… cuidado, hermano…”

Una voces chillonas, parecida a aquellas que había escuchado antes resonaban en medio de las penumbras más negras, sintió un dolor, su cabeza daba vueltas y sintió su cuerpo pesado. Abrió los ojos y la luz se hizo otra vez. El sueño había terminado. Miro a los alrededores, para ver el origen de aquellas voces que lo habían despertado. Ninguna figura parecía estar junto a él en aquel calabozo de hormigón y acero.
Sentía que su cabeza le latía y masajeo un poco su cráneo, en el lugar donde un golpe había sido aplicado. No recordaba cómo había llegado hasta allí, pero a su mente vieron los últimos recuerdos desde que abandono el hotel.
Susan corrió hasta la puerta y atravesando el vidrio, su mirada se compenetro con la de él. Por un momento, en medio de la confusión, sintió que aquella mujer que antes lo había atormentado, parecía ser alguien en quien confiar. “no te preocupes Gabriel… te sacare de esto... ¡te lo prometo!…” fueron sus palabras que resonaron como ecos en su mente, palabras que de algún modo calmaron su corazón y la angustia que le apretaba la garganta. Miro mientras el vehículo se alejaba y casi pudo leer los labios de Susan mientras gritaba fuerte, pero inaudible, algunas palabras. “te lo prometo…”
Después de unos minutos de soledad entre tanto desconocido, su corazón volvió a sentirse angustiado, no tanto como antes, pero igual sentía algo de soledad e inquietud molestosa. El vehículo había recorrido un buen trayecto, pasando por el centro de la ciudad, por un domo y un parque, cruzo unos puentes. Parecía estar dando vueltas. Gabriel al notar aquello, decidió  exigir la razón para que lo detuvieran, pero en respuesta a su demanda, un golpe con algún elemento solido, lo mando al mundo de la inconsciencia, sin más remedio.
El aire de aquel lugar era pesado y fétido. Era falto de ventilación constante y lleno de un aroma a muerte y locura. Quiso levantarse e instintivamente alzo su mano y tocando su cama busco la muleta que tanto le había servido y ayudado, tanto que parecía ser parte de su cuerpo. Por desgracia ni allí, ni en ningún lado estaba. 
En aquel cuarto, solo había una cama pegada a una muralla, la que no tenía ventana. Había un sanitario algo sucio, cerca y en frente de la cama, una puerta de hierro que no tenía ningún orificio. Arriba había un dos ductos de ventilación tan pequeños que solo un ratón podía entrar en ellos. Una ampolleta colgando de un cablea unos 3 metros de alto, era la única luz que iluminaba aquel lugar. Junto a la cama, en la muralla, había un pequeño agujero que conducía a la noche perpetua, creado por algún animalejo hacia tiempo y del cual nada mas podía sacar en provecho.
Gabriel recordó aquellas voces que le despertaron, las llamo con un tono silencioso, esperando que estas contestaran, pero nada. “¿quiénes son?” o “oigan ustedes… los de las voces extrañas… los escuche…” no recibían respuestas algunas. Estaba allí solo y olvidado de la mano de dios.
Al rato de quedar en silencio absoluto, concluyo que podría ser voces internas, de esas que aparecen en la locura, o recuerdos de lo que había vivido antes de llegar a aquel mundo de locos. Miro su mano y la imagen de ella ensangrentada le hiso despertar de su divagación. Tenía problemas actuales que enfrentar.
- ¡Hay alguien allí afuera!… ¡Alguien está allí!… ¡Si alguien esta! ¡Necesito mi muleta!… ¡Por favor! ¡La necesito! – grito fuerte hacia la puerta esperando que su voz pudiera atravesar el grueso metal de una puerta sin hendidura y llegar a los oídos de alguna persona que esperaba estuviera del otro lado. Para su desgracia, tampoco aquí tuvo más respuesta que el silencio.
Un comenzó en sus vendajes, hiso que descuidadamente pasara a rascarse la herida que tenia, con tanto llamado y pensamiento, se le había olvidado que debía tener cuidado. Cuán grande fue su sorpresa, cuando se dio cuenta y miro su miembro “adolorido”,  debajo de las vendas ensangrentadas no había herida alguna. ¿Cuánto tiempo había pasado allí adentro? Sinceramente no lo sabía, y eso de no saber, ya le estaba molestando.
Algo difícil, le fue el levantarse con su pierna recuperada, se había adoptado un poco a su muleta, pero igual lo logro. El problema inmediato fue que noto que su calzado había desaparecido, al igual que su chaqueta y su cinturón. Lo único que tenía eran su pantalón y la playera que había comprado, junto con el vendito collar al que a esas alturas estaba acostumbrado y del cual prácticamente se había olvidado.
Sin darle más vueltas al asunto, camino hacia la puerta y pego su oreja a la misma, esperando poder oír algún ruido o murmullo desde el otro lado, algún indicio que no estaba allí solo y perdido. “grrrr…” y otros ruidos extraños eran lo único que se escuchaba, muy débiles como para que fueran emitidos de algún lugar cercano, más bien parecían retumbar desde la lejanía. Si poder identificar nada más que aquellos ruido, volvió a su cama  sin saber qué hacer ni tampoco porque se había metido en este problema. El golpe recibido en su cabeza le latía tan fuerte como su corazón.
De pronto, escucho un retumbar, luego otro, eran débiles, seguidos y contantes. Pero se hacían cada vez más fuerte y distinguibles. Eran pasos, y se estaban acercando.
- ¡mierda! Por fin… ¡Hey!… ¡Ustedes!… ¡Sáquenme de aquí!… ¡No he hecho nada malo! ¡Lo juro! Grito y se acerco a la puerta para que su voz fuera más fuerte, casi hablando a gritos con ella. Los pasos se detuvieron. Habían llegado al frente de la puerta y los gritos de Gabriel se detuvieron. El sonido del metal rechinando dio paso a uno oxidado que marca cuando las puertas viejas son jaladas y abiertas. Gabriel retrocedió un poco, sintiendo algo de temor, pero también de alegría.
Afuera, mirando fijamente y con gran severidad, había 4 soldados, de Alta estatura, como de 1.8 metros. De estos, dos de ellos, entraron en la habitación y los toros se quedaron afuera, bloqueándole la salida y tal vez un posible escape, pensó. A esas alturas, el temor fue ganándole a la alegría y en su mente sintió que algo muy malo parecía acercarse. Tenía un mal presentimiento y por breves lapsus pensó que quedarse solo en un sitio abandonado de toda ley y de todo dios, era tal vez mejor.
Los 2 soldados le dijeron que habían venido a buscarlo y que él debía acompañarlos. Sin decir nada más, agarraron a Gabriel y lo esposaron, y luego que sus miembros atados redujeran sus habilidades de escape, lo condujeron forzosamente fuera de lo que había sido su calabozo, hacia un pasillo de tenue claridad, que conducía a un gran número de puertas de hierro, todas ellas con un número que las identificaba. El número de la que hasta ese momento había ocupado era la número 36.
Camino siguiendo a dos escoltas que iban adelante y los otros por detrás. Los miraba de reojo, pero no veía facción alguna en sus rostros, parecían robot, maquinas más que humanos. Un nudo en su garganta le impidió preguntarles a donde le llevarían.
Dieron una vuelta y luego otra. Al final se detuvieron ante una puerta de madera blanca que tenia sobre su dintel, el siguiente mensaje: “solo personal autorizado. Laboratorio de Experimentación”. Uno de los soldados abrió la puerta, y del interior un vapor y un viento cálido salieron y le llenaron la nariz de una sensación cosquillosa. Casi de inmediato el mismo soldado forzó a Gabriel a entrar a aquel sitio desconocido y misterioso. ¿Qué cosas le podían aguardar en aquel lugar? Estaba a unos pasos de saberlo.
Adentro, había un largo corredor que  entre muros. El piso enrejado dejaba ver algunas tuberías que cruzaban las murallas y sobre sus cabezas había otros tubos que seguían el mismo recorrido que los de abajo. Desde algunos de ellos se desprendía un vapor caliente, puesto que la mayoría trasmitía agua hirviente de un sitio a otro. Los medidores instalados allí, decían que todo estaba correcto y sin problemas. Como a mitad del recorrido, Gabriel sintió como si el aire ondulara y las imágenes que lo rodeaban es extendieran y contrajeran levemente. Una cefalea  leve le incomodo el resto del recorrido.
A punta de algún elemento solido y frio, Gabriel fue caminado en la punta por aquel lugar que le daba la sensación que estallaría en cualquier momento. Al final del mismo, había una puerta de metal con una ventanilla de vidrio que estaba a oscuras, un panel táctil, indicaba unos números y la huella digital. El soldado hiso a un lado a Gabriel y le obstaculizo la vista, mientras su colega, presionaba la clave y su dedo pulgar en la consola. “Aceptado” fue lo que recibió y la segunda puerta se abrió lentamente.
Allí adentro, iluminada por lejanas luces en lo alto, parecía formarse un tenue camino de luz envuelto en sombrías cortinas que parecían no tener un fin. Luces de verdes y rojos, amarillos y blancos, brillaban y titilaban en aquella aparente noche, dando sonidos de “bips” en cada uno.
Cajas de maquinaria que no tenía sentido para Gabriel, emitían un sonido contante de ventilador, enfriando las computadoras y ordenadores que estaba allí trabajando. El aire allí trasmitía un aroma a rancio.
“¡Guau! ¡Guau!” escucho en cuanto paso entre un conjunto de cajas metálicas que había diseminado por los alrededores. Gabriel se asusto y salto a un lado, mirando la misteriosa caja y encontrando un peculiar ser, era un Herdier. En el interior de la mayoría de aquellas cajas, encontró más peculiares criaturas, había Lillipup, Roselia y Houndour. Todos llevaban el collar que Gabriel tenía alrededor de su cuello.
- ¡¿pero qué están haciendo estos Pokémon aquí?! – pregunto a medio de grito y algo incomodo y sorprendido por la revelación que se le había hecho. Su voz dese escucho como eco en el vibrar del aire de aquella caverna tenebrosa.
- ¿Qué están haciendo aquí?... preguntas, supongo que el cartel no decía mucho ¿verdad?... – le contesto una voz profunda y lejana. Alguien estaba en las sombras y aguardaba allí, sin ser visto. De pronto, las tinieblas insondables dieron paso a luces que iban iluminando poco a poco aquel cuarto revelando algo más simples cajas con Pokémon capturados. Como lo decía el cartel, era todo un laboratorio de experimentación.
En el fondo habían grandes acuarios con Pokémon acuáticos, Tentacool y Horsea eran la mayoría. Gigantescos tubos llenos de algún liquido extraño contenían los restos diseccionados de algunos Pokémon que habían sido mutilados, Gabriel solo pudo identificar la cabeza de un Huntail y Croagunk. Cerca estaba lo que parecía ser una mesa manchada con alguna sustancia  roja y que reflejaba viscosidad. Encima de ella, había un Mightyena que había sido abierto y estudiado nauseosamente, mientras unas radiografías de algún esqueleto de un ser medio canido, estaban colgadas en una pizarra blanca. Las ultimas, posiblemente las mismas de aquella criatura.
Gabriel, sintió nauseas de solo ver aquello, a agachándose dejo que un fluido caliente y quemante saliera de su garganta y se quedara en el piso, mientras su mareo iba calmándose, mas no desapareciendo. Si existía un infierno para los Pokémon, esto era lo más parecido.
- vaya, vaya… así que aquí tenemos al traidor… ¿verdad? – se le dirigió una voz maquiavélica y de timbre siniestros que erizo sus cabellos y le puso la carne de gallina. Los solados se pusieron firmes y atentos, mientras un personaje con delantal blanco de científico y otro azul, de cocina y manchado, hacia su ingreso desde las penumbras de una esquina y caminaba con toda calma y tranquilidad por aquel matadero de criaturas.
- supongo que has quedado sorprendido por este lugar ¿verdad?… - le dijo mirándolo desde unos metros y quitándose el delantal azul y unos guantes que tenia puestos – vaya, pero que modales los míos… déjeme presentarme, soy el profesor Emilie Curie, investigador y jefe del departamento de investigación de las amenazas.
Su mano  con arrugas por la edad, era firme y fuerte. Luego de jalarlo un instante, lo soltó y Gabriel, con sus manos esposadas se sobo levemente donde un fuerte apretón le había causado un leve dolor.
El doctor, con un gesto, les indico a los soldados que se marcharan. Estos sin decir nada, acataron la orden con una militar solemnidad y velocidad que pocas veces fueron vistas. Allí solos los dos, los grandes ojos separados por una aguileña y puntiaguda nariz, aparecían ahondar en lo más profundo del ser del detenido, como si pudiera leer le la mente.
- este cuarto está libre de cámaras y todo tipo de dispositivos de vigilancia, así que no será más fácil hablar sin temor de que seamos escuchados… según escuche, te han traído hasta este centro por traidor ¿verdad?
- bueno… según me dijo el tipo que me detuvo… pero yo no soy un traidor… o por lo menos no creo serlo.
- bueno, bueno… supongo que no ganaremos mucho siguiendo con la mentira ¿verdad? Además estamos solos, por lo que sería mejor ser más sinceros.
- ¿Qué?... ¿de qué habla?... ¡Le juro que no soy un traidor!
- ¿y entonces porque escapaste?
- ¿porque tenía miedo de lo que me pasara si seguía con ellos?
- mmm… - el profesor lo miro directo a los ojos. Su mirada penetrante le siguió cuando comenzó a dar vuelta alrededor de Gabriel y este sintió como si volviera a estar en aquel cuarto desnudo. Luego, acercándose hacia su cuello, comenzó a inspirar con fuerza como lo hacen los perros. Luego, con mucha naturalidad, paso su lengua por el cuello de Gabriel, lo que le causo un escalofrió que le hiso apartarse del sujeto de blanco. Aunque él estaba completamente afeitado, Gabriel había sentido como si muchos bellos rozaran su piel.
- ya veo… así que no eres de los nuestro ¿verdad?... entonces eres de esos humanos que traicionaron su sangre y ahora ayudan a Nuestro Señor…
Gabriel retrocedió poco a poco. Aquel sujeto parecía marearlo con su presencia e inundarlo con una sensación de miedo indescriptible. El profesor lo miraba cada vez más atento y con enigma en sus ojos, parecía estar ocultando algo que él no sabía.
- supongo que fuiste enviado por el señor Destroir… o por el mismísimo Supremo… ¿verdad?... bueno, de todos modos nuestras operaciones aquí ya no son necesarias.
Los ojos del profesor brillaron de un misterios tono rojo y su pupila se volvieron de gato y brillante. Gabriel sintió como su cabeza daba vueltas, mientras los alrededores pulsaban y sentía como si lo solido fuera ahora liquido. Su cabello antes encanecido, se torno rojo y negro y su bata blanca dio paso a un negro peludo que deformaba su cuerpo, mientras parecía tomar formas ondulantes y cambiantes.
Gabriel cayó al suelo. En frente de él había un Zoroark.

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Re:[FanFic] Apocalipsis Pokémon
« Respuesta #11 en: 10 de Noviembre de 2012, 05:37:09 am »
Lamento por motivos de trabajo, no haber seguido con la publicación de la historia. Sin embargo con el tiempo algo más holgado que tengo, he podido avanzar en parte, pero más lentamente la historia. Espero poder continuarla, aunque más lentamente. Gracias.

• Capítulo X – Juego de Luces y Sombras

El cielo tenía un horrible color a plata y gris. De las nubes caían lágrimas que escurrían por la tierra y el pavimento hacia las alcantarillas de la ciudad. Charcos de cristal y espejos eran formados en las calles y en las aceras, mientras pequeños ríos de color gris y aceite, comenzaban su lento recorrido hacia el rio que los conduciría al mar océano, otra vez iniciando el gran ciclo del cual la vida se alimenta y mantiene.
En el centro de la ciudad, donde algunos altos edificios se erigían como monumentos al comercio y la vida moderna, se encontraba el edificio que albergaba al gobierno militar de la ciudad. Una mole de acero, concreto y vidrio que reflejaba los rayos del sol matinal y del sol moribundo, generando un arcoíris ígneo desde donde se le mirara. Sin lugar a dudas era una joya de la ingeniería moderna que alguna vez, tal vez, albergo a una importante empresa y que en el tiempo presente servía como epicentro de las operaciones militares de la región noreste del país.
Arriba, en el piso 30 del edificio de la gobernación, las gotas caían y se aplastaban en contra del vidrio que mantenía apartados el mundo de afuera del de adentro. Cortinas negras como la noche hacían imposibles ver lo que ocurría en su interior para aquellos que pudieran observar desde alguna altura considerable.
Adentro, una gran mesa ejecutiva rodeada de silla era presidida por el sillón del general de la cuidad quien estaba sentado allí con su cara oscurecida por la negrura del momento. Jonathan, Gisela y Max, estaban sentados al lado izquierdo de la mesa, ocupando las sillas que seguía  la de su jefa quien estaba a una silla de la del general. En frente de ellos, estaba el ex-alcalde de Levante, un soldado y un sujeto de sombrero y traje largo y misterioso.
Detrás del general, estaba un hombre delgado, con ojos saltones e inquisitivos que tenia detrás de unos anteojos de lectura. Su aguileña y desmesurada nariz  parecía conferirle más que un aura de burla, un aura de tétrica seriedad. El secretario tecleaba rápida y ágilmente cada palabra que se había escuchado, que se escuchaba y que se escucharía en aquella habitación en penumbras, para tener constancia de los hechos.
Al otro lado, custodiando cual pilares la puerta de entrada y salida, dos altos guardias con uniforme de gala que permanecían escoltándola, tan quietos y solemnes como los guardias  del Palacio de Buckingham, construcción que por lo demás había sido destruida hacía algún tiempo atrás.
Allí adentro, la tensión del ambiente se podía cortar con un cuchillo. El aire parecía vibrar con cada latido, y con cada suspiro, con cada respiración que salía de los cuerpos de los presentes allí. La vida y la muerte se debatían en un juego de luces y sombras.
- bien… comandante… ahora que estamos reunidos, supongo que podrá expresar su queja con respecto a la detención del civil que ustedes custodiaban… ¿no?
Susan, se levanto de su asiento y mirando a los concurrentes, pego su vista en el alcalde, quien quito su vista al instante. Un rubor fue visible en cuanto las luces de la oficina, cayeron sobre su rostro.
- general, quisiera saber los motivos por los cuales Gabriel fue detenido el día de ayer.
El general miro a los ojos a la comandante de la resistencia, quien permanecía fija y atenta, esperando y demandando con su presencia una pronta respuesta.
- bien… si es lo que desea.

...

Oculto detrás de unos aparatos chirriantes y extraños, Gabriel mantenía sujeta su respiración, lo más que podía. Allí oculto podía escuchar los pasos de un ser oscuro y sombrío que caminaba, se detenía y olfateaba con una fuerte inspiración. Sus ojos verdes y brillantes eran inquietantes y casi hipnóticos. Se podía decir que daban más miedo que cualquier otra cosa.
- ¡sal Gabriel, no te escondas!… ¡no te hare nada!… ¡te lo prometo! – decía aquella criatura que caminaba erguida sobre sus patas dobladas y canidas. Su voz ahora era más profunda que antes.
Gabriel no sabía si confiar en su promesa o esconderse, al final el miedo le venció y decidió seguir escondido. Se movió entre algunas cajas vacías que había cerca, una mesa le cubrió de la vista, pero sus manos esposadas, le quitaron algo de libertad. Tropezó y de un estante cayeron unos frascos al piso. La criatura dio media vuelta y sus ojos se posaron sobre Gabriel, quien había quedado al descubierto, aun entre las sombras.
Zoroark dio un gran salto, de unos 12 metros, y cayó sobre la mesa que al instante se deformo por la fuerza y la presión que el ser había ejercido sobre ella. Gabriel se cubrió la cara, esperando protegerla en forma instintiva, mientras “la cosa” acerco su cabeza y su hocico hasta el punto que el pudo sentir un el olor de su aliento, parecido al de los perros. Abrió sus ojos y contemplo en su iris verdes azules, su reflejo como nunca antes lo había visto.
- vamos Gabriel… no te asustes, soy tu amigo… - le decía la criatura mientras movía su mandíbula con cada palabra en un acto de habla incompleto, casi mágico por así decirlo. Gabriel dio una mirada a sus grandes garras, sus colmillos también eran algo de temer.
-¿mmi…mi… mi amigo?
- claro… somos del mismo bando ¿no? – le decía mientras bajaba de la mesa y se ponía sobre el mirándolo fijamente. Su cabello rojizo se movía como la gran melena de un león azotada por el viento y su aliento emanaba un fuerte olor que antes no tenía, como a putrefacción – estoy seguro que el señor Destroir te envió ¿no?
Parecía que con la capacidad de hablar, la criatura era menos amenazante. Gabriel lo miro unos segundos, parecía que no le atacaría y poco a poco comenzó a recuperar la confianza. Fue en aquel momento que sintió aquel bichito de la curiosidad  sobre lo que el Pokémon le estaba preguntando. Sabía que había grandes probabilidades de salir mal si la criatura lo consideraba enemigo así que se irguió un poco para sentarse y estar más cómodo. En uno segundos decidió seguirle en parte la corriente, esperando con ello conseguir más información.
Podía verse como un hilo de humo se alzaba hacia arriba, mientras la sombra del general era oscurecida por su espalda, mientras terminaba de fumar un puro que había sacado. La pregunta de Susan, aun latía y reverberaba como el eco que sigue después de gritar en las montañas.
- bien… quieres saber porque detuvimos a ese civil ¿no? Bueno, Mayor Raimond, explíquele – termino de decir mientras seguía con su espalda vuelta a la concurrencia. El sujeto que anteriormente había estado sentado junto al alcalde y que había ocultado todo ese tiempo su rostro tras el sombrero y su indumentaria, era el mismo que había visto al grupo de compras, junto a Tomás y la chica.
El militar encubierto, se inclino en un costado de su silla y puso sobre la mesa un maletín, y de él saco una carpeta color azul. Le extendió el archivo a la comandante y esta lo recibió con intriga por lo que fuera a ser aquella cosa. Decía expediente CERN 0159 y en su interior encontró unos papeles que de inmediato llamaron su atención, había una foto de Gabriel vestido con un delantal blanco.
“Sujeto: Gabriel Alexander Díaz Ivanov – presuntamente Muerto”
“Proyecto QJ-CERN”
El general miraba atento mientras la jefa seguía mirando los papales. En cuanto ella se detuvo para analizar, el encontró el momento indicado para intervenir.
- el civil que ustedes estaban custodiando, y del cual al parecer no tiene muchos conocimientos, es nada más ni nada menos que uno de los científicos que murieron durante la explosión que se dio en los laboratorios de la organización europea para la investigación nuclear, CERN, hace ya 2 años.
El expediente tenía un número de papeles, todos clasificados y archivados como ultra secreto, por el gobierno francés, quienes habían expedido una copia al gobierno local hacia algunos meses atrás.
- como vera, Gabriel, o el señor Díaz, fue un destacado científico. Según el reporte, una persona con un coeficiente intelectual superior al de la mayoría de sus compañeros. Las pruebas en Gabriel durante su infancia arrojaron un increíble IQ de 170. Entre sus logros académicos destaca haber sido el primer alumno de su país natal que entro en la universidad de Oxford a la temprana edad de 14 años… sin mencionar que estaba cursando un doctorado en física, luego de haber obtenido su licenciatura.
En el documento que tenía en sus manos, Susan pudo ver los logros que Gabriel tenía en dicho campo, recomendaciones de todo tipo y elogios de científicos por una brillante inteligencia. Parecía que aquel Gabriel que conocía, el temeroso y cobarde, era eclipsado por este otro Gabriel, uno destacado en un mundo diferente.
- el sujeto en cuestión, – prosiguió el general, sin tomar mayor atención a si Susan entendía o seguía el monologo -  al parecer debido a su gran capacidad, fue inmediatamente requerido el profesor Johan Von Der Heide, con el cual entablo amistad durante el años que estuvo trabajando para el CERN, en un proyecto del cual no hay mayores detalles, sino que según la fuente revolucionaria el mundo y la comprensión que tenemos de él… o algo así. Sin embargo de alguna forma estuvo implicado en un experimento fallido que significo la destrucción del LHC… lo que dio origen a esta calamidad.
El soldado le extendió otra carpeta a Susan, esta solo contenía fotos y archivos del incidente, el cual era clasificado por la milicia como “el Día D”.
- según me habían dicho… pocos habían sobrevivido al Día D… la mayoría había muerto.
- así es comandante… sin embargo, también se sabe que la explosión no dejo evidencia de cadáveres o cuerpos, sino que al parecer todo fue vaporizado. En especial los que trabajaban en el CMS, como fue el caso de Gabriel.
Susan miro las fotos que se le habían presentado. Eran del día después de la explosión, y las que eran del día, fueron tomadas por personas comunes o por las cámaras de seguridad. Había fotografías del terreno, satelitales. También había fotos de cuerpos y un listado completo de las personas que allí habían desaparecido, entre los que se destacaba a Gabriel.
- aquí… nosotros también tenemos aceleradores de partículas, tal vez no tan grandes y en Japón se que se había construido uno… pero todo fallo a contar desde ese día. Pero retomando el punto de la detención… cómo es posible que una persona que estuvo desaparecida y presuntamente muerta, aparezca unos años después viva y sin memoria…
Susan trago algo de saliva y sintió como las cosas iban encajando, pero no de un modo que ella esperaba.
- ¿puede ser que Gabriel no haya estado en el CMS ese día?… ¿puede haber salido?…
El general le entrego una hoja que había guardado y que al parecer había estado leyendo. Era el informe de un testimonio de una de las sobrevivientes al incidente. Su nombre era Regina Gianotti.
- Como vera, esta persona acredita que tanto Johan Von Der Heide como Gabriel Díaz y unas cuantas personas más estaban al interior del CERN…
Efectivamente, según lo enunciado en el reporte, ella estuvo fuera mientras hablaba por teléfono con el mismísimo Gabriel, quien según lo expresaba en el texto estaba junto con el profesor en el momento de iniciar una de las pruebas del proyecto QJ.
- lo que digo, comandante, es simple… de todos los científicos que murieron hace 2 años, solo uno ha regresado de la muerte. ¿O es que el joven Gabriel tiene un gemelo o es capaz de estar en dos lugares al mismo tiempo? Sea como sea, creo que ese civil, tiene muchas respuestas a muchas de las preguntas que muchos de nosotros nos hacemos…
Podía ser verdad aquello, pensó Susan, mientras miraba los archivos y las fotos que se le había entregado.

...

La criatura no le quitaba los ojos de encima, aun cuando esta se movió y Gabriel se pudo levantarse. Sus ojos parecían seguirlo y en medio de la oscuridad donde se camuflaba perfectamente, sus ojos brillaban en las tiniebla, como estrellas refulgentes.
- entonces…. Te envió el señor Destroir ¿no?
- ¿Destroir?... – digo Gabriel en tono de intriga, pero de inmediato recordó que debía controlarse y seguir el juego si quería vivir lo suficiente como para entender los que estaba ocurriendo en ese mundo bizarro - … claro, fue el señor Destroir, quien me pediría estar aquí.
Zoroark se movió lentamente hacia su lado, sin sacarle sus ojos de encima. Gabriel sintió como la luz que emanaba de ellos parecía erizar su piel.
- ¿y te envió con esos sujetos de la resistencia?
Gabriel dio unos pasos hacia adelante, esperando que su cara fuera ennegrecida por su sombra y su cabellos, mientras dejaba a tras al Zoroark, dando pasos seguros, intentado caminar lo más natural.
- ¿con ellos?... pues claro, con quien más me enviaría… supongo que ese fue su plan. Su gran plan.
El Zoroark camino hacia algunas de las jaulas que había en el laboratorio y allí, con su forma al descubierto, las criaturas que permanecían allí atrapadas parecían sentirse seguras. Abrió algunas de las jaulas y dejo que los Pokémon que habían perdido su libertad, pudieran caminar libremente por los alrededores. Luego con sus poderosas garras les quitaba los collares o el dispositivo que tuvieran implantado, salvo en los casos que estos causaran algún trauma.
- bueno… es claro que eres algo diferente a los otros humanos que sirven a los Pokémon… eres diferente, sin lugar a dudas. Pero esa rareza podría ser lo que el señor Destroir vio en ti, para cumplir con tu misión… y al final ¿Qué misión te encomendó?
Gabreil se quedo un poco congelado en cuanto le pregunto esto. No sabía mentir, así que disimulo diciendo que era secreto y que se le había ordenado no decirle a nadie, ni siquiera a un Pokémon.
- debe ser muy importante como para que no tengas permitido decírmelo… - se le acerco de unas cuantas zancadas y lo miro a los ojos. Gabriel sintió como una gota de sudor le recorría la mejilla -… pero si lo dijo el señor Destroir, no me queda más que aceptarla.
- sabes… eres el esclavo humano más extraño que he conocido y eso que he visto al otro que llego. Si fueras mío, de seguro cuando todo esto terminara, tendrías un buen hogar.
“al otro que llego” pensó Gabriel, tan fuertemente, que pensó que las palabras se le escaparían en forma de habla. Quería saber mas, pero tenía que tener cuidado con no llamar demasiado la atención.

...

Las cortinas permanecían extendidas, oscureciendo el día y manchando de noche la habitación. Allí adentro, con archivos y papeles, fotos y notas, Susan intentaba develar en parte aquel puzle llamado Gabriel. Trago saliva antes de continuar con aquello.
- ¿y Gabriel ha sido el único que regreso de la muerte?
El general llevo la mano hacia su bolcillo, parecía estar jugando con algo allí, o no sabía si sacarlo o no. De todas formas no le molestaba para nada que los demás pudiera estar mal interpretando su actuar. Luego miro fijamente a Susan, como intentando ver la razón que la conducía a preguntar aquello.
- ¿pregunta de si es el único?... no tengo mucha información que pueda compartir, pero he oído información sin confirmar que han visto a otro muerto viviente, rondando por estos sitios… tal vez intentando contactar con Gabriel.
- ¿otro? ¿y esta aquí?
- no se haga ilusiones, son solo rumores, además si los rumores son ciertos, no es más que un traidor.
- ¿cómo pude asegurar si es un traidor?
- porque dicen que es un “FP”.
- ¿insinúa que Gabriel sea también un FP?
- entonces como explica que haya aparecido, después de una supuesta muerte… además ¿su preocupación no debería ser llevar “El Objetivo” a los Cuarteles Generales de la Resistencia? ¿Por qué vino aquí, trayendo a un sujeto como ese  aquí?
- Por el Objetivo, no se preocupe… está muy bien resguardado. En cuanto a lo de Gabriel, no sé si sea un FP o no. Pero de algo estoy segura, es que no un traidor.
- está segura de ello… según se me informo, el sujeto en cuestión fue encontrado en las ruinas de la gran ciudad, hacia unos días atrás y luego de su aparición en Levante, la ciudad fue atacada…
- ¿está diciendo que Gabriel fue quien guio a los Pokémon a invadir Levante? ¿Quién le dijo eso?
El general quedo mudo y su cara estaba tosca y llena de arrugas. Susan siguió con su vista certera los ojos del general, quien parecía una marioneta sin vida, sin movimiento. Pero en cuanto clavo sus ojos en los del secretario, quien estaba detrás del general, escribiendo en su máquina todo lo que pasaba. Este de inmediato los quito rápidamente, en un sutil movimiento donde miraba al ex-alcalde de Levante y luego agachaba la vista.
- ¡¿Fue Usted el que le dijo al general eso?! ¡¿Fue usted el que acuso a Gabriel?!– le pregunto Susan a un asustadizo ex-alcalde que intento negarle la mirada a toda costa y casi se levanta de su asiento, si no fuera por el militar que lo contuvo con su mano.
- ¿Yo?... bueno… yo no lo acuse. Yo… yo solo compartí con el general… mí… mí impresión de lo que ocurrió.
- ¡vasta comandante! – Dijo con fuerza el general, quien se levanto del asiento para darle más realce a su posición - ¡lo que el Sr. Alcalde me confió fue su impresiones sobre lo sucedido, tras la pérdida de su ciudad!… por varios meses ese pueblo había permanecido seguro, pero de alguna forma esos monstruos lograron penetrar, sufriendo mínimas bajas y atacando con todo.
Susan se levanto de su silla y por un momento su aura combatía con la del general, como en una lucha titánica entre el sol y la luna. Pero su rostro dio con el del alcalde y este no tuvo escapatoria posible.
- ¿qué fue lo que le dijo al general?
- ¡Comandante Ud. No tiene derecho…!
- ¡Soy la Comandante Susan Roth de la división 7 de la Resistencia Unida!... ¡tengo el derecho de saber porque me es arrebatado un civil que estaba bajo mi custodia  por parte de la milicia! ¡No me importa si su autoridad es mayor que la mía, pero soy miembro de la resistencia y Gabriel estaba bajo la protección de la Resistencia Unida!… ¡así que si no quiere tener más problemas, es mejor que me expliquen de una buena vez todo!
El general se calmo un momento y pensó.
- bien… si esto aclara las dudas de una buena vez… alcalde cuéntele todo lo que me dijo.
El alcalde miro a Susan quien parecía estar lanzándole fuego por los ojos. El alcalde intento de decirle algo al general, tal vez una súplica, pero este lo miro con igual intensidad.
- bueno… lo que le dije al general… lo que le dije fue…
Pero no pudo proseguir, en cuanto sus palabras casi salían, un soldado entro en la habitación corriendo. Aunque fue detenido por los guardias, toda la atención se concentro en el recién llegado.
- ¡general tenemos problemas! ¡Lo necesitamos en el mando lo…!

“Raaaaaaaaggggg”

Resonó en el aire un ruido que fue haciéndose mas y mas fuerte, mas y mas agudo a cada segundo. Pronto las personas allí adentro no pudieron oírse entre ellas. Al cabo de otros segundos más, el sonido era tan fuerte y agudo que se sentía como si le taladraran el cráneo, todos tenían sus oídos tapados pero incluso con ello era imposible no oír el tremendo estruendo de quien sabia donde.
Los cristales de los ventanales se rompieron y el aire con fuerza se coló dentro, las cortinas desgarradas fueron a dar al piso y la luz del sol mostro un cielo trastornado, como si un fuerte viendo o la mano de dios, hubiera quitado las nubes con violencia.
El viento vibraba ferozmente.

...

El ser extraño seguía caminado tan plácidamente por allí, que parecía no tener problemas en mantener su forma real en frente de un completo desconocido. Seguía liberando a los Pokémon que había en jaulas, los que de inmediato se le acercaban y le ladraban o le acariciaban sus piernas y manos.
“muchas gracias… Gou, gou”
Gabriel se llevo a sus oídos sus dedos, intentado hurgando en ello, esperando sacar algo que le molestara.
“keee… uno de ellos… beee”
Las pequeñas criaturas le miraban fijamente, con temor y miedo, mientras se alejaban de él, y quedaban detrás del Zoroark. Como los polluelos se ponen tras de su madre o de su padre, cuando sienten amenaza. Zoroark les dijo que no debían temerle, que debían confiar en él.
- no le temas pequeño… es uno de nuestros esclavos. Pronto saldremos de aquí y todo estará bien.
Fue en ese momento que recordó aquellas ocasiones en que oía voces. Fue cuando entendió de donde venían. Eran las voces de los Pokémon.
- son pocos los humanos que entienden en parte el lenguaje del los Pokémon, al igual que somos pocos los Pokémon que entendemos el lenguaje de los humanos… pero lo interesante aquí, es que los humanos tienen un gran número de lenguas, por lo que se nos ha hecho más difícil entendernos con los esclavos que hemos capturado.
- ¿esclavos?... ¿eso es lo que crees que soy?
Zoroark le miro algo interesado en lo que el sujeto le decía. Parecía confundido con lo que le estaba diciendo, pero luego no le tomo mayor importancia y por unos momentos dejo que la pregunta se congelara en el aire. El continúo liberando a los Pokémon que estaban encerrados.
- me preguntas si eso es lo que pienso… es extraño que un enclavo diga esas cosas y no imagine su realidad… ¿acaso no entiendes la situación en la que estas o solo estás jugando? Todos los humanos que trabajan para alguno de los grandes señores, ya sea como espía o en la servidumbre, son esclavos… así como ustedes han esclavizado a los Pokémon que han llegado aquí.
- ¿esclavizado a los Pokémon?
- mira a tu alrededor… esto es lo que los tuyos hacen. Nosotros solo hacemos lo mismo y tomamos para nosotros aquellos humanos que mejor nos sirvan, además, un esclavo como tú no debería de preocuparse por su situación… todos saldremos de aquí muy pronto y podras regresar a tu misión.
Zoroark había terminado de liberar a todos los Pokémon y les dijo que se ocultaran en los alrededores hasta que el les indicara. Los pequeños Pokémon accedieron de buena manera y se ocultaron detrás de aparatos y computadores, debajo de mesas y objetos diversos que había allí. El Pokémon siniestro se acerco a Gabriel y quedando en frente sus ojos echar chispas de luz verde y brillante.
- ya casi es la hora, deberás prepárate y soportar un poco más, pronto saldremos de aquí.
- ¿La hora? ¿Qué hora?
Zoroark lo miro y en un gesto de ademan, solo se dio vuelta y dio unos gruñidos mientras su cuerpo se iba deformando. Su melena iba pegándose a su cuerpo, el cual iba cambiando de tonos negruzcos a grises y pronto a blancos. Su hocico fue acortándose y sus ojos fueron cambiando de forma y de color. Sus garras fueron desvaneciéndose y pronto una piel blanca fue apareciendo, dejando atrás el pelaje. Un hombre ocupo el lugar de la bestia y los gruñidos fueron dando paso a las carcajadas de riza que emitía el individuo. El doctor había regresado.
- ja, ja, ja, ja veo que estas muy poco informado para ser un agente del señor Destroir… como sea, si todo marcha bien, en poco tiempo saldremos de aquí.
Gabriel no quiso perder la oportunidad de preguntar por aquello que había dicho antes, por lo que en cuanto vio que el Zoroark se miraba si su trasformación había sido efectiva, procedió a preguntarle.
- recién dijiste que había otro como yo que había llegado… ¿quién es ese otro?
El doctor se dio vuelta. Pero en cuento intento decirle, sus palabras fueron interrumpidas.

“Raaaaaaaaggggg”

El aire se estremeció con profunda gravedad. Era como un enorme eco que se esparcía por el aire, pero que llegaba más apagado al interior del  laboratorio. Aun así, por su magnitud y timbre, era evidente que se había formado afuera y que era originalmente fuerte. El Zoroark-doctor, lo miro con malicia y una sonrisa maquiavélica le cruzo las mejillas.
- la hora ha llegado – dijo, y Gabriel sintió como su corazón se estrujaba.


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« Última modificación: 10 de Noviembre de 2012, 05:40:04 am por DARKRAIKOU »
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Re:[FanFic] Apocalipsis Pokémon
« Respuesta #12 en: 16 de Noviembre de 2012, 03:49:23 am »
• Capítulo XI – Crepúsculo

Pasaron unos minutos antes que la gente sintiera que su mundo volvía a ser solido y la tierra que pisaban, mas firme. Un estruendo, un chirrido fuerte y agudo, se había escuchado por toda la ciudad. Resonando y vibrando como eco aun entre los altos edificios de la metrópolis acordonada.  Tanto los militares como los civiles sintieron aquello como un golpe, que dejo a muchos casi en estado de inconsciencia, los peores sufrieron de cuadros donde les sangraban los oídos.
Al fin, el ruido había pasado y algo de calma parecía existir en el aire.
- ¿Qué fue ese estruendo?- dijo Gabriel, mientras miraba hacia todos lados, como esperando localizar el lugar de donde había llegado aquel sonido, las que ahora parecían ser solo un eco.
La criatura con forma de hombre se acerco. Con su bata blanca y sus ojos algo turbios, le dijo al odio, casi como susurro. “esa es la señal”



El aire trasmitía un aroma diferente, algo que le recordó un momento, algo que trajo un recuerdo sórdido en la mente. Adentro de la oficina, era posible encontrar los cuerpos convulsionantes de los concurrentes, que intentaron escapar u ocultarse de aquel estruendo sin ningún éxito. Luego que el sonido desapareciera en el cielo, unos minutos pasaron antes que Susan y su grupo, y el general y el resto, lograran ponerse de pie.
“¿Qué fue eso?” pensó Max y los demás. Susan parecía algo más afectada, su mirada permanecía perdida en algún rincón del vacío.
El general no perdió tiempo, de inmediato se levanto y tomando por el hombro al soldado que lo había citado y que se había desplomado con sus tímpanos afectados y sangrantes, salió de la sala, seguido del alcalde, el secretario y los guardias. Solo el grupo de la resistencia se quedo allí.
- ¡Susan! ¡Reacciona! – le grito Jonathan seguido de una bofetada que la saco de la nube del olvido y la trajo de vuelta a la tierra firme. Susan miro a todos los que estaban allí, como si sus rostros fueran desconocidos o los estuviera por olvidar.
- ¡Jefa! ¡Jefa, tenemos que rescatar a Gabriel! – dijo Max, quien se puso enfrente de su cara, y vio como sus ojos parecían perdido en la profundidad. Las manos de la jefa temblaban como si tuviera frio, como si tiritara por el congelamiento.
- esto es grave, muchachos… ella solo se pone así cuando recuerda “aquello”… tenemos que sacarla de aquí lo antes posible… - les dijo Jonathan, tomándola por la fuerza y cargándola en su espalda. En puso un pie fuera de la oficina, las serenas de la ciudad se encendieron todas al mismo tiempo.
En ese instante, Susan reacciono y con la fuerza que tenía se soltó y salió corriendo. Atravesó un amplio salón que conducía hacia los ascensores y adentro de uno de ellos se introdujo.
- ¡Susan, espera! – le grito Jonathan, quien vio como el ascensor se cerraba en frente de su cara, su mirada perdida había cambiado y ahora tenía una voluntad chispeante.
- ¡tengo que avisarles… avisarles de “él”! – fue lo último que escucho Jonathan, antes que la puerta se cerrara



El general camino raudamente el espacio que los separaba del ascensor. Allí presiono el botón que llamaba a la maquina y le ordeno  los guardias llevarse al alcalde y a los demás en el otro y ponerlos bajo resguardo en el bunker especialmente acondicionado para aquello.
Tomo el ascensor y bajo hasta los pisos inferiores, los subterráneos que habían sido acondicionados como cuarteles generales de la defensa y el espionaje. Allí adentro los esperaban oficiales y soldados que parecían no haber sufrido nada de lo ocurrido en la ciudad. Era de suponer que por la profundidad y el material de la construcción, poco era el sonido o ruido que llegara hasta aquella instalación.
- veo que la aislación contra ondas es efectiva… maldita sea que no podamos tenerla en todos lados… quiero el reporte de la situación.
Un oficial se acerco. Traía unos papeles que de inmediato se puso a leer en los puntos más importantes.
- Señor, al parecer nuestros radares han detectado el movimiento de cuerpos desconocidos en dirección a Nueva Edimburgo, han cruzado las montañas desde la costa, conformando un cuerpo de tierra y aire, según nuestros cálculos seria casi 1000 individuos.
El general quedo sorprendió, por lo dicho.
- ¡¿a cuanta distancia están?!
- Están a unos 50 km de distancia hacia el este, señor. Si continúan con la misma velocidad, los elementos aéreos llegaran aquí en unos 30 minutos y los elementos terrestres en aproximadamente 50 minutos, señor.
- ¡50 km! ¡30 minutos! ¡Pero que fue ese ataque!
- Aun no lo sabemos señor.
- ¡y la alarma! ¡Que ha sido de la alarma!
- en cuanto Ud. Llego fue encendida señor. La población comenzó a ser evacuada en forma inmediata.



Los guardias entraron de inmediato, pasado unos minutos después que el sonido estruendoso se acallara. El Zoroark se escondió en las sombras y le dijo Gabriel que se escondiera. Los soldados llamaron con algo de temor en sus voces al detenido y al doctor.
- ¡está todo bien aquí, doc…! - no alcanzo a terminar sus palabras, cuando su voz fue sesgada. Su compañero grito de miedo. Disparo algunas balas al aire sin tener idea de lo que hacía, tanto así que una bala paso disparada unos centímetros de la cara de Gabriel. No pasó mucho tiempo antes que el este soldado terminara de igual manera que su compañero, silenciado permanentemente.
Cuando todo quedo en silencio, escucho que la criatura lo llamaba.
- bien… ahora todo estará bien ¿no lo crees?
Gabriel se levanto y miro en todas direcciones. Desde una penumbra, un charco de sangre comenzó a correr como un rio. Era evidente que los cuerpos de los dos soldados estaban ocultos por la oscuridad.
- ¡los mataste!
La criatura lo miro como diciendo “que clase de tipo eres”, al final no le dijo nada. Salió afuera y luego de unos minutos, regreso rápido.
- ¡Ven, vamos! ¡Ahora está todo silencioso!… ¡podemos escapar!
Los Pokémon siguieron al Zoroark, y detrás de ellos salió Gabriel, algo temeroso. En cuanto puso un pie fuera, la bocina de una sirena de alarma se escucho. No era como el estruendo de antes, pero indicaba que cosas extrañas estaban pasando allí afuera, fuera donde fuera que estuviera.
Había que recorrer algunos pasillos y corredores, la mayoría daba a puertas metálicas y que parecían contener cosas ocultas dentro. Otras daban paso a habitaciones con grandes ventanales que permitían ver lo que había dentro. La mayoría contenía químicos y frascos.
El Zoroark, camino rápido y sigilosamente. En cuanto veía que no había problemas, indicaba con una señal a los demás, un grupo numeroso de unos 15 Pokémon pequeños y un humano, quien iba bien atrás y en ocasiones le perdía la pista a su extraño “salvador”. De un momento a otro, algunos pasos indicaban soldados moviéndose, los que se escurrían ágilmente tomando otro camino o quedándose en silencio para no llamar la atención y entrando en alguna habitación a oscuras y mayormente desocupadas.
- ¿oye… Pokémon? ¡Sabes por dónde salir?
- no me digas Pokémon… es así como los humanos nos pusieran, además tengo un nombre… me llamo Karaid. Además si es por donde podemos salir, hay una salida que antiguamente se usaba y conducía a las alcantarillas… es la mejor forma de salir, sin ser detectados.



“¡Mama, mira!” dijo una pequeña niña. Las personas de nueva Edimburgo estaban siendo llevadas a los refugios subterráneos que había, que en el pasado había sido el metro, pero que en la actualidad, habían sido modificados para fines más prácticos.
Los militares por medio de sirenas de los cuarteles de bomberos, de torres altas y de megáfonos sobre vehículos, hacían el llamado insistente a evacuar hacia los refugios de la ciudad.
El cielo se había abierto, pero un extraño viento comenzó a soplar. Al principio parecía venir del norte, pero en seguida, otro del sur le siguió. La pequeña se zafo de las manos de su madre, quien aguardaba pacientemente en una fila que conducía al interior del ex-metro, cerca de la plaza principal de la ciudad. Su madre corrió tras de ella, y en cuanto la tomo y al cargo en sus hombros, la pequeña dijo sin mayor miedo: “¡Mama, mira!”
En lo alto del cielo, era distinguible una forma alargada y negra que parecía mantenerse suspendido en el aire. De repente, un brillo emano de eso y un estruendo de cemento y metal perdido, roto y destruido se sintió. El silencio más absoluto inundo su mundo y todo cayó en la eterna oscuridad.



“Pummmmmm”
Se escucho por entre la ciudad, mientras el aire sisilaba infernalmente. Gabriel intento mirar más lejos, pero los muros de los edificios le tapaban la vista.
Habían logrado salir del edificio y ahora se encontraban entre los muros de algunas construcciones viejas y en la mayoría de los casos abandonados. En frente, oculto por la suciedad y los escombros y viejos diarios, se encontraba  la entrada a un ducto que según le dijo su “compañero” llevaba a las viejas alcantarillas de la ciudad, fuera de la muralla y hacia la libertad.
- ¿que estas esperando? – le dijo Karaid. Mientras hacía que los otros Pokémon entraran uno tras otro, dentro de aquella oscura y mal oliente  puerta de escape.
- ¿Qué fue ese ruido?
- ¿Qué se yo?... ahora larguémonos de aquí…
Gabriel miro el cielo, sintió un aire diferente, una brisa que parecía trasmitirle alguna vaga imagen, un recuerdo que quería escapar de las profundas aguas del olvido. Allí permaneció, con su rostro hacia el cielo y sus ojos cerrados, metido en la inmensidad de su memoria.
- ¡qué haces!… ¡si nos quedamos más tiempo, nos atraparan!
- Karaid… no sé si realmente soy un traidor, un espía, o algo así… es más… seré sincero contigo, no recuerdo nada de lo de mi pasado, ni siquiera conozco a Destroir… ni sé lo que haces tú aquí, o lo que la resistencia hace, que sea tan importante… pero si de algo estoy seguro, es que algo en mi corazón me dice que que debo estar aquí… justo aquí…
Karaid, lo quedo contemplando un instante, después de que el último Pokémon, un pequeño Lillipup entraba y era tragado por el umbral. Luego sin más aviso, dio unas carcajadas que hicieron pensar a Gabriel que los soldados los descubrirían en cualquier momento.
- ¡cállate, si no quieres que nos pillen! – le dijo en voz baja, mientras se acercaba a callar al extraño Pokémon zorro. Pero este termino de reírse en cuanto Gabriel estuvo a su alcance y rápidamente le sostuvo sus manos con fuerzas y acerco su rostro al del él.
- ¡en verdad eres un humano muy raro e interesante!… como lo había pensado el día en que te vi… estoy segura, que si fueras mi esclavo, la pasaríamos muy bien… suerte entones y si sobrevives… búscame.
Zoroark soltó  a Gabriel con violencia, al punto que este trastabillo  y se cayó de espalda. “estoy segura, dijo… ósea ¿era una chica?” pensó, al tiempo que se cuestiono sobre qué quiso decir con pasarla bien. Se masajeo la cabeza y movió su cabello, esperando que las ideas se fuera. De inmediato se puso de pie y tapo el escape con las basura que había estado ocultándola antes, cuando termino, solo pudo pensar en no encontrarse con ese Pokémon nunca más.
Camino en dirección opuesta. Cruzando el espacio entre los edificios, hacia una calle que parecía estar llena de personas, por el bullicio que crecía a cada paso que daba. Fue entonces cuando vio que su sombra comenzaba a desplegarse y a caminar más rápido que el. El suelo comenzó a colorarse de un tono amarillento y rojo y un calor vibrante e intenso se sintió a su espalda. Dio media vuelta y vio una gigantesca bola de fuego que volaba sobre él y los edificios que lo resguardaban. No alcanzo a hacer nada cuando callo fuera del alcance de su visión.
 “bum”
Sintió. Un sismo remeció la tierra, fuerte y sentido que remeció el sedimento y los ladrillos de los edificios. Pronto un fuerte viento, las ondas de choque, derribaron a Gabriel quien había comenzado a correr hacia la dirección del incidente. Se puso nuevamente de pie y noto que su nariz sangraba por el golpe que se había dado, corrió por el callejón polvoriento y salió hacia la calle que había estado, al parecer, algo concurrida.
Fuego y devastación fue lo que aprecio en cuento el polvo se asentó en el suelo. El calor se sentía aun a varias decenas de metros y había cuerpos caídos y calcinados de soldados por doquier. “¿Qué fue lo que paso?” alcanzo a preguntarse, cuando de improviso un ruido estruendoso, casi tanto como el primero, se dejo escuchar.
“¡Rayaaaaaaaa….!”
Una figura grande y delgada, tan negra y oscura como la noche en medio de un cielo azul que se tornaba oscuro por la moribunda tarde. Aquella cosa rugió, mientras Gabriel veía con horror frente a sus ojos aquella serpiente oscura de la destrucción.



Los soldados quedaron algo atónitos, al ver por medio de sus monitores como un edificio se desplomaba sobre la plaza, la misma que había sido centro de la evacuación y donde algunas personas habían permanecido esperando poder entrar al metro, pero que habían muerto aplastados por los escombros de la edificación.
- ¡¿de dónde vino eso?! – Preguntó como ordenando, el general, mientras sus ojos pasaban del monitor a los soldados y oficiales que allí estaban - ¡¿Quién nos ataco?!
Los oficiales comenzaron a moverse y a llamar por teléfono de línea, a quien sabia que, todos allí estaban confundidos, parecían haber sido atacados sin mayor aviso, teniendo en cuenta que aun tenía varios minutos antes de la llegada del ejercito de enemigos.
- General… esta miembro de la resistencia solicito hablar con usted, con urgencia señor – le dijo un soldado, mientras hacía pasar a Susan.
- es usted una persona muy insistente ¿no? Pero por desgracia este no es el momento de continuar con la conversación sobre el civil… como vera, estamos siendo atacado.
- ¿sabe quien fue el que ataco? – pregunto Susan
- por el momento no tenemos idea… tenemos un ejército de monstruos acercándose a unos 15 minutos… pero sobre este ataque repentino, no sabemos, si es la misma u otra fuente.
“bum”
Se dejo escuchar y esta vez los monitores cambiaron y mostraron el distrito de la cárcel, donde había un piquete de soldados que se estaban preparando. Una gigantesca columna de humo negro se alzo hacia el cielo y las llamas de fuego se alzaban danzantes sobre la pila de escombros que quedo después de un segundo ataque.
“Destroir” dijo Susan, casi susurrando, pero fue oído por el general. En el momento en que este le quiso preguntar sobre lo que sabía, un soldado grito que había localizado la fuente del ataque. En el monitor de mejor definición y mayor pantalla, se pudo apreciar a una cosa negra y larga que revoloteaba sobre el cielo a las afueras de la metrópolis, suficientemente grande como para ser vista.
“¡Rayaaaaaaaa….!” Rugió la cosa.
- es él… es Destroir… el Rayquaza negro… - dijo Susan.
- Destroir… ¿uno de los 7 comandantes de los monstruosos?
- así es… el mismo. Aquel que comanda el ejército de dragones… al que le llaman “El Arrasador”…
El general llamo a sus oficiales. Sus ojos por primera vez reflejaban en parte el temor.
- llamen a todos los cuarteles y den la orden de defender la ciudad a toda costa… si es necesario, armen a todos los civiles adultos de la guardia… ¡trasmitan mis órdenes ahora!
Los oficiales, partieron de inmediato a sus puestos, los que tenían la misión de ir en persona, salieron rápidamente del centro de mando. El general se quedo solo dando órdenes y armando la defensa de la ciudad metrópolis en contra de un enemigo que parecía tener reputación.
Susan se acerco al soldado que controlaba los monitores y le pidió que le mostrara todas las cámaras que estuvieran conectadas en el distrito penitenciario, el que había sido atacado. El soldado accedió de inmediato y fue pasando cámara por cámara. Algunas mostraban los interiores de la cárcel y otras dependencias cercanas, la mayoría mostraba las afueras, las calles y los escombros y el fuego esparciéndose después del ataque. En una de estas, Susan reconoció algo.
- regresa a la cámara 23.
El soldado de inmediato lo hiso. Allí, podía ver a un sujeto que permanecía frente al edificio destruido, rodeado de cadáveres y contemplando las llamas. Parecía estar mirando la cámara, aunque su postura indicaba que no era así.
“Gabriel” pensó de inmediato, al reconocerlo por el collar que tenia puesto y la ropa que le había visto cuando lo detuvieron. En ese momento, vio como algo brillante se acercaba y la cámara dejo de trasmitir. Solo interferencia y ruido de fondo de escucho, todas las cámaras del sector terminaron desconectadas.
- ¿Qué paso?
- no trasmiten, señor…
Susan sintió como un nudo en el estomago le apretaba. Salió corriendo de allí, dejando solo al general y a los soldados de la comandancia.



Gabriel camino lentamente hasta donde había visto volar en mil pedazos aquel edificio. Vio como los cuerpos de soldados escarian sangre y sus rostros trasmitían el miedo a la muerte y la sorpresa del ataque. Sintió una gran pena y sus piernas temblaron con cada paso.
Atrás de él, la criatura seguía serpenteando en el aire, moviéndose en el cielo y emitiendo chillidos como demostrando su poder, como demostrando su dominio del cielo y de la tierra, y de cuanto ser había en ellas.
Parecía que los edificios, que colindaban con el muro que rodeaba la ciudad, habían sido en algún tiempo edificios de apartamentos. Lugares que alguna vez fueron habitados por personas y familias, por sueños e historias. Pero en aquel momento, por colindar junto con la cárcel y el centro de detención, ahora eran ocupadas por la milicia nacional como refugio y centro de guardia para algunos soldados.
Un enorme cráter quedaba en el lugar donde se alzo un edificio, de culas raíces emergían alcantarillas rotas chorreantes de agua y llena de escombros de lo que alguna vez fueron muebles y objetos diversos.
- ¡por Dios!… - dijo para sí, viendo que él era el único que quedaba vivo en el lugar. Todos habían muerto. Allí se quedo mirando algo perdido aquel cráter y los cuerpos alrededor. Sentía que aquel no era su mundo.
“¡Rayaaaaaaaa….!” Grito nuevamente la criatura. El vello de su brazo comenzó a erizarse y de inmediato se dio vuelta. El Rayquaza oscuro lo había visto y comenzó a volar en dirección a él. Abrió su boca y una luz potente emergió de ella. Gabriel sintió como el corazón se le estrujaba y sintió a la parca tocar a su puerta. No hiso más, cerró los ojos y espero el silencio.


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Re:[FanFic] Apocalipsis Pokémon
« Respuesta #13 en: 25 de Noviembre de 2012, 05:35:05 pm »
•Capítulo XII – Furia de dragones

Una niebla lo inundaba todo. El suelo parecía algo borroso, mientras los objetos y cuerpos que había alrededor parecían ser como sacos inertes y sin definición. Miro sus manos y vio que su vista no estaba bien. Estaba sentado y su cabeza le dolía, no se había dado cuenta cuando se había caído y cuando se había sentado.
Tosió. Sus manos se mancharon con algunas gotas de sangre. No supo si definir aquel estado como estar vivo o si estaba muerto, pero si estaba muerto, al parecer aquello era el otro mundo del que los demás a hablaban y era idéntico al mundo del mas acá.
- ¿qué paso? – dijo para sí, contemplando sus manos y viendo hacia arriba con ojos perturbadamente vacios. Poco a poco comenzaron a aparecer las imágenes de lo sucedido.
El viento volvió a soplar y la bruma que lo cubría todo, comenzó a desvanecerse, dejando al mundo más nítido y claro.
“¡Rayaaa-yaaa….!”
Volvió a escuchar el rugir de la criatura. Su memoria fue golpeada por recuerdos acarreados por el temor que aquel ruido le originaron. Allí, al frente de él separados por unos 15 metros de distancia y unos 5 de altura,  permanecía inerte un objeto que fue tomando forma con cada brisa que alejaba la niebla. Era el Rayquaza oscuro de líneas brillantemente amarillas y ojos chispeantes e inmisericordes.
El Rayquaza serpenteo en el aire, en cuanto la niebla se disipo por completo y Gabriel, viendo que aquella enormidad de ser, se acercaba velozmente, intento correr, cosa que no consiguió sino un simple y mal gateo. El Rayquaza tomo a Gabriel con sus garras y se lo llevo volando hacia el interior de la ciudad.
No pasó mucho tiempo antes que los militares de la metrópolis respondieran y desde las azoteas de los edificios, como desde las calles con artillería pesada, respondieron a la criatura con balas y cohetes. Las líneas amarillas brillaron y una corriente de aire se arremolino en torno a la criatura, tan fuerte y rápida que desde el interior parecía que todo lo que Gabriel miraba parecía borroso, como cuando el aire caliente asciende y distorsiona la visión del pavimento.
Para infortunio de los soldados, ninguno de los misiles y balas llego a tocar a Rayquaza. Tan poderoso era el bucle de aire que lo rodaba, que la mayoría fueron desviados y terminaron explotando en el aire o en el suelo, matando e hiriendo a los mismos soldados que los habían lanzado. Incluso las balas de armas automáticas y de francotirador, ni siquiera lo tocaron.
El dragón oscuro, como respuesta a este ataque, abrió su hocico y una luz brillante surgió de él. Como sintiendo la presión de la fuerza, comenzó a ponerse rígido a contraer los músculos del cuello mientras retrocedía la cabeza y la luz se intensificaba. Presiono con fuerza las garras y Gabriel sintió como el aire se le escaba. Luego con un movimiento rápido de sacar la cabeza nuevamente, un potente haz de luz, un rayo de alguna clase, salió disparado en contra de los soldados, atravesando el muro de viento que lo protegía.
Un tanque se encontraba en la calle principal, fue el primer blanco, mientras el raso rasgaba el suelo y daba su último golpe en un edificio alto, destrozando sus interiores y haciendo trizas el concreto y el acero. Grandes explosiones se dieron en todos lados, el tanque voló en mil pedazos, lanzando a los soldados con violencia hacia los alrededores como si fueran muñecos de trapo. Los que fueron alcanzados fueron vaporizados por la intensidad de la energía usada, mientras que los que estuvieron a menos de 5 metros, salieron todos prendidos en llamas, como si hubiera sido fuego.
El edificio comenzó a tronar, a tambalearse y al final se desplomo sobre la calle, sepultando los cuerpos muertos y mandando a la tumba a muchos que no lograron escapar. Las llamas de las explosiones comenzaron a esparcirse por todo el distrito.
El Rayquaza se relajo un momento, permitiéndole a Gabriel respirar más profundamente. Había contemplado el nivel de poder de la criatura y comprendió el nivel de respeto que parecía tenerle el Zoroack, cuando estuvieron juntos. En verdad era todo un Señor de la Destrucción, como su nombre parecía indicar.
Los solados tomaron unos segundos antes de iniciar nuevamente su ataque, por más inútil que este pareciera.
- ¡estúpidos humanos!… ¡cuando comprenderán que no pueden oponerse a un Dios! – la voz era profunda y casi gutural. Gabriel quedo mirando sus profundos ojos amarillos, mientras se disponía a realizar un nuevo ataque. Abrió su hocico y un resplandor más intenso que el anterior dejo escapar, casi se podía sentir el calor que generaba y fue tanta la luz, que por un momento, cerró los ojos y aparto la cara.
- ¡cuidado!… ¡va a atacar! – grito un soldado, mientras los demás comenzaron una retirada, o se escondían donde podían, sabiendo el nivel del poderoso ataque. Destroir arco la cabeza para dar el impulso de lanzamiento y luego con un rápido gesto el destello mortal se prendió más que nunca.
“bum”
Y el cielo se lleno de un destello ígneo, seguido de una nube blanca y gris que cubrió la bóveda del cielo.
“Aaaaaaaaaaaah…” se escucho, mientras desde la parte baja de la nube, un cuerpo caía, como un cometa a toda velocidad contra el suelo. Gabriel no supo que había ocurrido, pero ahora se encontraba cayendo, mientras miraba la nube que cubría a su captor y volteaba la cabeza, para mirar el suelo que cada vez se hacía más grande, más cercano.
“mierda” pensó Gabriel, sabiendo que desde esa altura y a esa velocidad, le mejor que podía esperar era una muerte rápida, antes que una agonía terrible. Entonces vio que su vista comenzaba a nublarse pero de un tono rosa, como si alguien le hubiera puesto un papel celofán en frente, uno de color rojo muy tenue y el mundo se hubiera vuelto diferente.
Sintió que su cuerpo pesaba menos y hasta sintió que el viento en sus oídos silbaba menos. Dio media vuelta y vio que el suelo parecía acercarse cada vez más lentamente, hasta que su cara estuvo a unos 50 centímetros de tocar el pavimento. Su cuerpo brillaba con un tono rosa.
Se inclino hacia atrás y sus piernas tocaron el suelo. Había caído desde una altura de más de 200 metros y había llegado ileso hasta el suelo… pero ¿Cómo?
- ja, ja, ja, eso estuvo cerca, ¿no lo crees? - escucho una voz que claramente se le dirigía. Volteo la vista y contemplo a una chica vestida de con playera amarilla y pantalones de jeans rojos. Tenía unos anteojos oscuros que cubrían sus ojos, su cabello era arremolinado y salvaje, todo controlado por algunos prendedores de cabello que tenían motivo de flores. En su hombro izquierdo tenía un tatuaje de un dragón. Junto a ella había un Alakazam y un Ninetales.
- así es… casi mueres. Pero para tu suerte llegamos justo a tiempo – escucho decir desde el otro lado. Sobre un tanque destrozado por el ataque de la criatura y aun humeando, un chico vestido de chaqueta azul abierta y sin playera, con unos pantalones de cuero negro con cadenas y botas negras. Llevaba sobre un pañuelo atado alrededor de la cabeza, dejando su cabello castaño erizado y apuntando al cielo. A su lado, había un Lucario y un Arcanine.
Gabriel quedo allí algo confundido por la aparición de estos sujetos. No sabía quienes eran y ellos parecían no sentir temor por los Pokémon que permanecían su lado, es más, el sujeto comenzó a acariciar al Arcanine que tenia y este casi parecía emitir algunos sonidos de gusto, recordándole a un perro. “¿quiénes son ustedes?” pegunto algo molesto por la situación de incomodidad que él sentía y la completa indiferencia de la seguridad que ellos tenían y le dejaban ver.
Sin esperar mucho, la chica corrió al lado de Gabriel, ignorando completamente su pregunta. Se lanzo a los brazos de este quien reacciono de inmediato cogiéndola y soportando el impacto, tenía uno amplios pechos, pensó Gabriel al sentir sus bultos pegados a su cuerpo. Comenzó a pasar su mano delicadamente por el brazo de Gabriel, luego por su hombro y llegando hasta el collar. Gabriel se sintió sonrojado al sentir como sus dedos acariciaban su rostro, sus mejillas y terminaban en su boca. Casi puso sentir un dulzor.
- ¿Por qué tienes puesto esa cosa? - le pregunto la misterios y desinhibida chica la pasar sus dedos por el collar. La que parecía más coquetear con Gabriel que preguntar, ya que se movía y apretaba su abultada delantera en contra de él a cada momento y le hacía olvidad por completo la situación de riesgo en que él se encontraba. Su cara estaba completamente roja.
- la verdad… verdad…
- déjalo Javy… debe ser gótico o masoquista… - grito el chico misterios. Quien dio un salto y cayó al piso de la calle con gracia, seguido de los Pokémon que tenia a sus costados – el ejército no tardara en reaccionar. Además debemos ayudar a la comandante del R7 a salir de aquí, esa es nuestra misión.
“misión” pensó Gabriel y de inmediato recobro el juicio. Tomo por los brazos a la Javy y la alejo lo suficiente para impedir que siguiera con sus actos provocativos. Sentía un calor inmenso, pero tenía que mantener la cordura y la frialdad del momento.
- ¡espera!… ¡dices que están ayudando a Susan! ¡Son de la resistencia!
El chico camino hacia los dos. Allí agarro del brazo Gabriel y le apretó fuertemente, este soltó a Javy y ella se escondió detrás del sujeto.
- ¡nunca vuelvas a tocas a mi chica!… ¡entendiste! – le dijo, mientras lo arrojaba hacia atrás. Gabriel quedo mirándolos, pero aun no había recibido respuesta. Volvió a hacer la pregunta y esta vez el sujeto respondió algo -  ¿te refieres a la comandante Susan del R7? Claro… nuestro líder nos pidió escoltarla hasta los cuarteles de la resistencia en cuanto se entero que esta ciudad seria atacada por Destroir.
“¡Rayaa- yaaa-yaaa….!”
El aire y el humo se disiparon con violencia, mientras unos brillantes y amarillos signos parecían recorrer todo su cuerpo reptiliano. Sus ojos parecían haberse tornado rojos por la irritación y de inmediato los dos sujetos se pusieron de guardia.
- como se atreven a atacarme… como se atreven a traicionarnos a nosotros… - gritaba la criatura mientras descendía hacia el suelo y terminaba reposando a unos 20 metros de ello.
- jamás te hemos traicionado… porque jamás te juramos lealtad, ni a ti, ni al él… eres tu el que traiciono a los nuestros cuando te uniste a él, y comenzaste a luchar en esta estúpida guerra… - dijo el Lucario, mientras daba pasos decididos hacia adelante.
- los humanos nos han causado solo dolor y tristeza… desde el día en que los conocimos. Porque habría de aceptarlos si ellos nonos han aceptado… ¡eso jamás lo aceptare!
- Destroir no tienes derecho para decidir quien vive o quien muere… ni tu ni los humanos. Han cometido errores, pero también nosotros, si no terminamos con esto, esta escalada de violencia solo aumentara más y más…
El Rayquaza al escuchar esto último, se elevo rápidamente hacia el cielo y desde las alturas dejo sentir su risa. En ese momento, unos jeep y unos tanques aparecieron desde las cales aledañas, seguidos de unos solados que traían metralletas y granadas, cargados hasta los dientes. El aire retumbaba con un zumbido que indicaba el aproximamiento de helicópteros desde algún aeródromo cercano.
- Creo que no podemos razonar ni con Destroir ni con los militares – dijo el misterioso chico – bien… si quieres, puedes venir con nosotros, pero no queremos que te interpongas en nuestro camino… Ninetales, lanzallamas contra ese muro.
El Ninetales, se encorvo y de sus labios emergieron chispas de fuego que fueron dando paso a fuego encendido. Abrió el hocicó y una bola de fuego salió despedida hacia una muralla que se encontraba en el fondo de un callejón. Los soldados en respuesta a esto, apuntaron sus armas hacia el grupo y dispararon sin dar aviso previo.
El Alakazam extendió sus manos y una luz tenuemente rosa cubrió el paisaje. Era un campo de fuerza que desvió la mayoría de las balas y las otras las detuvo en el aire.
- que estás haciendo… vámonos o quieres que te maten, Mirash no podrá soportar por mucho tiempo esto – dijo el hico, viendo a Gabriel algo atónito ante el hecho de que una criatura fuera capaz de semejante cosa.
Javy subió al lomo del Arcanine, mientras Gabriel y su novio corrían tras de ellos, seguidos de Ninetales y Mirash. Atrás quedo Lucario, quien se mantenía contemplando el cielo engalanado por una serpiente negra y jocosa.
- ¿qué le pasara a ese Lucario?
- no te preocupes por el… es más hábil que mucho, lo más seguro es que este bien.
“bum” se dejo sentir, mientras cruzaban el callejón y llegaban hasta una calle contigua al bloque de edificios. Una explosión de energía había ocurrido, posiblemente el Rayquaza había comenzado su ataque.
- no te quedes atrás… sigue – le grito Javy a Gabriel. Ella corrió hacia él y, agarrándole la mano, lo arrastro entre los vehículos y tiendas que alguna vez fueron usadas por las personas, pero cuyas calles ahora estaban desiertas.
Caminaron como unos 15 minutos. Siguieron una amplia avenida, dando zigzag en cada intercepción, mientras los militares se desplazaban y se concentraban en el lugar del que ellos habían venido. Pronto se escucharon otros estruendos. El cielo comenzó a ser gobernado por sombras que se elevaban y descendían mientras el sol caí en las lejanías y las sombras de la metrópolis se extendían más y más. El ejército de dragones había llegado.
Llegaron hasta un puente y de inmediato notaron que había algo malo en este. Un autobús escolar comenzó a zigzaguear, mientras volando sobre este, un Salamance le seguís de cerca. El Salamance lanzo un lanzallamas que por poco, casi le da al autobús, el que esquivo rápidamente el ataque y casi se descarrila del puente, una figura emergió desde el techo y comenzó a disparar con una metralleta a la criatura quien se alejo del vehículo, pero sería por solo unos segundos. Otro grupo de 2 Salamanece los seguís de cerca.
En cuanto estuvieron al alcance, el chico dio la orden.
- Arcanine y Ninetales, lanzallamas contra esos dos.
Unos poderosos chorros de fuego fueron a dar contra los dragones, de los cuales uno fue golpeado y el otro lo esquivo por poco. El otro Salamance fue golpeado por una fuerza invisible, creada por el Alakazam que respondió a la orden de Javy.
- ¡Es el autobús de Susan!
El auto bus logro cruzar el puente y se detuvo en frente del grupo. El ultimo Salamance, se había quedado solo, volando y rugiendo en amenaza, luego dio media vuelta y regreso a la otra rivera, donde las figuras de dragones, parecían arrasar y llenar de incendio y destrucción aquella parte de la ciudad.
La puerta se abrió y una figura familiar descendió desde su interior. Era la comandante del R7.
- ¡Susan! – dijo Gabriel quien de inmediato se acerco a ella y la abrazo, como olvidando todo el mal que le había hecho. Por muy mal que se halla sentido con Susan, ella y su grupo eran las únicas personas que conocía.
Detrás de ella,  descendió Jonathan y Gisela. Max se quedo en el asiento del volante, y saludo desde allí. Todos parecían sorprendidos de encontrar a Gabriel, pero aun mas de ver con quienes estaba.
- ¡Víctor, que estás haciendo aquí! – dijo Jonathan, quien parecía el más sorprendido de todos.
- vaya… así saludas a un viejo conocido… cuanto tiempo sin verte Jonathan y a ti, Susan… increíble, mírate, ya eres una comandante de escuadrón de la resistencia.
- estamos sorprendidos de verte, Víctor, mas aun tomando en cuenta que dejaste la Resistencia Unida cuando te pasaste al bando contrario.
- bando contrario… siempre confundiendo las cosas ¿no, Susan? – respondió Víctor, mientras daba vuelta y se acercaba a su novia.
- ¿unirte a los Pokémon no es traicionar a la humanidad?
- yo no me uní a ellos… ellos y nosotros nos unimos… pero claro, tu y la Resistencia no lo vieron así y nos expulsaron a todos… me dan lastima pensar que alguna vez fuiste mi mano derecha, y tu Jonathan… también me das lastima.
El aire se volvió pesado, enrarecido por la atmosfera de rencor que había en ellos y alimentado por el misterio de sus historias, que Gabriel entendía muy bien.
- a que han venido aquí… - preguntó Susan, con algo de dureza en su voz. Debido a que ni Víctor ni Javy parecían decir algo, Gabriel tomo la palabra, aunque después se arrepintió de hacerlo.
- bueno… ellos dijeron que venían a ayudarlos…
- ¡¿y quien les pidió su ayuda?! Jamás solicite ayuda de unos traidores como ustedes.
- acaso crees que nosotros quisimos ofrecernos a esto… eres la última persona en esta tierra, Susan, con la que me gustaría encontrarme… solo fueron ordenes y punto.
- ¡¿ordenes?!… ¿eso fue todo para ti? ¿Solo ordenes?
- ¡sí, solo fueron ordenes!… ¡me ordenaron sacarlos de esta ciudad, antes que terminen muertos y no cumplan con su misión!
Susan dio unos pasos hacia tras, mientras, volteaba la cabeza y quedaba quieta. Jonathan se acerco y la abrazo, sin antes lanzarle una mirada encendida a Víctor. Este por su parte se quedo de brazos cruzados, dejando sin ánimos de estar junto a él, a la pobre Javy y a unos desconcertados Gabriel y Gisela, quienes parecían no comprender mucho de la situación.
Si has venido a cumplir una misión… entonces cúmplela, pero no vuelvas a hablar con Susan, hoy ha sido un pésimo día para ella – le dijo Jonathan mientras hacía que la comandante del grupo subiera al autobús escolar
Gabreil y Gisela subieron, seguidos de Javy, quien quiso abrazar a Víctor, pero este parecía muy lejano, en sus pensamientos. Luego montando a Arcanine, siguió al autobús desde atrás, junto con Ninetales. El Alakazam estaba sentado en el techo, en posición de flor de loto. Adentro, Susan y Jonathan se sentaron cerca del piloto, mientras Gisela, Gabriel y Javy se sentaban atrás, algo alejados de los dos, que parecían estar hablando y discutiendo algo. Javy estaba triste.
- ¿Javy… que es lo que te ocurre? – pregunto Gabriel, sin pensarlo mucho, muerto de curiosidad y ganas de entender un poco más. Gisela lo quedo mirando algo enfurecida, pero Javy no hiso gesto alguno, es mas hasta le respondió y le aclaro en parte de sus dudas.
- es que estoy enojada… enojada conmigo misma. Víctor es mi pareja, pero siempre parezco vivir a la sombra de Susan… ¡Soy una tonta! ¡Una tonta!
En ese momento, un haz de luz salió disparado sobre el bus, y termino varias cuadras en frente. Una explosión destruyo los edificios que colindaban con la avenida y estos se derrumbaron. El autobús se detuvo y todos voltearon la vista. Destroir los había encontrado.
- ¡Que estás haciendo! ¡Acelera! ¡Acelera! – les grito Víctor mientras se bajaba del Arcanine y subía el autobús. En ese instante un resplandor emergió de la criatura y de inmediato supieron que serian atacado.
- ¡Arcanine y Ninetales! ¡Lanzallamas ahora! – ordeno Víctor.
- ¡Mirash, Campo de Fuerza! – ordeno Javy.
Los chorros de fuego volaron por el aire, mientras que un poderoso haz de energía salió de la boca de Destroir. Ambas fuerzas chocaron, pero el ataque el Rayquaza oscuro era inmensamente poderoso, esfumo las llamas y el rayo se precipito hacia ellos. Una tela fina de formo en torno de ellos, pero el impacto fue tan grande que se destrozo a los pocos segundo. Todos fueron ruido y luego oscuridad.
Cuando Gabriel despertó, se encontraba en el suelo. Estaba mareado y no supo que era lo que ocurría hasta que sus recuerdos comenzaron a aparecer. Sintió la necesidad urgente de ver lo que había ocurrido y en cuanto se irguió, se encontró con un escenario solo posible den una guerra. El autobús escolar había sido destruido.
A unos escasos metros de los incandescentes trozos del vehículo, se encontraba el cuerpo de Susan tendido en el suelo, mas allá estaba Jonathan y Max. Del lado puesto estaba Giselle y Javy, y junto a él, estaban tendido Víctor, quien parecía no tener signos de vida.
Arcanine, Ninetales y Alakazam, permanecían tan inmóviles como los humanos, habían agotado sus fuerzas o habían muerto. Destroir se acerco lentamente al grupo, mientras contemplaba el resultado de su obra. Aunque era difícil describirlo, parecía tener una sonrisa maquiavélica.
- ¡ja, ja, ja… les dije que no podían oponerse a la voluntad de un dios!…  - dijo con voz profunda y siniestra - ¡ahora mira… este es el destino que tu y los tuyos compartirán! ¡Todos morirán y lo último que escucharan será mi voz, mientras te entrego a las tiniebla eternas!
Víctor despertó de su inconsciencia, pero no tenía fuerzas para poderse mover. El mismo pasó con los demás, humanos y Pokémon estaban tan heridos y lastimados, que no podían moverse. Solo Gabriel sintió algo de fuerzas que le permitieron ponerse de pie.
- así que enfrentaras tu destino de pie… muy noble, pero inútil.
- ¡¿por qué haces esto?!
- ¿por qué hago qué?
- porque nos atacas… porque nos lastimas… porque destruyes sin considerar las vidas… - sus ojos se humedecieron, unas lágrimas brotaron de sus ojos y cayeron por sus mejillas, hasta desprenderse de su piel y caer al suelo.
- preguntas hago lo que hago… bueno, como último deseo te concederé la respuesta. Hago lo que hago porque quiero y puedo. Así como los humanos hacen lo que quieren porque quieren  pueden…
- entonces, eres un monstruo…
El Rayquaza emitió algo parecido a una risa.
- todos somos monstruos.
Abrió su hocico y una luz potente emergió de ella. Era el ataque final que haría que todos ellos desaparecieran. “HiperRayo” pensó Gabriel, al recordar el nombre el ataque, pero eso ya no importaba.
“¡Gyaaas!”
Se dejo escuchar, seguido de un haz brillante y diminuto que cruzo el cielo y golpeo al Rayquaza antes que este pudiera realizar su ataque mortal. El Rayquaza salió despido y termino cayendo al suelo, donde el ataque exploto rompiendo los cristales de los edificios que aun los conservaban. Luego le siguió un fortísimo viento que levanto el polvo de la acera.
Gabriel miro y detrás de él, para ver la fuente de aquello. Era un Lugia.

...

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« Última modificación: 01 de Febrero de 2013, 06:48:17 pm por DARKRAIKOU »
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Re:[FanFic] Apocalipsis Pokémon
« Respuesta #14 en: 03 de Diciembre de 2012, 01:55:50 am »
• Capítulo XIII – Furia de dragones II

"Ahhhh” se escuchaba, mientras caía al vacio. Le seguía otros gritos mientras la lluvia de cuerpos parecía no terminar. Otros permanecían en tierra, apuntando y disparando a cualquier enemigo que pudieran ver. La ciudad estaba bajo ataque y todos parecían ser blancos.
Una explosión destruyo una gasolinera que estaba cerca, provocada por un ataque de fuego de un Salamance que había allí. Los soldados reaccionaron lanzando un misil antiaéreo, el que perforo la piel de la bestia y exploto, convirtiéndolo en mil pedazos. Unos Altaria y Skarmory se encargaban de agarrar a los solados descuidados, levantándolos en el aire y dejándolos caer hasta el suelo. Los Dragonite y Salamance se encargaba de causar daño a distancia, usando lanzallamas y ataques eléctricos.
Desde lo alto de los edificios, era apreciable como los Pokémon iban ganando terreno en las calles desde el muro oriental de la ciudad. Más allá de la muralla, donde los ojos humanos no podían ver,  el ejército terrestre había alcanzado los límites de las viejas ruinas de la ciudad. Allí guiados por un grupo de Garchomp, el ejercito de Rhydon, Steelix y Lairon, se preparo para el asalto final sobre la ultima metrópolis humana libre y soberana del noreste del país.
En el lado humano, por su parte, los civiles mayores y diestros, eran llamados contantemente a levantarse en armas y defender la ciudad. El ejército no daba abastos y era necesaria toda mano experta o con conocimiento suficiente. En los túneles del antiguo metro, los civiles se resguardaban y esperaban con impotencia el desenlace de lo que parecía ser el ultimo capitulo de aquella historia de penurias y drama.
- maldición… que pasa con las milicias cercanas.. – decía y maldecía el general, mientras sus soldados y oficiales intentaban enviar señales de auxilio a las fortificaciones y bases al oeste. Allí adentro, lejos de donde Gabriel y los demás estaban, era solo el caos, de tanta información y desgracia acaecida.
“gruuuuu” se escucho, seguido de un movimiento brusco del terreno. Allí en las puertas orientales de la gran muralla, los soldados listos y aprestados a defenderla sintieron como el piso se movía y la tierra temblaba. Era un terremoto, pero no uno cualquiera, era uno producido por la contantes golpes a la tierra de los Pokémon pesados, mientras que los demás, golpeaban las murallas o escarbaban bajo ellas, debilitando la estructura y haciéndola poco a poco más frágil.
- quieren destruir el muro, señor – dijo un soldado al percatarse de las intenciones de los Pokémon. Su superior intento llamar a la comandancia, pero no recibía respuesta.
- los monstruos destruyeron la línea en cuanto entraron, señor…
El oficial, sin mucho esperar, ordeno disparar desde lo alto de la muralla y usar las bobas contra las criaturas, antes que estas lograran destruir por completo la muralla. Eran horas decisivas, de miedo y valor.
...
Un viento soplaba suavemente, mientras el polvo y las llamas de alejaban y se dejaban morir por su sutileza. Sus blancas alas eran rodeadas de un aura blanquecina y azul, como el halo de la luna cuando esta brilla con mayor fuerza. Sus ojos reflejaban una fuerza y una amabilidad que jamás había visto en hombre o criatura alguna. Aquella criatura parecía estar hecha de luz, un ángel santo y poderoso que había descendido desde el cielo.
Suavemente, sus patas tocaron suelo y levanto su enorme tamaño, de unos 5 metros de alto, dándole un porte señorial y majestuoso. Jabre no supo qué hacer al sentirse superado por tan glorioso ser. Víctor y Javy, quienes habían despertado hacia unos momentos, contemplaron la llegada de la criatura con caras sonrientes y llenas de optimismo. Los demás, no sabía que rostro poner y la mayoría siguió la impresión de Gabriel.
- lamento la demora… amigos míos, pero tuve que auxiliar a Anubis, después de su batalla contra Destroir – dijo con voz serena y ceremonial aquella criatura de luz y majestad.
- ja, ja, ja… bueno, es mejor tarde que nunca… dicen – dijo Víctor mientras se levantaba como podía. Javy y Susan también intentaron hacer lo mismo.
El Lugia plegó sus alas y agachando su largo cuello, dejo ver en su lomo a un inconsciente Lucario. De inmediato el Lugia miro a Gabriel  el más próximo de todos y casi como telepatía este supo que tenía que ayudarle a bajar a su compañero de vuelo. Anubis, como se llamaba aquel Lucario, presentaba heridas, la mayoría parecían no ser grabes, pero una, que estaba en un costado precia ser más grave, de ella emanaba un rio de sangre que había manchado la blancura del Lugia y que dejaba su camino en el suelo.
- dios… que hago – dijo Gabriel, sin pensarlo mucho, en cuanto tuvo entre sus brazos a Anubis, quien permanecía inconsciente.
- tú… tú no puedes hacer nada… por desgracia… si tan solo el Sabio estuviera aquí… o nuestros poderes funcionaran completamente… tal vez…
- entonces… el morirá… – pregunto Gabriel, mientras sus brazos sostenían la cabeza de Anubis y este parecía comenzar a reaccionar.
En ese momento, Gabriel sintió como una cálida mano se posaba sobre su hombro. Era Víctor quien parecía muy lastimado, pero aun conservaba su mirada fuerte y llena de vida, solo que esta vez parecían brillar por la humedad de sus lagrimas. Anubis abrió sus ojos, y su mirada quedo prendida en la retina de Gabriel. Parecía tan sereno y calmo, al mismo tiempo que sabía que su hora llegaba.
- amigo… yo… - dijo Víctor, a quien se le unió Javy, Susan y los demás, quienes habían recobrado en parte las fuerzas, y quien parecían verse de alguna forma afectados por aquella situación.
-no… esto no es tu culpa, amigo mío… esto fue lo que yo decidí. Yo… yo quería enfrentar a Destroir con todas mis fuerzas, por el daño que nos había hecho a mí y mi familia… pero supongo que no estaba a la altura de un dios como el… Víctor – extendió la mano a su compañero, y este se la sostuvo – prométeme que vivirás para alcanzar tus sueños… prométeme que defenderás a los inocentes… como yo intenté hacerlo…
En aquel instante unas lágrimas brotaron de los ojos de todos los asistentes. Todos humedecieron a la tierra con cada gota de dolor que caía desde sus ojos. Gabriel cinto como el calor de la vida se iba desvaneciendo, mientras sus piernas eran manchadas con la sangre de un guerrero que había caído.
- ¡te lo prometo, Anubis!… ¡te lo prometo! – dijo con su voz quebrada.
- gracias amigos… en esta vida y en la otra, les estaré eternamente agradecidos… mis amig… -dijo, pero entonces que su brazo flaqueo, fue el momento en que su voz desapareció y su respiración ceso. El destino que a todos llega, lo había llevado de entre aquellos que lo rodeaban y lo amaron.
- ¡NOOOOOOO…! – grito furioso Víctor, al tiempo que Javy caía desconsolada al lado del cuerpo de su amigo. Susan y los demás, se quedaron quietos alrededor de la escena, agachando la cabeza y dando su última despedía a quien fue compañero de un conocido.
Gabriel, puso sus manos sobre el rostro feliz de Lucario, y cerrándole sus ojos, decidió darle el toque del sueño eterno. Su corazón se estrujo y sintió un apena inmensa, infinita que le inundaba ¿porque sentía tal tristeza por alguien que apenas conoció aquel día y del cual no había sabido antes?
- “todo lo que vive morirá…” - dijo con solemnidad y calma aquel Lugia, mientras sus ojos parecían también brillar por la humedad de la pena – “Pero todo lo que muere genera nueva vida. Todo lo que tiene un principio tiene un final, mas todo final, solo es un nuevo principio”... este es el final de un camino… pero el comienzo de otro.
“bum”
Y lo trozo de pavimento y chatarra algunos autos y demás, salieron despedidos. Una nube de polvo se alzo sobre la calle y de este una negrura sin fin salió despedía hacia el cielo. Se enroscó y quedo fijo allí, mirando la escena con sus ojos llenos de malicia. Destroir había recobrado el sentido.
- ja, ja, ja… pobre tonto… intento desafiar a un dios y tubo sus consecuencias…
- eres un monstruo Destroir… acaso esto es lo único que sabes hacer – le respondió Lugia.
- ¿si esto es lo único que sé hacer? Preguntas tu Argenta… pues claro… yo soy el Dios de la Destrucción, la mano derecha del Supremo que traerá la eterna dicha a esta tierra. Pero tú… siendo un dios, te has unido a los que se revelan en contra de su mano… tú has traicionado a los nuestros, en mayor medida que ese estúpido Anubis.
- crees que ser un dios, te da el derecho de hacer lo que se te plazca… aquel al que sirves no es más que un usurpador… un monstruo creado por los mismo a los que odias tanto… un demonio que nació sin alma, y tu, le has vendido tu lama a él.
- ja, ja, ja… no me importa si le he vendido mi alma a un demonio o no… yo solo sirvo a la destrucción, es lo único que deseo… ahora Argenta,  vamos… luchemos y zanjemos nuestras diferencias de una vez por todas.
Destroir ataco con un rayo de electricidad que fue interceptado por un ataque de Argenta. “bum” y la explosión de las fuerzas que chocaron una contra la otra se sintió por varios metros. Una nube cubrió el campo y separo por momento al grupo de su cazador.
- es hora… Víctor saca a los chicos de aquí… cumple con la misión. Yo me encargare de Destroir – dijo Argenta, quien desplegó sus alas y de un aleteo, que levanto una fuerte ráfaga, se elevo por el cielo. Destroir al verlo, serpenteo en el aire y una brisa removió los escombros por donde paso.
- Vámonos…- ordeno Víctor, mientras secaba sus lágrimas con su antebrazo.  Echo un último vistazo hacia atrás, contemplo el cuerpo de su buen amigo y con un pequeño gesto se despidió. Todos los demás lo siguieron, humanos y Pokémon.
Corrieron por unas calles antes de encontrarse con algunos problemas. La mayoría del terreno estaba destrozado por la guerra acaecida y de vez en cuando podían ver algunos efectivos de la milicia y Pokémon rondando por os alrededores.
- cuál es tu plan, Víctor – pregunto Susan, mientras se ocultaban en un callejón, mientras un tropel de Pokémon pasaba volando por la calle principal.
- no hay plan… tenemos que salir como podamos. Según se, Destroir ha tomado la puerta Este de la ciudad, por lo que deberemos tomar otra ruta de escape… la mejor opción que tenemos es salir por la puerta sur…
- la puerta sur esta como a 3 kilómetros de aquí… no llegaremos a tiempo, antes que los Pokémon nos acorralen y tomen el centro de la ciudad. Si tan solo tuviéramos el autobús…
- si un vehículo es lo que buscan, entonces podemos usar eso ¿no? – dijo Javy, quien les indico a los jefes un vehículo abandonado al otro lado del callejón.
Era una camioneta, que al parecer había sido olvidada o abandonada quien sabe por quién, pero que permanecía oculta entre pilas de diarios, y cajas que casi era invisible a la vista. En cuanto el terreno estuvo despejado y libre de enemigos, Max rápidamente reviso el motor y el tanque de combustible. Para su sorpresa, el tanque estaba a más de la mitad,  más que suficiente para recorrer los 3 kilómetros que los separaban de la puerta sur. Su problema fue la batería, la que se encontraba muerta.
- maldición… justo cuando teníamos algo de posibilidad – dijo Gisela, quien patio el cacharro en signo de frustración – no podeos tener algo de suerte.
- algo de suerte – dijo Javy – quien necesita suerte cuando cuenta a Mirash contigo… Mirash… usa un toque eléctrico para revivir este desperdicio de auto.
El Alakazam de inmediato se acerco y tomando un cable que Max había extraído, transmitió un poco de electricidad controlada. Max, sacando una navaja, abrió el panel de control y allí busco los cables que encendía el vehículo. Al cabo de unos segundos el motor se prendió, dándoles esperanzas de salir de allí.
- ¡muy bien hecho, Max!… ¡eres el mejor! – Le dijo Gisela – tu también Mirash.
- bien, entonces todos adentro – ordeno la Jefa. Susan Gisela, Javy y Max, se fueron adelante, mientras que Gabriel, Jonathan y Víctor, se fueron en la parte trasera de la camioneta, junto a Mirash. Arcanine y Ninetales, correrían junto a ellos.
El camino hacia la puerta del sur, era algo impetuoso, lleno de baches y calles mal mantenidas, sin contar con los desperdicios que se encontraba. En más de una ocasión debieron virar hacia el oeste, en vista que los Pokémon habían tomado algunas calles y vías, mientras luchaban contra los soldados. Lo importante allí era no involucrarse en las rencillas y salir del problema lo antes posible.
Cuando pasaban por una amplia avenida o explanada y el cielo se mostraba lago más extendido, era posible ver a los Pokémon invasores que iban tomando poco a poco la ciudad y los edificios, pero alejados de estos, se podía distinguir a Argenta volaba raudamente, seguido de Destroir, el general d la destrucción. En más de una ocasión durante su viaje, no solo tuvieron que huir de los Pokémon que se habían paso a través de las calles, sino también esquivar los poderosos atraques de ambas deidades cuando se lanzaban poderes, el uno contra el otro.
Varias veces sus fuerzas chocaban una a la otra, generando poderosas explosiones y ondas de choque de derribaban mas Pokémon que los misiles antiaéreos de la milicia local. Algunas chispas de energía, producto de tremendas explosiones, caían al suelo. La mayoría eran insignificantes, como las chispas de fuegos artificiales, mientras que unas pocas, eran tan grandes que cuando caían explotaban, todo objeto volaba en mil pedazos.
- ¡agáchense…! – grito Víctor, mientras Gabriel y Jonathan seguían la orden. Mirash uso su poder y creó un escudo, mientras de improviso Argenta descendía y volaba sobre ellos a unos pocos metros de distancia, pero tan cerca que el viento pudo haberlos sacado despedidos con vehículo y todo. Destroir lo siguió, pero desde más alto, sin tomar en cuenta al grupo y concentrado en pleno en su batalla épica.
- ¡mierda… eso estuvo cerca…! - dijo Jonathan, en cuanto su corazón volvió a latir algo mas tranquilo.
El vehículo doblo rumbo al sur, y desapareció de la vista de los poderosos Pokémon que peleaban. Luego de travesar en zigzag algunas calles, llegaron hasta la avenida que conducía hacia la puerta del sur, una construcción de unos 50 metros de altura que era el límite de la ciudad.
- allí esta… pon a toda marcha – dijo Víctor, sin saber si Max podía oírlo o no.
Para su sorpresa, a un kilometro y medio de alcanzar su objetivo, la puerta estallo en mil pedazos y se lleno de humo. Max de inmediato freno, y el vehículo se tambaleo violentamente.
- ¿que fue eso? – pregunto Gabriel, sin esperar que alguien le contestara.
Pronto, las nubes de polvo comenzaron a disiparse y de ella, figuras más negras y oscuras comenzaron tomar forma. Salieron viejos conocidos, Golem.
- mierda… un ataque doble… con razón las fuerzas del enemigo estuvieron  tan calmadas todo este tiempo… - dijo Susan quien de inmediato le ordeno a Max, que diera media vuelta y salieran de allí.
En cuento viraron y la camioneta agarro algo de impulso, desde los edificios apareció la figura negra de Rayquaza. “Ray…aaaaa” grito desde lo alto y sin mediar provocación alguna, les lanzaba un Poderoso híper rayo.
Argenta emergió desde los edificios de los lados, y justo a tiempo para usar su propio ataque, que intercepto al de Destroir a unos 50 metros de alcanzar su blanco. Por desgracia, la explosión fue tan brutal, que destrozó la calle y la onda de choque dio vuelta el vehículo, dejándolos a todos nuevamente en el suelo.
- salgan todos – ordeno Víctor, mientras se ponía de pie y abría la puerta para sacar a Susan y a los demás. Gabriel, se levanto también y camino como pudo a ayudar a Víctor, pero fue ese momento cuando sin más, un Dragonite lo cogió de improviso y salió volando sin siquiera poder oponer resistencia.
- ¡noooo…! – grito, mientras veía como el mudo se hacía pequeño y los demás quedaban cada vez más lejos y distantes. Desde esa altura, pudo ver como algunos Salamance y Skarmory atacaban al grupo el que por fortuna pareció lograr repeler el ataque.
“que bien… ¿pero ahora quien me salva a mi?” pensó. Pronto el Pokémon agarro una gran altura y pudo ver cual lejos el ataque había llegado. Una construcción blanca y seguida demarcaba un enorme círculo de unos 10 kilómetros de radio, que conformaba la muralla de la ciudad militar, los Pokémon habían tomado todo el este, el norte y parte del sur de la metrópolis. Desde las alturas pudo ver la caravana de vehículos civiles que iban tomando el oeste, y alejándose de la acción de la guerra.
- oye tu… déjame, suéltame… te digo que me sueltes – le grito mientras notaba que el suelo se iba alejando mas y mas.
“urg, urg” era lo único que parecía decir la bestia. De pronto cuando agarro cierta altura, se quedo quieto en el aire.
- suéltame mte digo… dejame ir – dijo.
Sin reaccionar, casi con total naturalidad. El Pokémon soltó a Gabriel, quien de inmediato pensó en que lo que había pedido había sido una mala idea. “debí pedirle que me soltara, pero en el suelo” se le paso por la mente, mientras caía al vacio por segunda ocasión, solo que esta vez, muy lejos de la ayuda posible, en pleno campo tomado por los Pokémon.
Miro como el suelo se iba acercando y el viento le golpeaba el rostro. Iba muy rápido y a cada instante parecia que aceleraba más y más.
“mierda… ahora si termino aplastado en el piso” dijo para sí. Cerró los ojos y espero su inevitable final.
“¡Gyaaas!” volvió a escuchar y abriendo sus ojos a tan solo una veintena de metros, vio como algo blanco y brillante se movía rápidamente y lo alcanzaba justo unos 5 metros antes de quedar aplastado en el suelo. Cuando recobro el sentido, se encontraba en el lomo de Argenta.
- ¡te encuentras bien muchacho! – le pregunto el Pokémon, mientras su vuelo rozaba el suelo y generaba un poderoso viento que desprendía una nube de polvo detrás de él.
- ¡yo… si… si me encuentro bien! – no supo que mas decirle, a su salvador, con lagrimas en los ojos por la emoción que había vivido.
- lo siento… no podre dejarte atrás, por lo que tendrás que soportar el viaje conmigo… ¿está bien?
Gabriel, quien se encontraba agachado, casi abrazando el lomo y sostenido de las placas de aquel Pokémon, volteo como pudo la cabeza y miro atrás. Argenta era seguido por Destroir a unos 20 metros de distancia. En ese momento, Destroir abrió su boca  esta vez, emergió una luz pálida y celeste.
Argenta elevo el vuelo justo en frente de un edificio, en una maniobra de 90º vertical, tan extrema que Gabriel casi se suelta. Aquella maniobra logro prevenir que el ataque que Destroir lanzo, los alcanzara. El edificio se congelo casi por completo. La serpiente se movió en cirulos en el aire, para no chocar, por el edificio, pero de inmediato los siguió en vertical hacia lo alto del cielo.
Pronto el edificio quedo atrás, en la tierra y Lugia agarro más aceleración, alejándose más y más de su perseguidor. “este será el paseo de mi vida” pensó, mientras atravesaban las nubes y se perdían de vista.

...

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« Última modificación: 01 de Febrero de 2013, 06:48:32 pm por DARKRAIKOU »
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DARKRAIKOU

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Re:[FanFic] Apocalipsis Pokémon
« Respuesta #15 en: 25 de Diciembre de 2012, 03:23:02 am »
• Capítulo XIV – La batalla de los Dioses

El aire era frio, frio y húmedo. Dejaba que las ansias y el calor de la mente se aquietaran y los pensamientos pudieran fluir libre y ordenadamente en su cerebro. Allí arriba moraba la paz y la tranquilidad serena.
El sol que caía lentamente del cielo, despedía unos brillos dorados, y las nubes dejaban abrir sus cortinas de vez en cuando. Como queriendo mostrar, lo que ocultaban. Un nítido cielo azulado, oscurecido y dispuesto a aceptar a la luna cuando callera su pareja en unas horas.
Allí arriba, la paz reinaba serena. El viento tocaba su cabello y él sentía como sus pulmones se llenaban de un aire diferente, lleno de vida y fuerza. Su mente parecía vagar sin rumbo y de repente un pensamiento fuerte cobro sentido. “Susan” fue lo que pensó.
Inclinándose sobre el lomo plateado de la gigantesca criatura, Gabriel sintió un calor y una serenidad embriagante. Tomando aire y esperando hablar con claridad y solo con la fuerza justa, dejo escapar su voz, que esta vez no tartamudeaba para nada, como si el aire allí le ayudara.
- ¿y qué paso con los demás? – le pregunto a Argenta, quien planeaba silenciosamente entre las nubes, esperando no llamar la atención de su enemigo.
Argenta, movió la cabeza de costado, permitiendo que sus ojos protegidos por unos plumones azul oscuro, pudieran alcanzar a los de Gabriel. De pronto una voz se escucho, una voz algo lejana y profunda, una voz dentro de su cabeza.

“no te preocupes por ellos… les ayude a huir antes de alcanzarte… si todo va bien, estarán abandonando la ciudad dentro de poco”
“Telepatía” pensó de inmediato, a lo que otra vez se dejo escuchar la misma voz. “Si… así es” escucho.
En ese momento, las nubes se abrieron desde el costado, y un inusual resplandor, casi tan brillante como el sol, dejo ver sus rayos de luz. Argenta de inmediato batió sus alas con fuerza y se elevo abruptamente, al mismo tiempo que un haz de energía, caliente y brillante le iluminaba el pecho, y pasaba por debajo de ellos a unos 2 metros de distancia. El calor podía sentirse aun cuando estaban protegidos por el escudo del Lugia.
Tanto Argenta como Gabriel se sacudieron y sin esperar a ver a su enemigo abrirse paso por entre los nubarrones, Argenta, acelero en picada hacia la tierra.

 “nos encontró… agárrate bien de mis placas”
Gabriel no perdió el tiempo y sostuvo con mayor fuerza las placas oscuras de Argenta. En cuanto comenzó el descenso rápido, las nubes del cielo se esfumaron debido al poder de Destroir, la serpiente oscura que se encontró allí en medio, mirando con sus ojos brillantes como su enemigo se escapaba.
- ¡Puedes escapar. Pero no esconderte!… ja, ja, ja… - dijo gritando el monstruo quien comenzó su descenso al igual que su rival.
- ¿Por qué estamos descendiendo? – pregunto Gabriel, quien sentía como el aire siseaba en su oreja.  Lugia no movió ni un musculo, pero igual su voz se dejo escuchar.

“Destroir es un dios celeste… no nos conviene estar en su territorio, el tendría ventaja en el… por eso debemos descender a la tierra”
“… Pero y tu no vuelas… acaso no eres un Pokémon volador… ” Pensó Gabriel sin querer, pero la voz de sus pensamientos fue escuchada por la noble criatura blanca.

“así es… pero yo domino mas sobre el mar y las tempestades,  si hubiera mar aquí cerca, podríamos revertir la balanza del poder a nuestro favor… pero solo la tierra neutral nos permite equilibrar la balanza… por eso deberemos descender… ahora afírmate bien, voy a acelerar”
De inmediato Lugia acelero a tal punto que si Gabriel no se hubiera afirmado con todas sus fuerzas, el habría salido despedido por la fuerza del viento. Sentía como sus tímpanos parecían estar a punto de reventar por los abruptos cambios en la presión del aire, en menos de 10 segundos habían descendido varios cientos de metros.
En un inesperado momento, Rayquaza logro aparecer en el costado. Su cuerpo serpentino generaba menos fricción con el aire que el cuerpo de Lugia, por lo que logro descender más rápido sin mayor esfuerzo. Gabriel lo miro de reojo, y en un instante este escupió una bola de fuego que calentó el aire que le rodeaba y distorsiono su imagen.
“cuidado” pensó Gabriel, pero antes que sus pensamientos se tornaran palabras Argenta logro esquivar el ataque. Desacelero su descenso y dando un rodeo a su enemigo logro escarpar del ataque. Destroir le siguió de cerca, esta vez, una llamarada más poderos fue a dar casi a la cola de Lugia, quien maniobro en U y luego siguió horizontal en el cielo. En aquella posición, Destroir se contuvo un momento, e irguiéndose, acumulo gran cantidad de energía que disparo de un solo golpe en un poderos Híper-Rayo, tan grande que se perdió en el horizonte. Las nubes se evaporaban antes que el ataque siquiera llegara a tocarlas.
Lugia sintió desde lejos la presión y el calor del ataque, por lo que lo esquivo girando de costado y dando giros alrededor del ataque, el que dio de lleno contra una montaña, destrozándola y vaporizando la roca y dejando un tremendo forado en la madre naturaleza. Luego acelero y se alejo del poderoso movimiento, desde abajo y haciendo que Gabriel sintiera  el calor que era irradiado por el Híper-Rayo.
Rayquaza no pudo continuar con el ataque, momento que Lugia aprovecho para cargar en su propio hocico un contraataque. Una luz azul, dio paso a una intensa negrura esférica que fue tomando tinten de chispas multicolores en su interior, al tiempo que el cuerpo de Lugia brillaba de un tono azulosos y sus ojos brillaban intensamente. Era como ver un mini universo dentro de la esfera. Lugia elevo el vuelo y dando media vuelta, lanzo su poderoso ataque en contra de su perseguidor.
Destroir por su parte, siguió a su rival y cuando noto que este ascendía y se disponía a atacarlo, cargo nuevamente y lanzo su poderoso Híper-Rayo. El destino quiso que ambos poderes chocaran y de su confrontación, una inmensa onda de de choque surgió, la misma que vaporizo toda nube que había en esas alturas y abrió el cielo como un boquete mostrando el pálido azul del cielo tardío. Ambas criaturas se vieron afectadas por las ondas que se esparcieron por todo el cielo.
Lugia, quien había estado aguardando la oportunidad adecuada, acelero hacia la tierra al notar que su rival tenia gran ventaja sobre él. Tenía diversas heridas en su cuerpo, por estar resintiéndose de la batalla que tenia contra su enemigo. Destroir por su parte, pareció también resentirse. Su piel mostraba algunas magulladuras del impacto que había sufrido cuando Lugia lo ataco en la ciudad, y ahora en este, pero sin que este supiera nada, las heridas de Lugia eran mayores.
Pronto la ciudad, la muralla y los edificios, los campos y suburbios, fueron claramente distinguibles. Era posible ver manchas pequeñas, los Pokémon que invadían la ciudad, y en el oeste, a los humanos que escapaban.

“están escapando… es la mejor opción que tienen… Ahora que la mayoría de las calles está libre de humanos inocentes, podremos usar la ciudad a nuestra conveniencia… sigue aferrado con fuerza Gabriel, la verdadera batalla está por comenzar”
El suelo se acercaba rápidamente, al punto que Gabriel pensó que se impactarían contra el suelo. En el último momento, las alas de Lugia se desplegaron y su cuerpo brillo de un inusual color azul y celeste. Sus ojos brillaron con la misma fluorescencia y mayor intensidad. Se detuvo casi instantáneamente, a 2 solo metro de distancia del suelo, haciendo que el aire a su alrededor formara un mini tornado que barrio el piso y eliminara el polvo.
“rayaaaaa” se escucho y Gabriel alzando los ojos observo como la serpiente negra estaba directamente sobre ellos, acercándose a una increíble velocidad.
- Lugia… nos atacara… - dijo Gabriel en cuanto vio un brillo aterrador que emergía de la boca del Rayquaza. En ese preciso instante Argenta, vatio las alas y con un impulso sobrenatural, salió volando a ras de piso, siguiendo la dirección de la calle. Gabriel no se había equivocado, un Híper-Rayo choco contra el suelo, abriendo un cráter de varios metros de diámetros, expulsando fuego, chatarra y escombros y destruyendo los cimientos de varios edificios que colindaban con aquel lugar, desplomándose al poco rato.
“Diablos. Eso estuvo cerca…” pensó Gabriel, quien veía como un auto salía volando sobre su cabeza
Argenta continuo volando a unos metros del suelo, en dirección hacia el este de la ciudad. Siguiendo la ruta de la calle. Zigzagueando y cambiando de camino, para perder a su perseguidor. Atrás de él, Rayquaza, quien aceleraba constantemente, pero con cada cambio de ruta, parecía desacelerar y en la suma, parecía mantener la misma distancia contantemente.
De vez en cuando, Rayquaza les lanzaba poderosas ráfagas de fuego, lanzallamas, que no se acercaban a más de 1 metro de Lugia, pero que destrozaban todo lo que alcanzaban. Sin embargo, cuando Argenta intento elevar vuelo cuando se encontró en un callejón sin salida, lo alcanzo en la cola, lo que le causo dolor y un geminado. Adelante, se encontró con un edificio de oficinas, hecho en su mayoría de cristal, símbolo de la antaña opulencia del mundo humano. Usando su escudo psíquico, Lugia rompió el cristal y se abrió paso entre las habitaciones que tenia.
Destroir le lanzo un ataque de Híper-Rayo, nuevamente, que destrozo el edificio y lo hiso colapsar completamente, cayendo de costado y sumergiendo en polvo y cenizas una calle completa. Lugia, siguiendo el camino de un tren, llego hasta las entradas de los túneles ferroviarios que cruzaban el rio, por debajo de su lecho. Fue allí que tuvo una idea.
Siguió y entro en el túnel, convencido que su rival, le seguiría, cegado por la ira y la persecución. Efectivamente como lo había predicho, Destroir no dudo un segundo y se metió de lleno en el túnel, pensado que allí le seria más difícil a Lugia esquivar su ataque. Adentro la serpiente le lanzo unas llamaradas de fuego que dieron de lleno con el escudo psíquico de Lugia, el que fue creciendo de tamaño, hasta ocupar todo el espacio el túnel. Destroir lanzo un Híper-rayo, con la esperanza de destrozar el escudo y dar un golpe mortal a su enemigo, pero Lugia uso todas sus fuerzas y creó un escudo tan resistente que logro bloquear el ataque de Rayquaza. El que salió disparado en mil rayos más pequeños que destrozaron el interior del túnel hasta que el techo se derrumbo sobre Destroir.
Argenta y Gabriel emergieron del otro lado, al tiempo que este túnel colapsaba y todo el peso de la roca y el agua caían sobre su perseguidor.
- wow… esa fue genial… ahora sí que no nos podrá seguir.

 “eso espero… eso espero”
Sin perder un solo segundo siguió su vuelo hacia el este de la ciudad. Volando unos 10 metros sobre la pista de la calle principal que daba hacia la puerta del este, aparecieron los primeros Pokémon del ejército de Destroir. Era una bandada de 10 Salamance, los que estaban destruyéndolo todo, junto a unos Dragonites y Skarmory que estaban junto a ellos. Los humanos habían desaparecido

 “Destroir solo saca la violencia natural de los Pokémon… les quita la razón y la cordura, y se vuelven bestias…”
Gabriel pensó en lo que había visto hacia tan solo unas horas, en el laboratorio de Zoroack, también pensó en la persecución a la que se vio enfrentado cuando se escapo en el camping. “será Destroir o esta guerra… lo que vuelve locos a humanos y Pokémon” pensó, pero de inmediato recordó que Lugia podía escucharlo. Sin embargo Argenta no dijo nada.
El pobre Lugia tenía cosas más importantes que hacer. Había usado gran parte de su fuerza en aquel Escudo, sin contar que los diversos ataques de su enemigo le habían causado algunas lesiones menores, pero que acumuladas todas, le habían dejado muy lastimado. Aun así, Argenta siguió raudo su camino, esperando que esos Pokémon no se atrevieran a atacarlo.
A una cuadra de distancia, el grupo de dragones, alzo la vista y sin mediar mayor provocación que el mirar a su enemigo, alzo el vuelo y se dirigió en contra de Lugia y Gabriel.
- diablos… esto está muy feo.
“y se pondrá aun peor. Mira atrás…”
Gabriel dio media vuelta y contemplo con horror como el presagio de Argenta se hacía realidad. Destroir aparecía volando a toda velocidad hacia ellos, como si nunca le hubiera caído un rio encima.
- mier… ¿pero cómo logro sobrevivir?
Sin esperar a tener distancia de tiro, Destroir se dispuso a atacar. Esta vez su hocico se lleno de un fulgor azuloso, que dio paso a un haz invisible que les lanzo desde atrás, ha varios cientos de metros de distancias. El piso y los cristales se congelaron instantáneamente, y las fachadas de los edificios se cubrieron de una capa de cristal. “Ice Beam” pensó Gabriel.
Los Salamance al mismo tiempo que su amo, irguieron la cabeza y lanzaron todos juntos unas llamaradas de fuego, lanzallamas, que al unirse entre ellos dieron forma a un ataque inmensamente más poderoso e inimaginablemente más caliente. El suelo que derritió instantáneamente quemo y todo vehículo que había allí, vio como su carrocería de metal, se convertía en líquido fundido.
Con edificios da ambos costados y dos ataques que se acercaba, Argenta supo que el cielo era su única alternativa. Sin perder tiempo, comenzó a girar velozmente sobre si haciendo que el viento a su alrededor formara un torbellino que volaba sobre la calle y que de un momento a otro  ascendió velozmente al cielo, esquivando el ataque de ambos lados. El super lanzallamas y el Rayo de Hielo chocaron el uno contra el otro explotando en un aexpectacular explosión que despidió chispas de todos los colores. “bum” se escucho desde varios kilómetros a la redonda, dejando un inmenso forado, de más de 100 metros de radio en el lugar donde ambas fuerzas chocaron.
Apareciendo desde el tornado, argenta miro el trabajo de sus enemigos y Gabriel miro el tremendo impacto de la fuerzas de los Pokémon.
- ¿crees que Destroir sobrevivió a esa explosión?

“no lo creo… se que sobrevivió… el poder de Destroir es inmenso… más grande que el mío…”
Esta última confesión, pareció llenar un poco de miedo el corazón de Gabriel. Si el enemigo era tan poderoso, como sobrevivirían. Por el momento el destino les había dado algo de tiempo, y esperaba que con aquello en cuenta, pudieran cambiar su situación.
En la escena del crimen, unos Salamance congelados parecían mirar con desdén y sin vida el trabajo que había hecho. El poder del rayo de Hielo de Destroir, había sido más poderoso que la Súper-Lanzallamas.
- esto es cada vez más divertido… ja, ja, ja, ja, ja, ja… - dijo para sí el monstruo oscuro.
Volando sin mayores contratiempos, Argenta cambio de rumbo y se dirigió hacia el sur de la ciudad. Cruzando las calles y los edificios, llegaron hasta la avenida que llevaba a la puerta del sur. Allí podía verse las marcas de una batalla, diferente a la que Gabriel había presenciado. Eran las huellas de sus amigos, en su lucha hacia la salvación.

 “tus humanos abandonaron este sitio varios minutos antes… Víctor debió haberlos conducidos hacia el Oeste… tal como el Sabio lo había indicado”
Eso no significaba que todo estuviera quieto, desde las alturas, se podía ver como las calles estaban invadidas por los Golem, junto con Garchomp y Gabite, dos clases de Pokémon que componía el ejército dragoneo de Destroir. Al igual que los Salamance, anteriores, estos Pokémon estaban destrozándolo todo. Los Golem rodaban sobre sus cuerpos y destruían las casas y edificios que había, mientras los dragones terrestres destruían cosas más pequeñas y el pavimento de las calles. Ni los árboles parecían salvarse, ya que eran talados de golpes por sus filosas cuchillas.
- ¿Por qué?... ¿Por qué destruyen todo?

“muchos de nosotros  se vieron afectados por el incidente… perdiendo gran parte sus sentido y conciencia… sin embargo, la violencia que vez aquí, es producto de la influencia negativa de Destroir y de su Maestro, quienes los corrompieron y les despojaron de su voluntad. Es por eso que algunos nos hemos unido en contra de esta calamidad… por eso le jure a mi hermano detener a Destroir, para evitar que otros tengan el mismo destino”
Al escuchar estas palabras, Gabriel quiso saber más, pero sabía que ese no era el momento ni el lugar.
De pronto, el aire esparció un sutil timbre, como un sonido continuo, que en ocasiones anteriores habían escuchado. Gabriel y  Argenta dieron media vuelta y en frente de ellos apareció Destroir, seguido de sus dragones voladores. Este sin esperar ni un movimiento,  disparo una ráfaga de rayos, que electrifico el aire y condenso las nubes, volviendo lo que antes era un cielo de ocaso bastante despejado, en uno tenebroso y oscuro. “Thunderbolt” pensó Gabriel.
Argenta retrocedió e intentó cubrirse con sus alas, para generar el escudo, pero el campo de fuerza fue muy débil y el ataque de su enemigo rompió en mil pedazos su protección, dándole  alcance a él y a Gabriel. El pequeño humano sintió como su cuerpo era remecido por la intensa descarga de electricidad a la que era sometido. Un dolor inmenso le recorrió desde el más alto cabello hasta la punta de los pies. Su mundo se nublo de inmediato y todo pareció perder sentido. Solo el dolor y más dolor eran lo que sentía.
Para Argenta no fue diferente, por ser más grande y de mayor masa, el golpe de electricidad no le afecto tanto como a Gabriel  pero igual sintió dolor, suficiente como para olvidarse por un instante de aquel pasajero, y no sentir el momento exacto que este dejaba de aferrar sus manos con fuerzas las plazas azules oscuras que salían de su lomo. Para su fortuna, Destroir no pudo continuar con el ataque más tiempo, es más, al parecer parte del mismo le había causado algo de dolor. Por lo que su agonía duro cortó tiempo.
Las nubes se llenaron de chispas y truenos, que remecieron el cielo y parecían ser la antesala de un triste final. Cuando Lugia recobro el juicio, noto que su pasajero no estaba.
“¡GABREIL!”
Recobro el sentido y se vio cayendo al vacio. Esta vez, su inusual medio de trasporte lo seguía desde cerca, tan cerca que era capaz de rozas con su mano, al extenderla lo más que podía, el rostro gracioso y enigmático de Argenta. El Pokémon plateado, aceleró lo más que pudo, logrando tomar con su hocico a Gabriel y envolviéndolo con sus grandes y hermosas alas de plata, al tiempo que creaba un campo de fuerza, justo antes de chocar con el suelo. Una nube de polvo se elevo, no con tanta violencia, sino casi como un champiñón que luego callo rápidamente al suelo, como una ironía de la vida.
Gabriel, quien había serrado sus ojos en el momento en que Argenta lo tomo, los volvió a abrir, y enfrente de él, puso ver a tal magnifica criatura durmiendo de costado, cubierto por su hermosas alas plateadas que fulgecían con cada relámpago que reventaba en la negras nubes. Sintió que su mano aun estaba algo entumecida, pero con toda la fuerza que pudo, la extendió y llego a alcanzar el rostro de Lugia, sintiendo su paz y su calor, aun en ese momento de tristeza.
“Rayaaaaa…”
Gritaba la serpiente, mientras parecía moverse en círculos, algo entumecida por el ataque realizado. Al mismo tiempo, los Golem, Garchomp y Gabite, al igual que Salamance y Dragonite comenzaron a llegar en masa al alrededor de Argenta y de él, formando un círculo amplio alrededor de ellos, como espectadores de aquella tragedia.
La mente de Gabriel, no tomo esto en cuenta, solo miraba el rostro del Lugia, el mismo que apenas había conocido, el que hacia una horas lo había rescatado y el mismo al que le debía haber vivido un poco más. Por primera vez, no sintió realmente miedo por si mismo. Sintió tristeza por su “compañero”.
¡Argenta!… ¡Argenta, despierta!” – dijo, lo más fuerte que pudo, pero hasta su lengua se sentía algo entumecida, por la electricidad. Sentía como los pensamientos parecían revolvérseles dentro.
Los ojos del Lugia se abrieron, pero apenas brillaban con vitalidad. Su cabeza se meció sutilmente, como ayudando a Gabriel a hacerle caricias. En ese momento la voz telepática de Lugia se sintió más lejana que nunca, casi imperceptible.

“ya estoy muy cansado… estoy muy herido como para continuar… y las fuerzas me han dejado. Lamento haberte involucrado en esto muchacho… quisiera que me perdonaras por esto…”
-no, no digas eso… no lamentes nada… soy yo el que debería lamentar, por mi estas así  - le respondió con una voz entrecortada por las lagrimas – sin mí, hubieras podido escapar… yo solo soy un estorbo.

“Sabes que eso no es así… eres una criatura valiosa, y me alegra que hallas sido mi compañero en esta batalla. Si nos hubiéramos conocido en otras circunstancias… tal vez hubieras sido mi compañero”
- ¡Un dios, eligiendo de compañero a un insecto!… ¡eso es caer más bajo que los insectos!… - grito Rayquaza quien parecía haber recobrado el poder.
Un Dragonite tomo por el brazo a Gabriel y lo arranco de las cálidas alas de Argenta. Lugia, haciendo un esfuerzo sobrenatural, saco fuerzas de donde tenía y se puso de pie, mostrando su increíble tamaña y majestad. Su color blanco, reflejaba el brillo de los rayos del sol moribundo, que se colaban entre las nubes rabiosas que comenzaba a desaparecer y despejar el cielo. Los subordinados de Destroir se dispusieron a tacar al débil Lugia, pero un fuego lanzado desde un costado, los hizo retroceder a todos. Unas agiles bestias saltaron sobre las llamas, eran Arcanine, Ninetales y Alakazam.
 “No le abandonaremos, señor “
“Estamos con usted hasta las últimas consecuencias, mi señor”
Sus ojos brillaban con fuerza y fuego propio, Gabriel sintió el coraje y el arrojo de aquellos Pokémon que se lanzaron en contra de enemigos más poderosos que ellos, para proteger a su señor. Por alguna razón, aquel acto le recordó  las gestas heroicas de los tiempos pasados.
- ¿y cuanto daño podrían hacer ustedes? – Pregunto un Garchomp que erar algo más grande que los demás, y que parecía ser el líder del escuadrón – tienes las fuerzas que validen tus palabras. Demuéstrenos cuan verdaderas son sus palabras.
Arcanine, se lanzo contra el Garchomp, pero este con un rápido movimiento de piernas y brazos, logro esquivarlo por el costado y usando su garra, perforo el costado de su rival, sin que este pudiera hacer algo. Sus alas inservibles, le dieron un gran golpe que puso a Arcanine en el suelo. La herida no había sido mortal, pero era grave.
Ninetales, reacciono de inmediato, lanzando una llamarada contra el teniente de las tropas de Destroir, pero un Salamance, lanzo desde un costado un Híper-Rayo que vaporizo las llamas, dándole un golpe directo. Alakazam, por su parte, intento protegerla, pero el Híper-Rayo destrozo su escudo. Ya no tenían fuerzas para continuar.
El mundo se teñía de sombras, mientras el sol caía y la noche comenzaba su sangriento reinado. Lugia miro a sus subalternos y unas lágrimas cayeron desde sus ojos.
“Aurum, hermano… yo he fallado…”
Gabriel sintió aquellas palabras y el corazón se le rompió. Sintió la mayor impotencia de todas, él era el único que tenía algo de fuerzas, pero ni su vida ni la de los que lo rodeaban estaban en sus manos.
- este es el final, Argenta… por fin me podre vengar de todo lo que tú y Aurum me hicieron… toma esto – dijo lanzando un Hiper-Rayo muy poderoso.
- ¡ARGENTA!... ¡NOOOOO…! – fue lo último que dijo, viendo como el plateado Pokémon usaba lo último que tenía en un ataque ni siquiera logro detener el de su rival.  Un brillo enceguecedor y un sonido explosivo lo tumbaron. Todo termino en luz y el olvido se lo comió todo.

Estaba nuevamente en el rio. Rodeado de arboles y flores, de enredaderas y arbustos. Las aguas eran cristalinas y por alguna razón estaba allí flotando sobre todo eso…
“mew”
Escucho desde su espalda, dio vuelta y despareció. Estaba acostado, tapado con algo pesado y grueso, miro detalladamente y contemplo un cielo pedregoso, marrón y gris. Los costados eran de roca y un fuego permanecía encendido e iluminaba todo el interior de lo que parecía era una cueva. Al otro costado, permanecía la figura de una muchacha desconocida, quien tenía atuendos de piel y unos ojos maravillosamente verdes.
- bienvenido a casa… Gabriel – le dijo la joven mujer, con una sonrisa en el rostro.
 


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Re:[FanFic] Apocalipsis Pokémon
« Respuesta #16 en: 01 de Febrero de 2013, 06:44:39 pm »
Libro II – La Mente

• Capítulo XV – El Secreto de la Cueva


El cielo lloraba. Estaba gris y feo. No parecía un buen augurio. Siguió caminando hasta llegar a una casa que parecía abandonada, adentro encontró un poco de polvo en los pisos y comida servida en platos, en el comedor. Estaba podrida y comida por las moscas hacia tiempo.
Salió de la casa y siguió caminado hasta llegar a la siguiente casa, estaba igual, completamente abandonada, de forma rápida y sin aviso. En la cochera estaba un auto que parecía haber estado siendo reparado en el mismo instante en que la gente desapareció.
- vaya… esto tomara más tiempo – dijo en voz baja, mientras contemplaba a los alrededores y solo veía olvido y abandono. “¿Dónde estaba toda la gente de la ciudad?” se preguntaba.
“Grrrrr…” siseaba el aire con un sonido gutural. En el cielo la imagen de una criatura acercándose hacia el hombre, su sombra volaba rápidamente en el suelo, aquello pareció no amenazarlo en absoluto, es mas se detuvo y espero a que aterrizara.
Descendió en frente de él, con alas membranosas que al batirlas limpiaron el polvo de las calles. Poseía una piel escamosa y refulgente, tenía garras platinas que parecían poseer una gran fuerza y una cola larga que desprendía una inusual llama brillante.
- ¿Has encontrado alguna novedad, Char? – le pregunto el hombre a la criatura, la que pareció entenderle y respondió con un movimiento negativo de su cornuda cabeza. Abrió sus garras y dejo caer en las manos del hombre un contenido inusual, una muñeca de trapo que había sido maltratada por el tiempo y los elementos.
- vaya… - dijo como para sí, aunque en voz más alta - al parecer las personas de este pueblo desaparecieron hace unos días. Todo parece indicar que no hay violencia ni desorden, es como si todos se hubieran coordinados para salir de aquí, al mismo tiempo.
El hombre tenía una chaqueta marrón y unos anteojos oscuros que le impedían mostrar sus ojos pardos y cegadores. Tenía una tez blanca, pero marcada por algunas pequeñas arrugas que comenzaba a aparecer producto de los años. Un gorro militar le cubría su cabeza pero dejaba escapar algunos mechones de cabello negro y más de un cabello gris. Usaba un pantalón de tela gris y unas botas negras, junto con unos guantes de cuero negro. Una insignia algo desteñida le resaltaba en el pecho, una condecoración que recibió hacía varios años, cuando las cosas en aquel mundo eran muy diferentes. La criatura que lo acompañaba era un Charizard al que simplemente llamaba Char.
- bueno… espero que Asuna tenga mejor suerte que nosotros. De todas maneras ya va siendo tiempo que regresemos con los demás, al parecer el enemigo parece estar tramando algo y es mejor estar preparado.
Tomo la muñeca y la guardo en un bolso que traía consigo. Regreso y se subió a una moto “Harvison que había dejado apostada en una caseta telefónica que había dejado de recibir llamadas hacia un buen tiempo. El cuanto el motor se prendió, él y Char emprendieron juntos su viaje hacia el noroeste. Atrás esperaban dejar aquel pueblo fantasma. Su mente estaba plagada de preguntas, más que de respuestas.
“capitán París, capitán París… responda. Cambio”
Una radio comenzó a llamarlo, justo cuando llegaba a las afueras del pueblo, donde un enorme cartel publicitario decía “Bienvenidos a Springtown, un hermoso lugar para vivir”. Se detuvo un instante, y tomo la radio para responder.
- aquí el capitán París… ¿qué es lo que ocurre Asuna? ¿Alguna novedad? Cambio.
“así es capitán… venga al desfiladero del norte… no podrá creerlo… Cambio”
- ¿el desfiladero del norte?… eso queda como a una media de aquí… está bien, iré de inmediato. Cambio y fuera.
Char, quien se encontraba volando cerca, de inmediato regreso donde París, y en cuanto este termino de hablar con Asuna, Char supo que tenía que hacer, volar sobre el camino y guiar al capitán para llegar lo antes posible. Al norte, en dirección al desfiladero, la vegetación comenzaba a tomar terreno y pronto los arboles comenzaban ajuntarse para formar los bosques que cubrían el norte de la región. Detrás de ellos, abriéndose paso entre la tierra y cortando a esta en forma profunda, una quebrada a la que llamaban Desfiladero de Springtown, se presentaba como único obstáculo en kilómetros hacia el norte. Tiempo antes, un pequeño rio había recorrido sus profundidades, pero todo eso cambio cuando las personas construyeron una represa para alimentar la región con electricidad. Nubes negras cubrían el horizonte oriental, dando claros indicios de una tormenta venidera.
El camino que conducía hacia dicho destino, debía recorrer un sinuosos camino entre la vegetación que iba conquistando el territorio. Una que otra curva y más de algún cambio de nivel que hacían difícil el seguir a gran velocidad. Para fortuna de París, Char hacía de buen guía y tardaría un poco más de 20 minutos en llegar a su destino.
De improviso, la vegetación dio paso a la depresión y el camino dio una curva en 90º hacia el oeste, en dirección a la pequeña represa. Una decena de metros siguiendo el camino hacia el oeste y bordeando la quebrada, fue apreciable una explosión que llamo la atención de París y Char. En el fondo del precipicio dos figuras parecían distinguirse en frente de lo que parecía ser la entrada a una caverna.
- así que allí están… - dijo. Detuvo la moto y la dejo estacionada a la orilla del camino, en cuanto vio que le era imposible bajar con ella. Extendió los brazos - Char… ayúdame a bajar.
El Pokémon lo tomo con sus garras, de la forma más suave y firme que pudo, y juntos descendieron los 50 metros de diferencia de nivel entre el piso del desfiladero y el borde del mismo. Allí, los esperaba una mujer de no más de 19 años, vestida con unos jeans cortos, una playera y una gorra. Su cabello era rubio platinado, teñido, y sus ojos almendrados tenían una enigmática  fuerza que llamaba mucho la atención. A su lado había un Typhlosion.
- vaya… espero que sea interesante lo que hayas encontrado… estaba a punto de retirarme cuando recibí tu llamada.
- claro que lo es… solo mírelo por su cuenta… allí adentro, en la caverna.
El capitán pareció algo desconcertado con el misterio de aquella caverna, pero la curiosidad logro más. Miro a Asuna, quien parecía estar seria, con sus ojos mirándolo fijamente, como esperando a que hiciera lo que se le había pedido.
- más vale que no sea como antes… ¿eh?
El interior de la caverna parecía algo pedregoso, tenía mucha arenilla y varias piedras pulidas y brillantes. Era algo angosta al principio, pero después de unos 5 metros, comenzaba a ensancharse. Al mismo tiempo, la luz comenzaba a amainar, se delimitaba a cada paso que daba. A los pocos metros más adelante, encontró lo que parecía ser el cordón de alguna zapatilla.
 “vaya… en verdad que esta interesante”, dijo mientras seguía avanzando en las profundidades. A unos 50 metros, la luz era demasiado débil y la salida parecía como un brillante fondo, una escapatoria a las penumbras. Saco una linterna que traía consigo y comenzó a buscar por donde continuar. Pronto la luz mostro un reloj de pulsera que había sobre la arenilla del piso.
- vaya… un Rolex… a quien se le había perdido algo tan valioso como esto - dijo al tiempo que intento cogerlo con las ansias de aquel que encuentra algo que deseaba con gran esperanza. Mas para su sorpresa, el reloj no cedió fácilmente, algo lo mantenía retenido. Se acerco y apunto con la luz más detenidamente el Rolex y vio un trapo, lo tomo y en cuanto noto lo que era, sus ojos se abrieron de par en par, aun cuanto estuvieran al cubierto por los anteojos de sol. Era una mano.
El capitán de inmediato soltó un grito estremecedor, y se cayó de espalda. En cuanto pudo ponerse de pie, retomo el camino de regreso. Mientras caminaba el miedo desaparecía, pero la rabia comenzaba a ocupar su lugar. Al salir su cara estaba roja de la indignación.
- ja, ja, ja… ese grito fue espectacular - fue lo primero que escucho en cuanto salió de la cueva. Asuna estaba sentada, riéndose alegremente de la desgracia que le había ocurrido.
- te dije que no lo volvieras a hacer… ¿acaso no comprendes lo que te dicen?
Asuna siguió riendo, solo que esta vez con menos fuerza y tapándose la boca. Su mirada se cruzaba con la mirada de indignación que tenia París, haciendo que poco a poco ambas posturas comenzaran a equilibrarse. Pronto la rabia de él, y la alegría de ella, se calmaron y dejaron que sus lenguas hablaran con claridad. El silencio que había entre ambos fue cortado por una pregunta.
- al parecer este sería el tercer caso… ¿no?... ¿Cuántos fueron? - pregunto París, con algo de tensión en sus palabras.
- la caverna es profunda… yo llegue como a 500 metros, y pude contar como a una centena de cuerpos… supongo que podría ser mas, tal vez TODO el pueblo.
- y como murieron… ¿hay lesiones de terceros?
- algunos si… pero la mayoría parece haberse suicidado. Tenían armas de fuego con ellos, algunos usaron armas blancas y bates. Habían algunos que murieron producto de terceros, pero creo que estos se suicidaron… como con los niños.
Un silencio inundo el lugar. Parecía como si un cementerio hubiera aparecido y sus ánimas y espectros imaginarios inundaran el lugar. Una tristeza profunda parecía estar detrás de los ojos rudos del capitán y los de su compañera.
- esto está mal… primero fue Hamvirch, luego Ventura y ahora este pueblo…
Asuna se acerco a la caverna.
- París, crees que este caso esté relacionado con los otros dos… los tres pueblos están algo lejanos los unos del otros… además son muy parecidos, son pueblos pequeños.
- lo más probable… aunque no entiendo como ocurren estos casos… esta región aun está lejos de los conflictos con el Enemigo. La gente aquí aun debería estar segura ¿Por qué se matarían todos?
- ¿motivos religiosos?... en estos tiempos han proliferado las sectas apocalípticas, pero ¿Qué todo un pueblo este en algo así?
- no lo sé… supongo que para esto nos pidieron venir hasta aquí… y lo más extraño son esas llamadas misteriosas… nunca nos revelan mucho más que los pueblos donde suceden estas cosas… es como si fuera un preludio de la muerte.
- ¿se ha sabido algo del sujeto que hace esas llamadas?
París negó con la cabeza. No tenía idea de lo que pasaba y Asuna parecía comprender la situación que había. Se estaban enfrentando a algo muy diferente, a algo misterioso.
- bueno… no podemos hacer nada por ellos, así que mejor con los demás. Tal vez tengan alguna pista.
París, Asuna, Char y Typhlosion miraron por última vez la entrada a la oscuridad. Como despidiéndose y dando un saludo a las ánimas que moraban en su interior.
Char tomo a París y Asuna subió a la espalda de su Typhlosion. Ascendieron hasta el borde del desfiladero, allí Asuna removió algunos arbustos, revelando su motocicleta, era una “Harrison”. Ella tomo una radio a batería y ajustando la frecuencia comenzó a llamar en forma repetida.
- Asuna, llamando, escuchan… Asuna llamando respondan… - repitió el mensaje tres veces antes que le respondieran.
“atención aquí capitán Asuna. Se solicita saber el estado de la misión. Cambio”
- base… aquí Asuna. La misión se completo. Repito la misión se completo. Cambio.
 “Ok, capitán Asuna. Regrese a la base para el reporte. Cambio”
- entendido. Cambio y fuero.
El cielo parecía querer cubrir con nubes de tormenta la bóveda. De vez en cuando algunas luces parecían latir en el interior de las nubes orientales. Asuna y París se pusieron unas chaquetas sintéticas que esperaba que los protegieran de la lluvia si esta se presentaba.
Encendieron sus motos y enfilaron rumbo hacia el este, en dirección a un puente colgante que cruzaba el desfiladero y permitía conectar el norte de la región. El cielo se cubrió rápidamente y las primeras gotas cayeron sin aviso cuando estaban por llegar al puente. En el momento en que están por ingresar, Char aterrizo rápido y veloz, presentándose en frente de París, Asuna y Typhlosion con sus alas extendidas y moviendo sus brazos, cabeza y cola en forma de abanico.
- ¿Char qué pasa? – pregunto París.
“grrr…grrr…” le respondía el Pokémon. El Typhlosion de Asuna, quien había corrido junto a ella desde la cueva, retrocedió y comenzó a hacer ruidos como llantos de perro.
- Tylo… ¿qué ocurre? – pregunto ella.
El cielo comenzó a empeorar aun más. El agua dejo de caer, pero el cielo se lleno de centellas y rayos, el viento que hasta hacia poco era suave, se volvió más violento. Las ramas y las hojas de los arboles que rodeaban el camino comenzaron a mecerse con violencia y las nubes eran más espesas y oscuras que antes, la tormenta los había alcanzado sin aviso. Antes las señales del ambiente y de los Pokémon, París y Asuna retrocedieron y se quedaron mirando el fenómeno.
Entre las nubes los relámpagos se hicieron más intensos, parecían dragones de luz que se movían de un lado a otro y que cruzaban el cielo. Comenzaron a aumentar en cantidad y el ruido que generaban, los truenos eran ensordecedores. Char y Tylo parecían inusualmente irritados, sus llamas comenzaron a desprenderse con gran violencia.
Sin aviso, unos rayos salieron de las nubes y juntándose en el aire cayeron en medio del puente como un solo dragón de luz. La explosión de electricidad lanzo relámpagos en todas direcciones, el metal del puente se calentó y quedo rojo y el acero crujía con la electricidad que le había caído. Las chispas y rayos emergían de cada tornillo y cable. Un extraño humo, una niebla, termino por cubrir el espectáculo.
Aquello no era natural, Char y Tylo lo habían presentido y siguiendo sus instintos, Asuna y París tomaron sus armas de fuego, y con la firmeza que dan los años de práctica, las apuntaron directamente hacia lo que la niebla ocultaba. Los Pokémon hicieron lo mismo, se prepararon y en cuanto los humanos les dijeron, lanzaron unas potentes ráfagas de fuego, unos lanzallamas en dirección hacia el puente, en conjunto con algunos disparos.
 “GRRRUAAAAAAA…”
El piso retumbo y pareció remecerse, al punto que Asuna y París sintieron que se caían. Un brillo cegador cubrió todo y luego le siguió una explosión que lanzo ráfagas de aire en todas direcciones. Los cuatro sintieron el fuerte viento y no lograron permanecer en pie. La niebla se disipo revelando a los pobres espectadores su real contenido. Era un Raikou.
- ¡un… un Raikou!… ¿qué está haciendo un Raikou aquí?
Sus ojos destellaban rojos y su piel erizada parecía brillar con un sutil brillo dorado que lo rodeaba. Su gran melena se mecía suavemente mientras algunas chispas azules le rodeaban y salían desprendidas de su piel. En frente de él, se encontraban 5 balas que permanecían flotando, habían sido detenidas por su inmensa electricidad que creó un poderoso campo eléctrico magnético, un campo de fuerza.
Alzo su cabeza y los contemplo más detenidamente. Tylo y Char, se repusieron y estaban dispuestos a luchar si el Pokémon legendario les encaraba, pero aun en este mundo, la diferencia de poder era evidente. Raikou demostraba poder y dominio, más que nada.
Más no fue necesario hacerle frente. En cuanto pasaron unos segundos en que el poderoso Pokémon los miro, dio media vuelta y con un gran destello de rayos que electrificaron el puente, desapareció de la vista. Asuna quedo con un cosquilleo incomodo, que a los pocos segundos comenzó a disminuir. Lo mismo sintió París y Tylo. Sus cabellos se erizaron producto de la electricidad estática. Las nubes desaparecieron y el cielo se aclaro rápidamente.
- ¿Qué diablos fue eso?... ¿por qué pareció Raikou aquí?
París miro a su compañera y ninguno de los dos tenía alguna idea de lo que ocurría. Lo que si estaban seguros es que fue un alivio ver que el Pokémon les dejaba, su imponente forma era más que suficiente para entender cuan poderoso podía llegar a ser. Si los hubiera querido como su cena, nada le hubiera impedido haberlos eliminado.
- bueno… salgamos de aquí… no vaya a ser que cambie de parecer ¿no lo crees?
 “griii…griii…me…griii... me escucha, cambio…  repi… griii…, capitán Asuna, me escucha…”
La radio comenzó a llamar, aunque parecía tener problemas por la estática.
- aquí Asuna escucho. Cambio.
“capitán Asuna… ¿tiene al capitán París a su lado? Cambio”
- así es… estamos juntos… que ocurre. Cambio.
“capitán Asuna… nos ha llegado un pedido de auxilio proveniente de Nueva Edimburgo. Cambio”
- ¿auxilio?... – pregunto, mientras ella y París se miraban algo extrañados por lo que la voz les estaba comunicando - ¿qué está pasando?
“la Milicia de Nueva Edimburgo y la Resistencia Unida han solicitado asistencia. Según nos dijeron la ciudad está siendo atacada. Cambio”
- ¿un ataque a Nueva Edimburgo?... pero si esa ciudad es un bunker… solicito saber si se han enviado ayuda. Cambio.
“Capitán Asuna… efectivamente, el general Argenta y su grupo ya están en camino. Cambio”
- Ok, nos pondremos en marcha de inmediato. Cambio y fuera.
Asuna termino la trasmisión y al ver a su compañero se encontró con los ojos rudos de París y las llamas vivas que Char y Tylo desprendían de sus ojos.
- un ataque a Nueva Edimburgo… y que el propio general Argenta respondiera el llamado de la Resistencia… deben estar en serios problemas para pedirnos algo así ¿Cuántas horas son de aquí a Nueva Edimburgo?
- creo que son unas 4 horas si vamos a toda velocidad – respondió Asuna.
- entonces en marcha.
Ambos se subieron a sus motos y sin meditar mucho, acelerando lo más que pudieron. Ambos se preguntaron cuál había sido la motivación de Raikou de parecer allí, pero ninguno de los dos se lo comento al otro. Ambos siguieron hacia el sureste, hacia Nueva Edimburgo.

...

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Re:[FanFic] Apocalipsis Pokémon
« Respuesta #17 en: 08 de Febrero de 2013, 04:43:24 pm »
• Capítulo XVI – Negro, Rojo y Azul

A los lejos, se podían escuchar algunas explosiones. Detrás de los muros parecía que el mundo vivía una batalla diferente a los suburbios abandonados. Pronto se escucho un crujir metálico. Las puertas se abrieron.
En frente de estas estaba una figura erecta envuelta en una capa negra y misteriosa, cubierta con un sombrero de ala amplio, viejo y degastado. Aquella figura permanecía inmóvil, como esperando una señal. A su lado tenia la figura enigmática de una criatura desproporcionada, de coraza metálica roja y reluciente con fuertes y poderosas tenazas dispuestas a usar. Era un Scizor.
Detrás de la puerta, un mar de gente, mujeres y niños, hombres y ancianos, aguardaban el permiso y la correspondiente guía para poder salir de allí, sobre ellos, a la lejanía era posible ver algunas humaredas que se alzaban varias decenas  de metros en las alturas, a varias decenas de kilómetros de distancia. En sus rostros se podía ver la desesperación del momento, la tristeza de la situación. Todos querían salir de aquella ciudad perdida.
Para su sorpresa, aquella figura misteriosa parecía aguardarlos, traía a una de las criaturas de otro mundo que tanto daño les habían causado y que tanto terror les causaba en sus corazones. No quisieron moverse y los más osados caminaron de espaldas contra la muralla esperando poder escapar por los bordes del muro de protección, de aquella cosa, dispuesta a tacarlos.
Un piquete de soldados, unos 10 salieron y apuntando con sus armas al sujeto, le ordenaron que se alejara. El sujeto sin hacer caso, hiso todo lo contrario y empezó a caminar hacia ellos, sin mostrar su rostro ni algún atisbo de duda. Los militares volvieron a ordenarle su retiro, advirtiendo que dispararían si seguía desobedeciéndolos, pero el tipo misterioso no se detuvo.
“bang, bang, bang…” se escucho como una ráfaga de 20 a 25 disparos salieron de las armas de los sujetos. Mas sus ojos se abrieron de par en par en cuanto vieron que frente de ellos, y bloqueando todos los disparos se encontraba al Pokémon amenazante. “que… que velocid…” estaba pensado uno de los soldados que miraba sus ojos amarillos, pero ni alcanzo a terminar la frase en su mente cuando de improviso se dio cuenta que su arma ya no estaba en sus manos. El Scizor se las había quitado todas en menos de 1 segundo.
Todos allí, civiles y militares, se sorprendieron ante tal habilidad, se espantaron y se alejaron lo más posible del sujeto que siguió su rumbo sin siquiera detenerse y ver a los soldados que le rodeaban. El Scizor le siguió detrás, con una mirada ruda, que hizo bajar las armas de todo aquel militar o civil que intento interponerse en su camino. El misterioso sujeto se perdió entre la gente y las ruinas de la ciudad, mientras los habitantes emprendieron la huida con una pregunta sin respuesta.



El aire retumbaba aun con los ecos de la explosión. Parecía ser que sus cuerpos sentían aun los golpes y los saltos que le siguieron a la gran luz que precedió a la oscuridad y al dolor. Abrió sus ojos y pudo ver a los demás en malas condiciones.  Estaban botados y heridos, al igual que él.
Víctor intento levantarse. Tenía un hombro lastimado y una gota de sangre mancho su visión derecha, se había cortado la frente con una roca que permanecía cerca y con la cual golpeo. “Menos mal que solo fue eso” pensó para sí, y reuniendo sus fuerzas, se puso de pie. Dentro del vehículo volcado, estaban Susan, Max y las demás chicas, todos estaban tratando de salir de adentro. A unos dos metros, estaban Gabriel y Jonathan quienes comenzaban a levantarse, como podían, mientras que los Pokémon, Alakazam, Arcanine y Ninetales, ya estaban de pie, pero no por eso menos lesionados.
Cuando estuvo seguro de haber visto a todos, miro a los alrededores y hacia el sur, contemplo al grupo de Golem que seguía caminando, a paso firme y de tortuga hacia ellos, como un gigantesco ejército der ocas móviles e invasor entrando en una ciudad conquistada. La amenaza comenzaba a sentirse con cada pisada.
- ¡Salgan todos…! – ordeno Víctor. Esperando que con su orden la energía les regresara a sus compañeros y así poder emprender la huida. Pero no tardo en que sus palabras se volvieron nada cuando sintió como el aire zumba fuertemente, como cuando un avión se acerca, dio media vuelta y vio una mancha anaranjada tomaba a Gabriel y desaparecía en el aire, dejando tras de sí una estala de viento y polvo. Era un Dragonite.
- ¡mierda! – dijo con violencia y agachándose - ¡todos a cubierto!
Instintivamente lo había previsto. Los demás siguieron al instante su ejemplo y a los 3 segundos el aire volvió a zumbar.  “Zoooooom…” Se escucho cuando 3 Dragonite pasaron rosando el suelo. Desaparecieron en el aire como el anterior, pero ninguno de ellos logro alcanzar su objetivo de secuestro.
- ¡Mierda!… ¡y como le hacemos con Gabriel! – pregunto Susan, quien tenía su cabeza cubierta por sus  brazos.
- ¡Preocúpate por nosotros!… - le respondió Víctor. Mientras se acercaban todos al vehículo que les servía de protección contra los secuestros. Arcanine y Ninetales se subieron al vehículo dado vuelta y rechazaron un tercer intento de secuestro, usando sus llamas de fuego.
En respuesta a la imposibilidad de tomar más prisioneros, unos Salamance se pusieron en frente del vehículo con claras intenciones de contraatacar el rechazo de los Pokémon que protegían a los humanos, los mismos que estaban ocupados intentando rechazar un 4 intento de secuestro. Por fortuna Mirash, el Alakazam, logro interceptar las llamas del enemigo, pero eran 4 contra uno y esto no duraría así mucho tiempo.
- ¡maldición!… si tan solo tuviéramos las armas de nuestro autobús – dijo Susan, al recordar el arsenal que tenían, pero que se perdió en la huida de Destroir.
 “Gyassss…” resonó el aire, y un poderoso rayo de energía golpeo a los Salamance, lanzándolos a varios cientos de metros, era tan poderoso que desgarro el pavimento y dejo la tierra viva debajo de él. Lugia apareció desde los edificios contiguos y al notar la situación que tenían, volvió a usar su Aerochorro, esta vez, contra los Golem. El poderoso ataque voló sobre el grupo del vehículo y golpeo de lleno al jefe de los Golem y a los primeros de línea, los que fueron lanzados sin mayores problemas hacia atrás, golpeado al grupo de retaguardia y estos a su vez a los de más atrás. “bum” se escucho y una explosión levanto un hongo de polvo dejando en su lugar un cráter nebuloso.
“Rayaaaaaa…” le siguió. Y Destroir apareció desde del mismo lugar, con su ojos brillantes y serpenteando en el aire.
- ¡No olvides contra quien estas luchando Argenta!… ¡Toma esto! – le grito Destroir, al tiempo que le lanzaba un poderoso Híper Rayo que el Lugia logro esquivar haciendo una maniobra audaz. Para sorpresa de los chicos el Híper Rayo fue a dar a un grupo de Dragonite que volaban cerca y que los habían estado rodeando hacia poco tiempo. Una explosión le siguió al impacto y chispas calcinantes cayeron hacia la tierra. Lo demás fue vaporizado por el impacto del tremendo ataque. Fuera buena suerte para Susan y los demás o simple coincidencia, lo que quedaba claro es que para Destroir la vida de sus subordinados era tan insignificante como la de los humanos, ya que ni lastima ni remordimiento sintió y siguió persiguiendo en círculos a su enemigo mortal.
 “no se preocupen por el muchacho… yo lo ayudare. Víctor, tu encárgate de sacar a los demás de la ciudad… ve al oeste… estoy seguro que por allí podrán salir…”
Retumbaban en sus mentes las palabras de Argenta. Quien despidiéndose voló raudo y veloz en búsqueda de Gabriel, rumbo hacia el este. Destroir no les prestó mayor atención a los que él consideraba insectos o menos que eso y siguió  lo más rápido que pudo a Argenta, lanzándole una llamarada de fuego que el Lugia logro esquiva nuevamente, ambos se perdieron detrás de los edificios. “bum” se escuchaba en repetidas ocasiones, cada vez más débiles y lejanas.
El silencio gobernó por unos breves segundos. Parecía que todo estaba calmo. Víctor miro y vio que los Pokémon estaban dispersos. Al parecer no eran los únicos que habían estado huyendo de la lucha de los dioses dragones.
- creo que es el momento de salir de aquí… los monstruos se alejaron para evitar ser víctimas de la pelea de esos dos – dijo Susan, a lo que Víctor asintió.
- bien, si queremos salir, lo mejor será ir hacia el oeste… como lo dijo Argenta.
Ninetales y Arcanine fueron los primeros quienes corrieron velozmente hasta cruzar la avenida del sur. Les siguieron los demás miembros del grupo, los humanos encabezados por Susan y Víctor, seguidos de Jonathan, Javy, Gisela y Max. Mirash hacía de retaguardia, pero ninguno de los Pokémon enemigos se sentía aun seguro de regresar allí, donde 7 Dragonites fueron convertidos en cenizas de un solo golpe.
El sector era dominado por construcciones bajas, la mayoría parecía haber sido tiendas comerciales o negocios pequeños de barrio. Otro grupo parecía destinado a departamentos para las personas. La ventaja de aquel sector es que era tranquilo. El enemigo aun tenía que tomar el centro de la ciudad y el norte, para poder llegar allí. Su invasión del sur, estaba algo retrasada, pero eso le daba tiempo a un grupo humano que buscaba escapar de una guerra en la que no podían sobrevivir.
Recorrieron unas 15 cuadras antes de llegar a los estacionamientos del edificio más grande del sector, un centro comercial. En aquel lugar, que debía albergar al aire libre a unos 500 vehículos, no había nada más que diarios y revistas, uno que otra lata que daban vote por el viento que la mecía de un lado a otro. El sector entero había sido abandonado.
- vaya… en verdad que tenían bien planeada la salida, si algo como esto se presentaba. Este sector era en donde los civiles, en su mayoría, vivían – dijo Jonathan, a modo de informante. En unos asientos que había cerca de la entrada da los estacionamientos encontraron un buen lugar para sentarse y reponer algo de fuerzas. Susan se rasgo parte de su ropa y tomando sin aviso por la espalda la cabeza de Víctor se la vendo. Javy dio media vuelta y se alejo.
- debes cuidarte esa herida o se infectara.
- no es necesario que me lo digas, se cómo cuidarme.
- bueno, entonces dime… que le pasara a Gabriel…
- en verdad te preocupa tanto ese sujeto.
- claro que me preocupa es mi prisionero… o era, además sigo sin confiar mucho en esa criatura.
- siempre desconfiaste, no… por eso me echaron, porque confié… nunca cambiaras en eso… pero si aun confías en mi palabra, puedo decirte que Argenta lo rescatara y no podría estar en mejores manos o alas. Bien creo que es tiempo de continuar, hay como unas 7 cuadras más antes de llegar al cuartel que custodia la puerta occidental…
Pero no alcanzo a terminar de hablar cuando la tierra comenzó a temblar. El piso se meció suavemente al principio, pero al paso de lo segundo el movimiento fue haciéndose cada vez más fuertes. Llego a tal punto que ni Ninetales ni Arcanine pudieron mantenerse firmes de pie. El suelo que bordeaba al centro comercial parecía haberse convertido en líquido.
- ¡¿qué diablos está pasando?! – grito Gisela, mientras se sostenía de la silla en la que había estado los últimos 30 segundo reposando. Su situación no era muy diferente a la de los demás, ninguno estaba de pie - pero que rayos… - volvió a decir, pero esta vez apuntando hacia el edificio.
Los fuertes pilares de acero y concreto que habían sido soporte del edificio, comenzaron a desmoronarse y sus muros fueron cayendo pedazo tras pedazo. Toda el ala este del edificio se vino abajo y el polvo emergió de las ruinas cual nube de explosión. Todo fue cubierto por un color crema y gris. En seguida, el suelo entre ellos y el edificio comenzó a burbujear, como si fuera líquido a punto de alcanzar su punto de ebullición. El pavimento cedió a la presión y se deshizo como arena fina hasta que dejo la tierra libre y a cielo abierto. Unos bultos de tierra se movían contantemente en todas direcciones, uno de ellos se acerco al grupo que miraba con estupefacción lo que había ocurrido. Una cosa pequeña y llamativa cosa salió de él. Era un Diglett.
 “Dig, Dig…”
No solo era uno. Eran varias decenas o cientos de Diglett y varios Dugtrio que salían de la tierra y volvían a hundirse, moviendo y removiendo el suelo con cada inmersión en aquel mar de granos.
- ¡¿Ellos… Ellos hicieron esto?! – pregunto Gisela, quien estaba sorprendida al ver a la pequeña criatura. En ese momento los sismos habían dejado de sentirse.
- son monstruos de tierra… - dijo Jonathan, al tiempo que al fin podía ponerse de pie – creo que debieron entrar por el subsuelo de la ciudad y llegar aquí. Al parecer están destruyendo todo el centro comercial… pero no creo que nos causen mayores problemas… deberíamos rodear este lugar y …
- ¡NO LO TOQUES…! -  interrumpió Víctor con un grito fuerte. Todos se dieron cuenta que Max, el menor del grupo,  se había acercado a la criatura y con curiosidad de niño lo toco con su mano derecha. De inmediato el Diglett pareció reaccionar y lo miro fijamente, parecía que no tenía buena visión, pero en cuando lo enfoco, se movió violenta e irritadamente y se escondió en el suelo.
- no pasa nada… solo es un peque…
“Dig, dig, dig, dig…”
Los Pokémon dejaron de labrar la tierra y miraron en dirección al grupo. Todos comenzaron a gritar y a llamarse los unos con los otros con gritos explosivos y chillidos, y luego, todos al unisonó, se metieron bajo tierra y desaparecieron de la vista. Los temblores volvieron, y aun más violentos. En las calles aparecieron agujeros  y estas cayeron dentro de sus boquetes. Eran enormes forados que se perdían en la oscuridad de la tierra y del día moribundo. Adentro era apreciable la verdadera cantidad de aquellos “simpáticos” Pokémon. Eran miles de miles cavando y ampliando el agujero hasta quien sabía cuanta profundidad.
- ¡otra vez!… – dijo Gisela.
- ¡nos quieren hundir!… ¡SALGAMOS AHORA! – ordeno Víctor en cuanto vio que las posibles rutas de huidas comenzaban a desaparecer. Solo una quedaba, en frente hacia el centro comercial.
Los chicos corrieron como podían. Con varios tropiezos y caídas productor del movimiento violento. El suelo detrás de ellos, comenzaba a desmoronarse cual película de “Indiana Jones”, precipitándose hacia las tinieblas. Por el terremoto, Javy se tropezó y quedo rezagada. Jonathan se devolvió pero el suelo estaba cediendo rápidamente.
Víctor y los demás reaccionaron un segundo más tarde, regresaron e intentaron rescatarlos a ambos de un destino casi real, pero antes que alguno pudiera hacer algo, una voz diferente se dejo oír entre aquel apocalipsis.
- ¡Red, Híper Rayo! ¡Ahora!… - Dos fugases haces de luz y energía volaron sobre ellos y fueron a dar al agujero. Allí adentro una explosión fortísima remeció el suelo haciendo que este se diplomara. Las ondas mecieron la tierra con violencia y todos sintieron el remesón. Javy quedo colgando de una tubería que emergía de la pared del cráter. Dentro del agujero, los Diglett y Dugtrio parecían haberse aquietado, aunque era difícil decir que ocurría porque estaba muy oscuro.
Una mancha roja se movió rápidamente y Javy desapareció. Apareció detrás del grupo, contenida en los brazos de una figura enigmática. Un Scizor.
 Todos allí presentes, salvo Javi y Víctor estaban impresionados con tal hazaña. No sabían si aquello era amigo o enemigo, pero de que era veloz, lo era. Sobre el único pilar que quedo de pie en el ala este del centro comercial, yacía sentado un sujeto de capa y sombrero negro contemplando todo como un águila vigilante.
- ¡Nicolás!… ¿eres tú? – pregunto Víctor. Pero el sujeto no respondió a su pregunta. Salto desde aquella altura y casi al instante, el Scizor dejo a Javy con los chicos y apareció debajo para sostenerlo y evitar así que se malograse.
- ahora… salgan… es su oportunidad – les dijo. Al tiempo que daba media vuelta y entraba al centro comercial por la puerta del ala oeste. Sin meditar mucho el grupo siguió al hombre misterios, justo a tiempo ya que Los Diglett y Dugtrio comenzaban a despertar. Aquel ataque los había hecho enfurecer aun más.
Dentro del centro comercial, se encontraron con un pasillo amplio que conducía hacia el norte. A los costados había tiendas de marcas famosas que alguna vez vendieron sus productos allí. Siguieron por la avenida y  llegaron a las escaleras mecánicas, donde  se encontraron con que los Pokémon de tierra habían comenzado a destrozar el ala oeste y el primer piso, del sector norte, estaba completamente inutilizado. El sujeto subió por las escaleras que ya ni se movían, los demás lo siguieron al segundo piso. Allí arriba, estaba el patio de comida rodeado de tiendas de comida rápida como McDonald y KFC, más otras tiendas menos conocidas de la región, que habían serrado hacia meses. Había mesas y sillas para poder almorzar cómodamente, pero con un suelo agujereado y muy inestable que hacía pensar a los que estaban allí, en los peligros a los que se enfrentaban.
“Bum” se escucho. Dieron media vuelta y pudieron ver como el sur del ala oeste se cubría de polvo. Los enemigos habían entrado por la puerta y ahora estaban destrozando el edificio sin remordimiento.
- no hay tiempo que perder ¡corran hacia el norte, ahora!… - ordeno Víctor mientras veía como el sur del segundo piso colapsaba y seguía acercándose hacia ellos. Víctor y Susan seguían al misterioso sujeto, mientras los demás les seguían a ellos. Saltaron algunos agujeros y mesas, mientras esquivaban trozos de losa que comenzaban a desplomarse del cielo. El suelo comenzó a remecerse nuevamente. De vez en cuando, Mirash, Ninetales y Arcanine contraatacaban, pero aquello era inútil.
Entraron en un pasillo de segundo piso y continuaron corriendo hasta alcanzar las puertas del segundo piso. Estaban cerradas.
- Red, usa tu puño – ordeno el sujeto.
Rompieron las puertas de cristal reforzado y lograron salir al exterior. Descendieron por las escaleras y llegaron a los estacionamientos del norte. 15 segundos después, la fechada norte del centro comercial se derrumbo con todo lo que había dentro.
- ¡wow! Eso estuvo cerca… pero logramos escapar – dijo Max mientras miraba al edificio desplomarse. Sentía como el corazón le latía fuertemente, pero una presión le embargaba la garganta, haciéndole difícil decir más palabras.
- no cantes victoria antes de tiempo – le dijo Víctor, haciéndolo dar media vuelta y contemplar lo que se les venía.
La tierra estaba removida y de esta salían constantemente las cabezas de algunos Diglett y Dugtrio, los que tenían la salida bloqueada. Junto a ellos había lo que parecían ser unas bolas de espinas que se movían rodando en círculos, misteriosamente. Una de ellas se dio vuelta y mostro su rostro. Eran Sandslash.
- ¡mierda!… - maldijo Gisela, mientras veía como su esperanza de huida parecía esfumarse. Mirash y los otros Pokémon se pusieron en guardia a los que Víctor, Susan y los demás agarraron palos y tubería esperando el ataque final. El Sandslash emitió un ruido y la orden fue dicha, todos los Pokémon comenzaron a correr al ataque. Estaba clara la gran desventaja de números para los pobres humanos, aun con sus Pokémon.
El sujeto misterios, estaba tranquilo mirando la situación. Por alguna razón no parecía darle orden alguna a Scizor, quien estaba agitando sus alas y solo quería una orden para actuar. Aunque no se sabía si con la cantidad de enemigos podría vencerlos a todos, sin contar con los que por atrás se estaban acercando. Estaban a menos de 100 metros de alcanzarlos.
- bien… supongo que ya ha sido suficiente tiempo ¿no? – dijo al tiempo que daba una mirada hacia atrás, mirando a Víctor y a Susan. Luego dio dos pasos hacia adelante - ¡Blue sal ya!
En ese momento el suelo tembló detrás del grupo y una nube de polvo emergió como un disparo. Una explosión de aire despejo las dudas, dejando ver el cuerpo escamosos y azul de un Garchomp.
- Blue… Levantamiento… Red usa Rayo de Hielo.
El Garchomp cayó al piso y se hundió en el suelo como si este fuera crema. Los Pokémon enemigos se detuvieron y quedaron mirando a todos lados, como intentado saber que ocurría. De pronto y sin aviso alguno, enormes rocas emergieron de la tierra a enorme velocidad, golpeado a los Diglett, Dugtrio y Sandslash. Red, el Scizor, se movió rápidamente y usando un doble rayo de hielo fue congelando a los enemigos rápidamente mientras saltaba de roca en roca. Casi cuando este término, emergió del suelo Blue, quien termino su ataque con un poderoso cabezazo a una roca que lanzo violentamente contra el enemigo.
Cuando todo termino, solo quedaban de pie Víctor, Susan y su grupo, junto al misterioso sujeto y sus  Pokémon.
- Creo que mi trabajo aquí ha terminado – dijo el sujeto en cuanto estuvo cerca a sus Pokémon.
- espera Nicolás… - dijo Víctor, tomándole el brazo y evitando que el sujeto se marchara. Para su desgracia, el Scizor reacciono rápidamente y con un golpe de su pinza lo soltó y lo voto al suelo. El sujeto se subió al lomo de Garchomp, le dio una mirada de desdén y se marcho.
- mierda… ese desgraciado otra vez…
El resto del viaje fue tranquilo. No tardaron mucho en llegar hasta las puertas del oeste, las que se encontraban abiertas de par en par. Los soldados allí se sorprendieron al ver que aun había gente en la ciudad y más al notar que eran acompañados de Pokémon.
- no disparen… no son enemigos. Hemos venido a ayudar a la Resistencia…
 - están seguros… hace como dos horas entro un sujeto con un monstruos… solo su presencia nos dejo a todos mal – le respondió un soldado cucha eran temblaba en sus manos.
- ¿y ustedes aun siguen aquí?
- el general aun no abandona la ciudad… está preparando los últimos detalles para salir… esperen que hacen…
Mirash, Ninetales y Arcanine se apartaron del grupo y comenzaron a caminar hacia la ciudad. Víctor de inmediato corrió tras ellos y se interpuso. Javy le siguió.
- ¿qué están haciendo?… debemos salir de aquí… esa fue la orden.
- la orden fue que TÚ sacaras a los humanos de aquí… no que nosotros los sacáramos. Ahora que te hemos ayudado, debemos ayudar a nuestro Maestro.
- pero no pueden hacer nada… el esta luchado contra Destroir ¿qué pueden hacer ustedes?
- eso es lo de menos… nuestro deber es ayudar a nuestro Maestro. Cumple con la orden de tu general… si la suerte nos acompaña, nos volveremos a ver.
Mirash voló y los otros dos le siguieron corriendo. Atrás dejaron a Víctor y a Javy, a Susan y al grupo de la Resistencia Unida. Atras dejaron a los soldados y a la puerta del oeste. El día estaba teñido de rojo.

...

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DARKRAIKOU

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Re:[FanFic] Apocalipsis Pokémon
« Respuesta #18 en: 15 de Febrero de 2013, 11:39:31 pm »
• Capítulo XVII – Las dos Caras de una Moneda

El cielo estaba claro y limpio. El sol permanecía en lo alto brillando intensamente, o eso era lo que podía ver a través de los lentes de sol que llevaba puestos. Permanecía allí, acostado sobre el techo de un vehículo abandonado y desvalijado por los ladrones hacía varias semanas y meses. Una nube se cruzo en el cielo y tapo el sol por unos segundos, dejando ver una mirada pensativa, que solo contemplaba el vacio.
En su mano derecha tenía un cigarrillo a medio terminar y en su mano izquierda, tenía un pequeña bolsa que no paraba de apretar y mover, como si misterioso contenido le dijera algo.
“bueno… después de todo el objetivo era darles el objeto o destruirlo…” pensaba mientras su mente se perdía en el vacio del cielo. Con las imágenes de aquel día que había trascurrido.



Los muros retumbaban y se mecían con violencia. Afuera la evidencia de la caída era apreciable. Muros derruidos y rotos que antes habían protegido a la civilización humana pero que en ese momento parecían viejos vestigios de lo que fue. Adentro, filas y filas de cientos, quizás miles, de criaturas de variadas formas y tamaños, todos ellos destruyendo lo que fuera que había a su paso. Los humanos, hacía horas que habían abandonado la metrópolis.
Recostado sobre la rama de un árbol, a modo de hamaca,  permanecía el mirando como el espectáculo daba forma y color a aquel día. “wow… genial” o “Oh…Oh… eso, así” repetía en ocasiones cuando veía algún auto ser aplastado o algún edificio volar en mil pedazos.
Tenía unos jeans azules y unas zapatillas marca Adidas. Usaba una ramera entampada con la frase “Si lees esto, Púdrete” y lo que parecía ser un cintillo que le descubría la frente y le hacía caer el cabello rubio sobre la nuca. La oreja izquierda a tenia perforada y con un pendiente brillante que combinaban con una pulsera del lado derecho. Tenía una barba de unos 2 días sin afeitar, pero algo  más crecida y definida en la perilla, dándole un toque de chico desaseado.
Se sentía a gusto allí. Tanto era el placer de estar allí, que se extendió aun mas, manteniendo el equilibrio y dejando que su vista de las hojas le permitiera perderse en la inmensidad. “Vaya esto sí que es vida” pensó.
De repente, un brillo fulminante destrozo el azul oscurecido del cielo. Surgió del interior de la ciudad y fue un flash tan grande, luminoso e intenso que por unos segundos el sol desapareció de la escena central. Aquel resplandor lleno por completo el lugar y lo saco del vacío de su mente por unos segundo. El misterioso resplandor desapareció tan rápido como llego.
- Wow… deben estar dándose duro allí dentro – dijo, frotándose los ojos porque quedo algo enceguecido por lo que había pasado. Saco unos lentes oscuros que traía y se los puso, mostrando una  sonrisa media siniestra en la cara – ¡debe ser todo un espectáculo!... pero bueno, supongo que ya va siendo el momento de ponerse a trabajar… aunque el espectáculo estuvo bueno…
Bajo del árbol con agilidad felina. A un costado, estaba una moto en no muy buen estado, que le servía de medio de transporte y sobre esta un bolso. Metió las manos en el bolso y saco una hoja donde estaba dibujado un mapa. Se quito los lentes de sol por un momento y contemplo lo que decía a la luz del sol moribundo. Tenía la típica expresión de “no entiendo ni un carajo esto…” y lo demostró dando vueltas el papel intentándole darle algún sentido, paso unos 3 minutos y sin más, arrugo el papel y lo tiro al suelo.
- qué diablos… solo es buscar y encontrar, nada mas – dijo al tiempo que se subía en la moto, la encendía y partía raudo hacia el sur, hacia la carretera y luego hacia el este, siguiendo el camino hacia la costa.
Hacia unas 5 horas atrás. En lo que parecía ser las alcantarillas y cloacas abandonadas de los suburbios, un sujeto con algunos kilos de más, con barba y cabello encanecido, se le había presentado. Tenía en su mano una hoja con la descripción del lugar donde debía ir.
“bien… aquí tiene la indicación de donde está el “objeto” que nos interesa… en cuanto lo tengas, ve al lugar señalado y dáselo al jefe. Si llegara a ver problemas… no dudes en destruirlo, es mejor que esté en nuestras manos, pero si no es posible, que no esté en las de nuestros adversarios…”
En cuanto salió de aquel apestoso lugar, se encontró con un ejército de Pokémon que comenzaban a invadir las calles abandonadas que estaban fueras de la cuidad. “el ataque” dijo. Como pudo, se movió entre los edificios, siempre escondido y en las sombras para no ser detectado. Cuando los muros reventaron y todo fue confusión, fue el momento perfecto de salir y escapar.
Desde aquel momento, había permanecido viendo el espectáculo.
Ahora, siguiendo la carretera y con la briza en la cara, sentía curiosidad por lo que realmente era “aquello” que se le había solicitado  encontrar. “A hora y media o 2, desde Nueva Edimburgo y luego al norte” recordaba y repetía en voz baja, esperando no olvidar la indicación que le había hecho el sujeto, en aquel lugar. Aun estaban frescas las últimas palabras de aquel hombre.
“recuerda lo más importante, tráelo y si no puedes, destrúyelo...”
- quien pagaría por destruir algo… verdaderamente están locos – dijo, dando unas carcajadas.
Estaba atento de ver las señales que le indicaban el camino, que según se le había dicho estaba abandonado hacía varios meses. Efectivamente a una hora y media, encontró una señal que indicaba por dónde ir. “Regimiento Norte de Nueva Edimburgo”.
- Bien… es aquí – dijo y emprendió su marcha hacia el norte por una carretera de tierra en mal estado. Fueron como 2 kilómetros los que recorrió dando tumbos y saltos de vez en cuando pero al final se encontró con una cerca de metal – vaya... y parece que electrificaron hasta la puerta para que nadie entrara… esto será pan comido.
El sol rayaba el horizonte y la noche comenzaba a dominar el cielo y aquel mundo con sus tinieblas que se iban fortaleciendo a cada segundo en frente de la luz.
Metió sus manos en el bolso y saco unos guantes que eran resistentes a la corriente electricidad y una linterna, para poder bien donde poner la mano. Sostuvo con los guantes las rejas, inspeccionándola y buscando las pinzas que la unían al resto de la cerca. Allí en la primera oscuridad, logro encontrar la primer y la desconectó, la segundo lo hiso de inmediato.
- ja, ja, esto es fácil… bien, ahora a buscar a por lo que vine – dijo para si en voz alta, y luego tarareo un Soundtrack muy parecido a la música de la película “El Padrino”, aunque con tonos y letra propias.
La noche confería un poder tétrico a cualquier construcción. La oscuridad da el poder del miedo, miedo que él parcia no sentir, o lo disimulaba muy bien. Entro a la primera dependencia, la que parecía ser el edificio principal o de bienvenida del recinto,  y allí encontró mueblerías que permanecían vacías, sin nada. No le sería fácil encontrar lo que buscaba, ya que el regimiento era algo amplio.
- diablos, donde será que escondieron esa “cosa”.
Fue de dependencia en dependencia, primero por los dormitorios, donde busco  minuciosamente debajo de las camas o en los closet. Incluso dentro de las almohadas. Siguió con las oficinas, donde escritorios y estantes fueron las víctimas. Se encontró con 4 cajas fuertes, las que con sus habilidosas manos, logro abrir en menos de  3 minutos. Para su desgracia en ninguna de ellas estaba lo que buscaba.
Le siguió con los baños, los que quiso dejar al último pero a último momento decidió hacerlo en primer lugar “… mejor evitarse la molestia de hacerlo al último y terminar mal” pensó. El olor era fétido, aun cuando no habían recibido excretas humanas en meses. Nada apareció. El comedor fue su siguiente parada, allí busco debajo de mesas y sillas, entro a la cocina y reviso cuidadosamente en los devanes, estantes y ollas, en el fregadero y en cualquier mueble. No encontró nada más que algunos alimentos hachados a perder y conservas que se quedaron cuando el edificio fue abandonado
- mierda… esto me llevara todo el día, o mejor dicho toda la noche.
Tomo una lata de unos frijoles y vio que expiraban dentro de algunas semanas, por lo que decidió comérselas antes que se perdieran. En una silla del comedor se sentó y usando una navaja suiza, abrió la lata y se sirvió su contenido. “vaya… he comido peores” dijo cuando se termino la lata y la arrojo al suelo.
Quedaban el departamento de almacenaje de municiones y refacciones y el gran garaje, donde yacía alguna maquinaria en desuso. En la primera estuvo buscando como por 5 horas, no era muy grande, pero había escondrijos por donde se podía guardar cualquier “objeto”. Además, había varias cajas de madera y de hierro que requirieron de sus diferentes habilidades para poder ver su contenido.
- wow… esto valdría una fortuna en el mercado negro – dijo en voz baja, mientras contemplaba el contendió de una caja llena de  granadas.
En el segundo edificio, el más grande de todos, se encontró con varios vehículos, la mayoría eran  jeep militares que les faltaban sus llantas y piezas de motor. Había una gran cantidad de piezas de refacciones que parecían no haber sido guardadas en su lugar y la torreta de lo que fue un tanque. Había también un helicóptero.
“bueno… más vale que empiece” pensó. Fueron como otras 5 horas más de búsqueda. El cielo comenzaba a recuperar su claridad lentamente mientras el alba rayaba el horizonte.
- Al fin… aquí esta. Sí que lo escondieron… ja, ja, ja, bueno, nada se escapa de mismo manos ¿No? – dijo al tiempo que salía de la parte inferior de uno de los jeep. Traía consigo un maletín negro y una sonrisa de satisfacción.
- veamos si realmente eres algo tan valioso… amiguito – dijo, mientras habría el maletín. Lo que encontró allí adentro le abrió los ojos de par en par. Cerro el maletín y su sonrisa de satisfacción ahora era de alegría – vaya, si que realmente es importante, con razón la Resistencia lo quería tanto… bueno, esto valdrá aun mas.
Camino tranquilamente hacia la entrada, cargando el maletín negro. A esas horas el sol matutino comenzaba a levantarse sobre las montañas orientales donde el brillo del sol daba un toque dorado y majestuosos. “hoy será otro perfecto día…” pensó.
Saco un cigarrillo y lo prendió. Aspiro profundamente y luego dio una bocanada de humo que se elevo lentamente hacia el cielo. Acto seguido, se subió a la motocicleta y emprendió la salida por la puerta ancha y sin obstáculo.
Regreso por el camino, llegando a la carretera que lo había conducido desde la salida este de Nueva Edimburgo, pero esta vez siguió hacia el este, rumbo a la costa y a las montañas, dejando atrás la devastación de la metrópolis ocurrida hacían tan solo un día.
“mi jefe te encontrara en la intercesión entre la carretera 51 y la 6 norte, allí encontrara un camping, en ese lugar lo encontraras”
Continúo su recorrido hasta llagar a la intersección de carreteras. Un letrero informativo indicaba que la carretera 6 Norte llevaba hasta la ciudad de Horrigan a unos 400 km.  Siguió la 6 norte sin mayores inconvenientes, la vía estaba libre de transito o vehículos solo él circulaba por ella. Llego hasta un teléfono de emergencia a un costado de la vía. Se detuvo y fue hasta el, cuando regresaba paso un vehículo, una camioneta, que venía del norte y a mucha velocidad. Continuo su recorrido hacia el norte esperando encontrar el camping que se le había dicho en el lado este de la vía. En eso pasaron unos 45 minutos cuando vio que un camino se desprendía de la carretera y un letrero anunciaba un camping llamado “Arroyos de la Tranquilidad”. “tienen que ser este” dijo para sí, y cambiando de vía, dejo la carretera y se adentro en el camino de tierra.
Adentro, una cabaña que había servido de oficinas le mostraba una fachada algo deteriorada. De detuvo en frente, apago el motor y dio unos pasos hacia la puerta llamando a viva voz si alguien había en el lugar. Sin aviso, un grupo de 5 Houndoom y  5 Mightyena aparecieron desde atrás de la cabaña y desde los matorrales que la rodeaban. Comenzaban a gruñir y a mostrar sus dientes, casi como dispuestos a atacarlo.
El sujeto los miro fijamente, parecía no sorprenderse  y luego de dar un hondo respiro de resignación, levanto los brazos y los puso tras su nuca en señal de rendición. Los Pokémon se quedaron cerca de él, a menos de 2 metros de distancia, gruñendo y mirando cualquier acción que hiciera.
La puerta de la cabaña principal se abrió. Era la figura de una chica alta de tez blanca y cabellos largos y negros, de busto proporcionado. Usaba minifalda y una playera ajustada que decía “I LOVE You”. La chica se acerco  y pasó entre los furiosos Pokémon, quedando frente a frente del sujeto, cara a cara.
“roaaaaa”
Un gruñido algo sensual y los Pokémon levantaron sus orejas, dieron unos pasos hacia atrás  y se sentaron, esperando recibir nuevas órdenes. De los matorrales emergió una criatura de pelaje blanco y brillante. Una gema oscura y reluciente marcaba su frente y sus profundos ojos rojos estaban marcados por una mira seria y desafiante. Un Absol.
- bien, bien… me permitirían bajar las manos. Mantenerlas así es algo cansador y ya saben…
La chica se acerco y comenzó a olerlo y luego a lamerle la mejilla. El sujeto se sonrojo un poco, pero la chica continúo lamiendo y llevando su lengua hacia su boca. Allí sintió algo áspero y casi irritante. Poso sus manos en la cintura del sujeto y este sintió como el filo de sus uñas parecía presionar sobre su piel. Cuerpos a cuerpo sintió como una alfombra le envolvía.
El Absol gruño algo más fuerte y directo. La chica se aparto un poco dejándole espacio al sujeto para poder respirar.
- siempre tan dispuesta a todo, no es así Karaid… - dijo mientras se pasaba la mano por la boca, esperando quitarse un poco de la baba que le había dejado la mujer.
- y tu siempre tan gustoso ¿no es así Tom? – Le respondió la sensual chica, mientras se apartaba. Comenzó a deformar su figura y poco a poco a cambiar su forma, dando paso a la figura de un Zoroarck – eso es lo que me gusta de los humanos, tiene un lado animal y sucio que me vuelve loca… aunque ahora podrías tener algo de competencia, Tom.
- ¿competencia?... encontraste a otro… bueno, no me importa tener algo de competencia, pero lo primero es lo primero, negocios son negocios y placer es placer, no llegue tan lejos sin separar las aguas…
- siempre al grano ¿no? Bombón…
El Absol se acerco donde el Zoroarck estaba y comenzó a gruñir, a hablar con ella. No paso ni 10 segundos cuando la conversación entre el Absol y Karaid termino.
- bien el Jefe Slayer pregunta si has podido encontrar el maletín que tenían esos sujetos de la resistencia.
- Así es, tal como ese viejo me dijo. Al parecer los que lo tenían decidieron guardarlo en lugar de llevarlo a Nueva Edimburgo. Fue una buena decisión, pero no contaron conmigo…
- no te vanaglories Tom, la invasión a Levante fue algo planeado, pero coincidió con la aparición del “objetivo”… por desgracia los de la resistencia lograron escapar y le habríamos perdido la pista si no fuera porque los soldados que estaban con ellos, le dijeron al alcalde de Levante, nuestro agente donde estaba…
- sí que también tiene a ese viejo gordo… ja, ja, ja en verdad los políticos son detestables.
- como sea, cariño. Ahora… lo más importante es si tienes el maletín contigo… ¿o no?
Tom cruzo los brazos y levanto una ceja, dando la impresión que ellos sabían muy bien cuál era la respuesta.
- claro… lo ocultaste, hasta que te pagáramos. Esa es otra cosa misteriosa que me atraen de los humanos, pueden ser tan descuidados y otras veces tan precavidos…
- nena, hay muchas cosas que te gustarían de mi, pero quiero ver el pago, no soy mercenario por nada, y lo sabes.
El Absol gruño y uno de los Houndoom salió de la formación y corrió detrás de la cabaña. Volvió con un saco que parecía contener algo pesado. Se acerco a Tom y lo dejo en el suelo, enseguida volvió a la formación. Tom lo tomó y lo abrió. Sus ojos brillaron cuando vio el contenido. Eran joyas de oro, plata y gemas.
- Wow… creo que si me conoces bien, bebe… – dijo cerrando la bolsa – pero ya sé que aquello es mas valioso que esto… así que creo que sería justo un pago más grande ¿no lo creen?
En cuanto termino de decir sus palabras, el Absol dio un salto y este cayó encima de Tom. Movió su cuerno y lo dejo sobre su cuello, presionando y mostrando el filo que este tenía. “gruuu” gruñía furioso. Tom levanto las manos en señal de no violencia.
- Tom, Tom… sabemos que los humanos son ambiciosos… pero creo que no estás en posición de negociar algo ¿o sí? – dijo Karaid.
- así parece bebe… pero si me matan tampoco encontraran lo que quieren ¿o no?
Karaid se acerco a Absol y hablándole al oído lo hiso entrar en razón. Este se bajo de encima de su víctima y Tom se llevo la mano al cuello sintiendo un hilo de sangre que le afloraba en el punto donde el cuerno había presionado. Se quedo sentado y mirando a Karaid.
- yo encuentro que por algo así… podrían pagar más… además a ustedes no les interesan esas cosas… las joyas y el dinero nos interesan a los humanos, no a ustedes.
Karaid se le acerco y le susurro al oído. Lo que le dijo lo sonrojo.
- eres muy interesante… cuando esto termine, hare que seas mi esclavo personal…
Luego camino hacia Absol y con un gesto, un Mightyena salió de la formación, fue a atrás de la cabaña y regreso con otro pequeño saco de joyas. Tom lo tomo muy feliz.
- en verdad me conoces muy bien Karaid…
- bueno negocios son negocios y placer es placer… ahora dime donde escondiste el maletín.
Tom guardo el segundo saquito en su bolso y sin más que ocultar decidió contarles.
- el maletín esta dentro de una cabina telefónica de emergencia a la orilla de la carretera, a unos 25 kilómetros de aquí, hacia el sur… estoy seguro que tus ayudante podrán encontrarla fácilmente.
- gracias – le respondió la Zoroarck, quien gruño en una extraña forma y estos de inmediato salieron corriendo, dieron un salto y se perdieron en la hierba.
- ahora querido, tendremos un tiempo entre que ellos encuentre el maletín y lo traigan… te gustaría jugar conmigo – le sugirió Karaid, mientras el Absol daba media vuelta y se marchaba, dejando todo en manos de Karaid.
- es una buen propuesta… pero prefiero permanecer aquí contando mi botín, hasta que lleguen tus amigos.
- bueno tú te lo pierdes…
“Owwwwwww…”
Era un lamento de un canido, como si alguien lo hubiera apaleado. Le siguió un ruido extraño. Un árbol cayó y le siguió otro. Absol y Zoroack se pusieron en guardia y el resto del grupo de Pokémon hizo lo mismo. Tom inmediatamente saco una pistola de su bolso y se puso en guardia, sin antes guardar en sus bolsillos los sacos que contenían sus ganancias del día.
- ¿Qué fue eso? - pregunto Karaid, mostrando los dientes y las garras filosas. Absol estaba igual, tenía su cabello erizado y los demás Pokémon parecían estar preparados para un asalto. Unos matorrales se movieron y una figura misteriosa emergió de ellos. Era un sujeto que usaba una capa negra degastada que le cubría todo el cuerpo y usaba un sombrero negro que parecía haber sido cortado por algo y que le cubría el rostro dejándole ver solo la sonrisa despreocupada que tenia. Detrás de él apareció un Scizor que traía sobre sus hombros a dos  Houndoom, los que parecían estar inconscientes.
El sujeto se detuvo a unos 25 metros del grupo de Tom, sin siquiera mirar a si alrededor como los Pokémon canidos estaban furiosos e irritados. Movía dentro de su capa algo, extendió su brazo y mostro un maletín negro que traía consigo.
- ¿Cómo?... ¡El maletín! – dijo Tom, quien estaba impresionado de la aparición de ese sujeto. Karaid miro a Tom y luego centro sus ojos en el maletín, sin mediar provocación corrió lo más rápido que pudo y dando un salto, intento alcanzarlo y arrebatárselo. Ella no supo lo que paso pero cuando se dio cuenta estaba en el piso al lado de Absol. El Scizor le había dado un golpe sin que ella se hubiera dado cuenta. “Es rápido” pensó para sí Tom, que vio todo aquello.
El Absol gruño fuertemente y desde las otras cabañas salieron rompiendo puertas y ventanas un grupo más numeroso de Houndoom y Mightyena. Eran como unos 50 en total. La situación se puso peligrosa, a lo que Tom ágilmente se escondió detrás de un árbol, mirando atentamente la situación que se había formado. “Esto sí que es peligroso”.
- se que estas allí, mercenario… - grito a viva voz el sujeto, mientras seguía manteniendo el maletín levantado, a la vista e impaciencia de los concurrentes -… tú haces el trabajo sucio que ellos te piden ¿no?... dime, que se siente saber que estas vendiendo a los tuyos por unas cuantas joyas… dime que se siente sentirte inferior en todo momento a ellos.
Fue como si le clavaran una espina en una vieja herida.
- vender a “los míos”… - le respondió – dices que vendo a “los míos”… o que “soy inferior a ellos”… ja… no me hagas reír… “los míos” nunca me dieron nada y siempre he sido tratado por ellos como escoria, pero que cosa podría saber alguien como tu… conozco a los como tú, te haces el rudo, pero no eres nadie sin la ayuda de ese monstruo tuyo.
El encapuchado bajo el maletín y lo oculto en la capa. Se mantuvo en silencio por un minuto. Absol y Karaid solo esperaban que este bajara la guardia para poder ir tras su objetivo y Tom miraba atentamente lo que ocurría. Sintió como algo comenzaba a presionar el aire y la tensión aumentaba sin saber por qué.
- no necesito de nadie que me cuide la espalda… – dijo el encapuchado al final, cortando el silencio y la tensión del ambiente –… ¡yo lucho mis propias batalla!
Alzo la mirada y dejo ver su rostro. Tenía una marca, dos cicatrices en la mejilla izquierda. Con un movimiento rápido, se desprendió del sombrero y de la capa al mismo tiempo, revelando el cuerpo que yacía oculto en el misterio. Tenía un cabello negro que le llegaba hasta el hombro y sus ojos eran profundamente oscuros. Tenía un torso fornido, lleno de cicatrices, parecidas a las de su rostro y sus brazos parecían tener la misma situación. Llevaba puesto únicamente un pantalón degastado y cortado de esos de deporte con unas zapatillas que también estaban algo desgastadas. Tenía unas muñequeras y de su cuello colgaba un talismán de dientes de quien sabia de que criatura.
Soltó el maletín a un costado.
- ahora, si realmente quieren ese maletín, luchen por él. ¡Ahora… Red sígueme! – dijo y en seguida se lanzo en contra de los Pokémon.
 “pero qué coño está haciendo ese sujeto…” pensó Tom, mientras veía la escena. Un Mightyena se le lanzaba encima, pero Scizor de un puñetazo lo lanzaba a volar. Un Houndoom corrió tras él, pero el sujeto dio una vuelta en el aire, lo esquivo y de una patada en el hocico le dejo inconsciente. “wow, es bueno… en verdad es bueno” pensó Tom. Karaid quedo sorprendida por la acción temeraria del humano, sin más armas que sus puños y patadas, y con la asistencia de su Scizor, comenzaron a dominar al grupo de 50, parecía que solo ellos eran todo un ejército.
En uno de los enfrentamientos, un Mightyena logro morder la pierna del luchador, pero este, casi como sin sentir nada, le golpeo de lleno en el rostro con tan fuerza que el Pokémon lo soltó inmediatamente, aunque los dientes penetraron más en la carne. Unos geiseres rojos salieron de los orificios por donde habían entrado los dientes.
- crees que eso me detendrá, toma esto… – dijo el sujeto, agarrando por los cuernos a un Houndoom y lanzándolo sobre otro que estaba a punto de lanzar un lanzallamas. Un Mightyena quiso usar lo que parecía ser un ataque de Bola Sombra contra el sujeto, pero el Scizor de un golpe se lo devolvió y enseguida le dio un puñetazo centrado que lo lanzo lejos hacia los arbustos. Fueron 15 minutos de pura acción, los 15 minutos de más acción que en la vida había visto Tom, o eso recordaba.
En cuanto estaban los enemigos derrotados e inconscientes el sujeto y su Scizor, se lanzaron  contra Absol y Karaid. El alrededor del Pokémon blanco comenzó a soplar el viento y pronto un muro de viento se formo, con un rápido movimiento de cabeza, el aire exploro en forma de una ráfaga que dio contra los dos intrépidos atacantes. El Scizor, que iba primero, recibió el golpe de lleno y fue lanzado hacia atrás como por unos 10 metros. El Luchador, que iba un poco más atrás, se cubrió con sus brazos, pero esto no fue impedimento. Termino peor que su compañero, fue lanzado a unos 15 metros y tenia cortes en el cuerpo producto del viento.
- ja, ja, ja… creíste que podrías vencer al Comandante del  Ejercito del Señor Rex… aquí se termina tu día… ¡a mi todos! – grito Karaid.
Los arboles soltaron hojas y los arbustos se mecieron. Las aves que estaban en el bosque emprendieron vuelo y poco a poco un sonido, como un zumbido de tierra, comenzó a hacerse más y más fuerte. Desde las lomas de las montañas, aparición ejercito de Houndoom, Mightyena y Liepard, tanto que parecían llenar la montaña.
“diablos… y cuando todo se estaba poniendo bueno” dijo Tom, quien se había subido al árbol para contemplar mejor la situación. Ahora el sujeto esta en clara y evidente desventaja.
- ahora si… si te rindes, te dejaremos vivir… si no. Morirás cual sucia rata… no importa la decisión que tomes, no puedes ganar.
El sujeto se levanto del piso, tenía heridas sangrantes y estaba en pésimas condiciones. Miro su pierna herida y su brazo rasguñado. Tenía nuevas marcas que añadir a su colección de cicatrices, eso era seguro. Luego miro al Scizor, el que parecía aun tener energías para rato. Este le respondió con una mirada ígnea y de confianza. La sonrisa volvió a la cara del luchador.
- en verdad Slayer es poderoso… lo admito y esperaba que sacaran sus cartas… pero no pensaras que esto termina así ¿o no?... pues yo saco las mías… ¡Blue, Levantamiento ahora! – grito a viva voz, a lo que le siguió un remezón de tierra tan grande que a todos tomó por sorpresa. Enseguida, púas de rocas emergieron de la tierra rápidamente desde la montaña y bajaron hasta llegar a la explanada del campamento. Estos noquearon a varios de los Pokémon enemigos que no tuvieron tiempo siquiera de reaccionar. Le siguió una explosión que lanzo a varios de los Pokémon que rodeaban al luchador a la inconsciencia instantánea. El polvo dio paso a la figura escamosa de un Garchomp hembra que se levantaba.
- ¡Hora si comienza la batalla! – dijo. Al tiempo que nuevamente emprendía carrera contra Absol y Kariad.
- ¡ATÁQUENLO! – ordeno Karaid, y todo fue un caos. Estaba claro que el poder y la fuerza del humano eran muy inferiores a las de los dos Pokémon que lo acompañaban, pero en entusiasmo y efectividad no se quedaba fuera de la batalla. Red se encargo de los Lierpard, los que eran los más rápidos. Blue se encargo de los Houndoom y Mightyena que había en la montaña mientras que el sujeto, usando sus puños y pies, le daba tumbos a los que se le interponían en el camino, mientras seguía avanzando hacia Karaid y Absol. Los otros dos le abrían paso.
El último Mightyena, fue pateado y lanzado a un costado y teniendo vía libre, el luchador se lanzo contra sus enemigos. “growww” gruño el Absol con su mirada serena, en cuanto tenia al luchador casi encima de él. En un parpadeo, aparecieron Gastly, Hunter y Misdreavus en todas partes. Unos Gengar aparecieron rodeando a Slayer y a Karaid y usando una misteriosa fuerza, detuvieron en el aire al enérgico sujeto.
- ustedes… deténganse… o este sujeto se muere – dijo la Zoroack, sosteniendo la cabeza del sujeto por su cabello, mientras el Absol pasaba su cornamenta afilada por la garganta, amenazando con degollarlo en un solo instante. Allí de rodillas, sentía como su cuerpo era inmovilizado por el poder fantasmagórico de los Pokémon que no había sentido. “mal movimiento” pensó.
Red y Blue detuvieron su ataque. Los Liepard, Mightyena y Houndoom, los rodearon y les obligaron a ponerse de rodilla. Al aparecer, todo había acabado.
- maldición – dijo Tom al ver tal situación. Por alguna razón misteriosa, sentía algo de empatía por el sujeto. Tal vez porque era un luchador, al igual que él, aunque en mundos diferentes, como las dos caras de una moneda, iguales pero con diferentes miradas al final. Bajo del árbol en cuanto la situación estuvo algo más calma.
- tu… ¡ve y tráeme el maletín, ahora! – le ordeno la Zoroack a Tom. Este obedeció inmediatamente, camino hacia el maletín vigilando cada movimiento de los Pokémon que allí estaban reunidos. Se sentía algo mal al tener todas las salidas bloqueadas.
A unos 5 metros de tomar el preciado objeto, un potente rugido que hiso estremecer y mover la tierra, lo contuvo. Una gigantesca llamarada de fuego descendió del cielo justo en frente de Tom, formando un muro de fuego, como un tornado que se alzaba violentamente hacia las nubes. Todos quedaron impresionados ante semejante imagen, tanto que los fantasmas se desconcentraron, permitiéndole al luchador liberarse con rápidos movimientos de defensa personal. En cuanto estuvo libre corrió hacia las llamas y salto hacia ellas, cruzándolas por entero y quedando detrás, al frente de sus Pokémon. Red y Blue reaccionaron y golpeado a los enemigos, crearon un radio de acción libre, donde se pusieron a resguardar al humano que seguían.
Las llamas menguaron poco a poco revelando el contenido que había dentro. Un rugido despejo las dudas y los ojos de todos concurrentes, se abrieron de par en par. Era un Entei.
- Te tardaste un Poco… ¿no? – le dijo el sujeto al tiempo que tomo su capa y sombrero y se subió al lomo de tan magnífica criatura. Absol y los demás dieron unos pasos hacia adelante, pero con una sola mirada de Entei y un rugido, hiso que todos retrocedieran. Bajo sus pies, yacían las cenizas del maletín y de lo que fuera que este hubiera contenido dentro.
Un muro de fuego se levanto separando a la legendaria criatura y una explosión dio fin a su presencia. Scizor y Garchomp, saltaron hacia el bosque y desaparecieron, dejando atrás a todos lo que hasta hacia pocos minutos, parecían haber tenido la victoria asegurada.
Tom se acerco y contemplo las cenizas de lo que quedo, a lo que Karaid y Slayer hicieron lo mismo. Sin más que hacer, Slayer rugió y los Pokémon desaparecieron en el bosque.
- vaya… ahora el contenido esta hechos cenizas… supongo que ni nosotros ni al resistencia podrá tenerlo…
- así es... – dijo Tom – quien se levanto y camino hacia su motocicleta – creo que mi trabajo está hecho.
- supongo… pero de algo estoy segura… nos volveremos a ver, bombón.
- creo que así será… así será – le respondió y emprendió la salida.



Abrió los ojos. En su mente aun aparecían las imágenes de aquel luchador que sin miedo, se enfrento a todos aquellos enemigos. No sabía si era por valor o porque era un demente, pero sin esperar, se bajo del vehículo y se subió a su moto.
- así que lucha sus propias batalla… ¿eh? Pues yo lucho las mías – dijo para sí.
Atrás dejo el vehículo y aquel día que tanto lo había sorprendido. Tenía el presentimiento que algún día se encontrarían nuevamente.


...

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DARKRAIKOU

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Re:[FanFic] Apocalipsis Pokémon
« Respuesta #19 en: 23 de Febrero de 2013, 10:19:58 pm »
• Capítulo XVIII – El Maletín Negro

Era la última noche antes de entrar a los dominios del enemigo. Susan estaba ansiosa al mismo tiempo que nerviosa. Allí adentro se encontraba aquello de lo que tanto podría depender sus esperanzas de resistir y ganar aquella cruenta guerra sin sentido. Dentro de la oscuridad del interior del autobús escolar, alzo su antebrazo y miro el tatuaje que la identificaba como miembro de la Resistencia Unida. Sentía orgullo por lo que ella era y una presión muy grande por saber que en sus manos estaban las vidas de sus compañeros.
Todos los demás estaban durmiendo menos ella, o eso era lo que pensaba. Adelante, en el asiento del piloto estaba Max quien roncaba mientras usaba sus brazos como almohadas sobre el volante. Atrás de él, estaba Gisela, junto a uno chica de unos 18 a 19 años. En los otros asientos estaban dos chicos que no debían de tener más de 20 años. En el fondo, estaba Susan y en frente de ella, Jonathan.
Hubo un crujir de asiento. Miro sobre su hombreo y vio a Jonathan de píe en la oscuridad. Este camino despacio, casi sin hacer ruido. Abrió la puerta, descendió del autobús y se perdió en la noche.  Susan se sintió incomoda por un momento y las ganas de tomar algo de aire fresco la hicieron salir a hurtadillas del autobús. Max gruño como si se fuera a despertar, pero siguió durmiendo y roncando.
- creo que no era el único despierto… ¿Eh? – dijo Jonathan quien estaba en la parte posterior del autobús, mirando el cielo en aquella extensión, mirando por sobre las figuras sombrías que dejaba la luna sobre la ciudad de la costa. Sin luz artificial, el cielo mostraba su gloria sin fin, como hacía siglos no lo hacía, sobre la megapolis que alguna vez fue llamada la gran ciudad. Susan se acerco y cuando lo vio claramente, notó una luz roja que le iluminaba en su rostro. Tenía un cigarrillo encendido y el humo ascendía como hilos plateados hasta fundirse con la negrura de la noche. La luna aun no llegaba a lo alto.
- vaya… ¿pero si tu no fumas? – le dijo al tiempo que se quedaba a su lado. Todo el mundo estaba tranquilo, el silencio reinaba absolutamente solo interrumpido por algún que otro grito de alguna criatura de las cercanías.
- no… no fumo. Mi hermano mayor era el que fumaba, cada vez que tenía un trabajo importante, fumaba para relajarse… pensé que podía relajarme… per… Cof, Cof – termino  tosiendo – pero no sé cómo… Cof, Cof… podía relajarse con esto.
- Bueno en verdad relaja – dijo Susan, mientras se reía de la cara que ponía Jonathan mientras tocia y se ahogaba por el humo.  Al final lo boto, pero permanecieron juntos por un rato mirando el cielo. El silencio parecía ser una buena compañía, pero no duradera.
- ¿crees que podremos cumplir con la misión, Jonathan?
Jonathan la  miro y esta parecía confundida mirando las estrellas. El brillo de sus ojos reflejaba dudas.
 - sé cómo te sientes… esta es la primer misión de este nivel que se nos ha dado desde que Víctor fue expulsado... tengo mis dudas, somos pocos los que quedamos del grupo 7… tu, Gisela, Chris y yo… Víctor era nuestro fuerte, el nos guiaba… pero ahora esa responsabilidad cae en ti.
- lo sé… es por eso que necesito tu guía… en aquellos momentos tus consejos ayudaban mucho, espero que ahora también…
Jonathan dejo de mirarla y centro sus ojos en la luna plateada que flotaba sobre las ruinas de la ciudad. En el fondo el también tenía dudas y miedos  de lo que se fueran a enfrentar, pero trataba en lo posible de permanecer sereno y tranquilo.
- no somos los únicos… eso debería darnos algo de fuerza ¿no lo crees?… se que será duro y difícil, lo sé… pero tengo fe en que podremos hacerlo.
- fe… eso es raro en ti, eres ateo ¿no?
- no se necesita creer en dioses para tener fe.
- ¿y qué clase de fe es esa?
- la mayor de todas… Fe en las personas – termino diciendo, con sus ojos brillantes cruzándose con los de Susan. Aquello la sonrojo.
- bueno… es mejor descansar antes que la hora llegue – termino Jonathan, quien sin aviso le dio un beso en la frente y se fue. Susan se quedo inmóvil, si las palabras de Jonathan la habían puesto roja, aquel acto le puso la cara como un tomate. Espero un tiempo, para que el rubor y la vergüenza le dejaran en paz, entro al vehículo, cerró la puerta y se acostó en el asiento, sin antes darle una ojada a Jonathan quien estaba acostado y con una manta encima que le impedía ver si estaba despierto o dormido.
Acostada, observo que el espaldar del asiento delantero tenía un dibujo provocativo y obsceno, a su lado tenía el nombre de alguna persona a la que estaba dedicado pero muy borroso para poder leerlo, sin lugar a duda aquello databa de varios años antes que aquel conflicto se desatase. Miro nuevamente su antebrazo y contemplo el tatuaje del mundo soportado por las alas. “Resistencia Unida” decía, y se quedo con aquella última imagen en mente y desaparición en las sombras.
La luna pendía sobre las montañas del oeste, mientras la claridad del nuevo día comenzaba a rayas la costa y el mar lejano. Los picos de los viejos rascacielos se alzaban como dientes de un monstruo gigantesco, dando algo de miedo y admiración. El sol rayaba el alba.
- buenos días comandante – escucho mientras comenzaba a salir del reino del buen Morfeo. Era la voz familiar de Jonathan quien permanecía sentado en el asiento de enfrente, mirándola fijamente.
- buenos días Jonathan… ¿y los demás? – pregunto sin querer recordar la conversación de la noche anterior. Se levanto de los asientos y miro hacia delante. Aun los demás seguían durmiendo. Solo ella y Jonathan estaban despierto – ¿qué hora es?
- aun no sale el sol… pero supongo que dentro de poco tendremos que iniciar la misión. Levantare al resto para que se preparen ¿Ok? – dijo, se levanto y fue asiento por asiento despertando a cada uno de los somnolientos miembros del grupo. El ultimo en levantarse fue Max, a quien costo sacarlo del sueño, un sueño profundo.
Dando estirones de músculos y más de un bostezo, el grupo salió del vehículo justo a tiempo para contemplar el amanecer del astro señorial. Tenían los músculos y articulaciones adoloridas por tantos días de dormir adentro del vehículo sin conocer más que asientos y sabanas. Susan les permitió unos 5 minutos de estiramiento y algo de actividad, para que despertaran plenamente, luego se les dio de un bolso que tenían, unas raciones de alimento, unas barras energéticas y unos jugos que llevaban siendo su desayuno, comida y cena desde hacía varios días. Hasta Susan estaba hastiada de aquello y su lengua anhelaba probar una manzana fresca, pero esa era la realidad que tenían y con la que debían conformase. Cuando terminaron de desayunar se procedió a repasar el plan, lo más minuciosa y cuidadosamente que se podía.
- bien… nuestro objetivo se encuentra dentro de este cuartel de la Policía… – dijo indicando todo aquello con su dedo sobre un mapa que tenían en el pavimento –… bien, para alcanzar el lugar tendremos que pasar por estas calles, hasta llegar aquí. Inteligencia nos informo que los enemigos vigilan constantemente toda esta área por lo que a partir de este punto tendremos que ir a pie. A unas 5 cuadras. Dentro haremos lo mismo que hicimos en la simulación y cuando tengamos el “objetivo” regresaremos por la misma ruta… esperando no ser detectados por el enemigo. Si llegáramos a ser sorprendidos, nos separaremos en grupos dividir al enemigo y aumentar nuestras posibilidades de escape, entendido…
Todos asintieron con la cabeza.
- tu Max te quedaras en el vehículo, esperaras a nuestra llegada ¿está claro? El resto nos dividiremos en 2 grupos. Jonathan comandara el grupo uno y estarán bajo su mando María y Jacob. Yo comandare el grupo 2  y Chris y Gisela estarán bajo el mío. Tomen lo que necesiten y prepárense rápido, en 5 minutos iniciamos el misión ¿está claro?
- si señor – respondieron todos y subieron al vehículo. Allí adentro tomaron pistolas, cuchillos, municiones. Armas de guerra y todo cuanto podían necesitar. Cada grupo se quedo con unas radios, dejando la tercera con Max, para que este estuviera preparado cuando debían salir. Antes que acabara el tiempo, todos estaban preparados.
- bien… comencemos – dijo Susan y Max dio marcha al vehículo. La misión daba comienzo.
Habían logrado llegar a la ciudad pasando por las villas de casas prefabricadas que rodeaban la gran ciudad. Tomaron una autopista, pasaron por un puente y llegaron hasta los altos rascacielos de la metrópolis que se alzaban aun invictos como espinas amenazantes del firmamento. Unas manchas en el aire fue la señal para detenerse. Una bandada de  Murkrow liderados por un Honchkrow volaron sobre ellos y se perdieron entre los edificios cuando doblaron más adelante. “cuidado… esos son los vigías del enemigo” recordó Susan un viejo consejo que le había dado Víctor hacía tiempo, cuando ella era novata.
Se detuvieron y dejaron que unos minutos pasaran, miraron por las ventanas si había mayor evidencia de enemigos. Nada. Continuaron por unas 5 cuadras mas sin interrupción ni advertencia hasta la fachada de un viejo edificio que había mantenido en su interior al cuerpo de bomberos de la zona. Abrieron las puertas. Inspeccionaron el lugar y no encontraron ningún problema allí, estaba todo despejado.
- bien te quedas aquí a esperarnos… te avisaremos cuando regresemos, si vez algún problemas nos respondes y si te ordeno salir sin nosotros, lo haces ¿entendiste?
Los demás, se separaron en los grupos y salieron a hurtadillas del edificio. Caminaron ocultándose entre vehículos abandonados, callejones “sin vida” y más de alguna dependencia que tenia fácil acceso. Todo para que no fueran vistos. 5 cuadras después, el frontis del cuartel de la policía les indicaba que estaban a la mitad de la meta.
Las puertas principales del cuartel estaban cerradas, cosa que el grupo sabia por lo que se metieron en los estacionamientos y desde allí entraron por la puerta del garaje. En el interior, había algunas excretas de alguna criatura, que parecía haber hecho su casa por algún tiempo allí. El aire era pesado, ya que las puertas principales no se habían abierto hacia varios meses atrás y el polvo se acumulo en demasía desde aquel entonces.
En el fondo de la sala de recepción, había dos escaleras. Una subía y llevaba a las oficinas, laboratorios y departamentos de la policía. La otra bajaba y llevaba a los calabozos.
- bien… Jonathan quédate aquí y avísanos si llegara a ocurrir algo. Si un enemigo aparece, pónganse a resguardo, no dejen que los vean ¿está claro? – ordeno Susan en voz baja. Jonathan afirmo con la cabeza. Susan descendió por la escalera con su grupo y llegaron hasta los calabozos donde la luz apenas podía iluminar este lugar. Al fondo, por el pasillo rodeado de las celdas de prisioneros, estaba una puerta que conducía a un piso aun más subterráneo.
- Bien, tomen sus armas, no sabemos que nos podemos encontrar aquí – ordeno, al tiempo que sacaba una pistola y le removía el seguro. Chris y Gisela hicieron lo mismo y removieron el seguro de sus armas. Caminaron lentamente viendo entre sombras y luces el contenido de las celdas, para su fortuna todas estaban vacías.
- wow… ni esas cosas se atreven a entrar en los calabozos… ja, ja, ja – dijo Gisela a modo de broma, intentando bajarle en algo a la tensión que había en el ambiente.
Llegaron al fondo y la puerta estaba trabada. Susan saco un silenciador y lo puso en su arma para así disminuir en lo más posible el ruido que se generaría. “Bang” fue el sonido del metal de la bala atravesando la oxidada chapa de la puerta y permitiendo que esta se abriera sin problemas. El interior era oscuridad total.
Sacaron unas linternas que se podían poner como miras en sus armas. El piso cedía a una escalera unos metros más adelante, una escalera de caracol que descendía hacia las penumbras. Al fin después de unos breves segundo de estar en alerta, mientras descendían, llegaron hasta una habitación donde se guardaban las evidencias de los crímenes de la cuidad. Amplia y oscura, iba revelando sus secretos con cada haz de luz penetraba en las sombras. Había de todo, desde pequeñas jeringas de drogadicto, paquetes con marihuana, armas blancas y de fuego de diversas formas y tamaños, bates, insignias, banderas, documentos, etc. todo estaba ordenado y bien resguardado en estantes y tras rejas de las que pendían gruesos candados que protegían su contenido interior. En el fondo, caminado en línea recta, cruzando un pasillo rodeado de estas evidencias,  emergía de entre la bruma negra la forma redonda y metálica de una puerta de bóveda. Era idéntica a aquella que uno ve e las películas donde los bancos son asaltados, gruesas e imponentes. Ese era realmente su objetivo.
- tal como nos lo dijeron… adentro debe estar nuestro “objetivo”.
- pero como abriremos semejante puerta, si no hay electricidad – pregunto Gisela.
- la puerta de esta bóveda se puede abrir manualmente – dijo Chris – fue diseñada así si llegara a ver un apagón masivo de la ciudad y el generador del cuartel no funcionaba o dejaba de funcionar.
Chris se acerco a la puerta y comenzó a inspeccionarla. Del bolso que traía consigo saco algunas herramientas que le eran necesarias para la labor de abrir aquella bóveda. También saco un papel doblado que fue desdoblando, era un diagrama de la bóveda con algunas indicaciones que el mismo había escrito. Sus compañeras, Susan y Gisela, lo dejaron hacer  lo que solo él podía, interviniendo únicamente en la iluminación cuando este les indicaba.
Chris era un chico de 20 años. Cabello castaño claro y corto. Tenía ojos pardos y tez blanca. Usaba una indumentaria militar, ya que como él había dicho, había recién acabado el servicio militar de su país, cuando ocurrió el Incidente. Fue técnico y electricista en su tiempo en el ejército nacional, pero tenía un amplio conocimiento de redes y circuitos, además de conocer el funcionamiento de vehículos y maquinaria diversa. En más de una ocasión le ayudo de Max a arreglar su viejo cacharro. Cuando Víctor estaba al mando del R7, Chris fue aquel al que todos querían por su carisma y humor. Pero cuando este abandono el grupo y el R7 se convirtieron en el R51, dejo de ser tan alegre y una pena oscura pareció inundarlo. Fue él quien apodo al grupo “los Ladrones del Cielo” en aquellos tiempos en que él era feliz.
Fue una lucha de por lo menos 30 minutos. Realmente fue difícil, ya que la puerta era algo compleja y muy bien diseñada. Contaba con un gran número de medidas de seguridad. Al fin el trabajo termino y comenzó a ver cuanta fuerza se necesitaría para abrir semejante cosa.
- bien, por lo que veo, necesitare que todos muevan al unisonó – indico al tiempo que agarraba con fuerza la perilla de la bóveda y las otras dos, hacían lo mismo que el – bien… uno, dos, tres… - dijo al tiempo que los tres jalaban la puerta. Esta no cedió fácilmente y solo al tercer intento esta se movió, lenta y rechinantemente – sigan… sigan…
La puerta se abrió lentamente y al cabo de un minuto, dejo ver en su interior el contenido que esta resguardaba celosamente.
- jefa busque rápido… yo y Gisela mantendremos la bóveda abierta – dijo Chris, mientras sostenía la perilla, sintiendo la tensión que producía la puerta en su intento por regresar a su estado original. Gisela empujaba con todas sus fuerzas.
Susan entro.  En el interior había fajos de billetes falsificados, eran cientos de estos, todos catalogados por fecha y un código de identificación en los casos que correspondían. Dentro también se encontró con paquetes de droga más pesadas y procesadas, todas identificadas y dispuestas en orden. Había objetos de gran valor, relojes de oro, joyas y hasta un revolver enchapado en plata y oro que algún delincuente, tal vez un jefe de mafia, tuvo en su poder antes de caer por la espada de la dama vendada. Todo aquello podría haber llamado la atención de cualquiera, pero a los ojos de Susan solo un objeto realmente era valioso. En el fondo, rodeado de joyas y dinero falso, se encontraba un simple maletín negro.
Susan se acerco, le quito los seguros y abrió la tapa para ver su contenido. Chris y Gisela ya no podían soportar la fuerza que les ejercía la puerta de metal, por lo que le gritaron a la jefa  que saliera luego. Susan cerró el maletín y corrió hacia la salida. “quítate de ahí” le dijo a Gisela, quien dejo de empujar la puerta y esta se le soltó de las manos a Chris. La jefa salto justo a tiempo antes que la puerta se le cerrara encima. “pum” retumbo en la habitación el eco del sonido de la puerta cerrándose violentamente.
- más vale que sea lo que buscamos… porque dudo que tengamos otra oportunidad  dijo Chris, mientras Gisela miraba a los alrededores esperando que aquel ruido no hubiera despertado a los fantasmas de su imaginación. Susan se levanto y mirándolos fijamente, afirmo con una sonrisa y con la cabeza en forma positiva. Una sensación de jubiló les prendió el corazón.
Corrieron hacia las escaleras y ascendieron hasta llegar a los calabozos, de allí subieron nuevamente hasta llegar al despacho principal del cuartel. Allí, sentada en las escaleras que descendían, los esperaba María mientras que Jonathan y Jacob habían subido hacia el segundo y tercer piso para asegurarse de que no había malos moradores en aquel lugar. Justo cuando Susan y los suyos se encontraron con María, Jonathan y Jacob aparecieron descendiendo de la escalera.
- como les fue… ¿lo consiguieron? – pregunto Jonathan.
- si aquí esta… - dijo Susan mostrando el maletín negro – ahora llama a Max y dile que prepare todo, que estamos saliendo y llegaremos en unos minutos.
Jonathan se aparto del grupo y llamo a Max usando su radio, mientras Susan le daba instrucciones al grupo entero de que tenían que ahora que emprendían el regreso. Había pasado como unas 2 horas desde que la misión había iniciado y el sol aclaraba mucho por donde ellos pasarían. Los monstruos ahora deberían estar más activos que en las primeras horas de la mañana.
- bien todo listo, jefa – dijo Jonathan tras darle las instrucciones a Max.
Susan dio la orden y los dos grupos regresaron por donde entraron. Salieron por el garaje y por los estacionamientos. En cuanto salieron a la calle libre, vieron a un segundo grupo de Murkrow volar muy cerca, todos se apegaron a la muralla o se escondieron detrás de un viejo contenedor de basura que había en el lugar.
La bandada, continuo volando en círculos por la calle, y luego de unas 5 vueltas, dobló por la calle de enfrente y desparecieron de la vista. Sin moros en la costa, el grupo atravesó la calle y se metieron por un callejón que les permitía estar más ocultos de posibles ojos vigilantes. Continuaron caminado lo más rápido y sigilosamente posible, y llegaron hasta donde el callejón se unía a una calle importante, abierta  a la observación. Jonathan se adelanto y sacando un espejo, se acerco en cuclillas, esperando poder ver con este los movimientos de la calle.
“murk… murk…” era unos graznidos que venía desde atrás. Todos dieron vuelta y vieron un pequeño Murkrow que les miraba atentamente, estaba apoyado sobre una escalera metálica.
- ¡maldición, nos vio! – dijo Gisela, quien apunto con su arma y disparo. Para su mala suerte el disparo no le dio y reboto en el metal. El Pokémon hecho vuelo y entre los disparos desapareció sobre los edificios colindantes.
- mierda… avisara a los demás, si es que sus graznidos o las balas no lo han hecho – dijo Susan, mirando a Gisela. La jefa de inmediato dio la orden de salir corriendo de aquel lugar. El grupo cruzo la calle y dando un vistazo, pudieron ver  un grupo de Golem que se encontraban  a la lejanía. Sin esperar a saber si venían tras ellos o no, rompieron los ventanales de una tienda y entraron. Por lo que apreciaron a simple vista y al olfato, aquel lugar había sido una carnicería. Se adentraron en el congelador que ya no servía y desde allí salieron por la puerta de atrás.
Estaban en un estacionamiento, salieron y llegaron a la siguiente calle, pero un temblor les removió el piso y los hizo detenerse. La tierra se abrió violentamente, como si un volcán hubiera nacido e inmediatamente entrado en erupción, y de este emergió una criatura larga y de roca. Un Onix.
El monstruo les impidió el paso y el grupo dio marcha atrás. La criatura les dio caza como podía, metiéndose en la tierra y emergiendo cual delfín saltan del agua. Todas las construcciones aledañas eran destruidas, pero esto mismo lo ralentizaba lo suficiente como para que los humanos tuvieran algo de ventaja.
Chris rompió la puerta trasera de una tienda. Le siguieron todos. Estaban en un mercado minorista de prendas de vestir. Corrieron hacia las puertas principal que llevaba a la calle. Cuando estaban por llegar, las losas del piso salieron volando y la tierra se abrió, mostrando roca, cemento y tuberías. Una enorme cosa pulimentada emergió desde las entrañas de la tierra. Era un Steelix.
- ¡maldición! – grito Gisela, al tiempo que le disparaba. Susan y Jacob hicieron lo mismo pero la coraza de metal de la criatura lo volvía inmune a las balas. Dispararle solo era un desperdicio de municiones y tiempo.
Estaban intentando pensar en cómo evadir a la criatura, cuando por el muro colindante emergió el Onix anterior, rompiéndolo todo y chocando de lleno con su evolución. Ambas criaturas quedaron tendidas en el suelo moviéndose torpemente mientras intentaban reponerse. Susan supo que si seguían juntos, las cosas se pondrían aun peor, era tiempo de dividir para vencer y en frente de ella se hallaban dos salidas, una era rodear a los monstruos y salir por la puerta principal, y la segunda era ascender al segundo piso por la escalera aun no desplomada y encontrar la forma de salir por allí. Susan le dio el maletín a Jonathan y con su grupo, se decidió por la segunda alternativa.
- Nosotros intentaremos llamar la atención de esas cosas, salgan por la puerta y asegúrense de estar bien – les grito mientras se perdía tras subir las escaleras. Jonathan sin esperar más, tomó la ruta de la puerta principal, rodeo al Onix y al  Steelix, los que aun tenían problemas para levantarse, y llego hasta la puerta de salida con María y Jacob.
“nos vemos” pensó cuando empujo la puerta.



Empujo la puerta y dejando que la luz del sol le diera en pleno rostro. Acto seguido se encontró con un grupo de Charmeleon y otro de Sandslash que los estaban esperando.
- ¡mil veces mierda! – Dijo Jonathan – ¡Todos corran por aquí!.
Jonathan, María y Jacob corrieron por la vereda de la calle seguidos de los iracundos Pokémon. Con el maletín en mano, rompió un ventanal de una tienda aledaña al edificio de donde había salido y entro saltando hacia su interior. Los otros lo siguieron justo a tiempo para cuando unas llamaradas entraron detrás de ellos. Parecía una tienda de ropa, llena de maniquís esperando que alguien los vistiera. En ese momento la tierra comenzó a moverse violentamente. Los Sandslash entraron rodando como bolas espinosas, mientras los humanos escapaban hacia el interior, moviendo muñecos y muebles para hacerles difícil el camino a sus perseguidores. Jacob disparo su arma y le dio de lleno en un ojo a uno de ellos. Era su primera vez eliminado a uno de aquellos monstruos. María lo intento, pero con mala suerte que el Sandslash se cubrió con sus placas y desvió la bala.
Había una puerta, y rompiéndola a patada, entraron.  Era una bodega de zapatos y zapatillas, mas no les intereso eso, agarraron un sillón y atrancaron la puerta con este. Luego le pusieron encima otro, esperando con eso impedir que sus perseguidores pudieran entrar y seguirles la pista. Salieron por la puerta trasera y se encontraron con un callejón sucio rodeado de altos edificios. Corrieron hacia la calle, pero antes que pudieran llegar, se escucho una explosión que rompió el muro del edificio que recién abandonaban. Miraron hacia atrás y desde la fachada emergía la figura del Steelix quien salía dando un salto hacia el muro del edificio de enfrente a este, rompiendo ambos edificios y el suelo del callejón con su inmenso tamaño, formando un agujero en el suelo por donde cayeron escombros de ambas construcciones.
“AUXILIOOO…”
Escucharon y notaron que la mano de María salía del borde del agujero. Se había quedado atrás sin que los otros dos se dieran cuenta.
- ¡Sostente! – le grito Jonathan quien corrió junto a Jacob hacia su compañera. Jacob fue más rápido, tal vez por estar entrenado en el ejército, pero cuando llego al borde del agujero, extendió su mano y tomo la mano derecha de María. “sostén firme mi mano” le dijo mientras intentaba sostenerla con la otra, pero antes que pudiera tomarla, el guante de María se deslizo fácilmente de su mano, producto del sudor y la presión.
Se soltaron y ella cayó al vacío de las tinieblas. Jonathan alcanzo a ver como ella caía y era devorada por la tierra.
- ¡Nooooo…! – gritaron los dos al unisonó mientras venían como su compañera desaparecía sin dejar rastro. Los ojos de ella estaban bien abiertos, mientras su cabello se mecía por el aire de alrededor y sus brazos y piernas se mecían como chapoteando en el agua. Tenía el rostro muerto por el miedo.
En los bordes de los muros y siguiendo hacia las profundidades, un ejército de Diglett y Dugtrio se movían ocultando y sacando la cabezas mientras excavaban la tierra haciéndola blanda y suave.
Los dos allí en el borde permanecieron mirando la oscuridad, pero el terreno comenzó a desmoronarse hacia el precipitó. Jacob rodo y Jonathan dio unos saltos hacia tras mientras el suelo una vez firme, cedía. Ambos corrieron hacia la calle, mientras el agujero parecía seguirlos. Fue haciéndose más y más grande, devorando todos los edificios de los costados y dejando al descubierto sus pisos superiores, maniquíes, camas y duchas fueron a parar todas juntas al vacio. Desde el otro lado de la calle, pudieron mirar con espanto todo aquello.
Jonathan y Jacob permanecían sentados y algo cansados sobre los peldaños de una escalera de departamento. Un respiro era lo que necesitaban, pero una bandada de Murkrow que volaban cerca, los obligó nuevamente a correr con todas sus fuerzas. Corrieron y corrieron como por unos 5 minutos hasta llegar a la estación del metro, allí descendieron por las escaleras del subterráneo de la ciudad. Para su fortuna estaba abierto, e ingresaron rápidamente antes que los vigilantes del enemigo los detectaran.
- mierda si hubiera llegado antes – se decía, culposamente, Jacob. Tenía lágrimas en los ojos y su voz estaba muy cortada. En el interior gris de la estación subterránea, Jonathan se acerco y lo abrazo. “no fue tu culpa, fue mía… yo estaba a cargo del grupo… hiciste lo que pudiste”. Aquellas palabras no podían quitar la pena, pero eran el reflejo de la pena de otro ser humano que sufría, que compartía el mismo dolor y de alguna forma sus manos terminaron agarrando la espalda de su superior con fuerza.
 “Gar… gar…” les interrumpió unos gruñidos que venían desde arriba de las escaleras. Unas sombras moviéndose, avisaron de la presencia de un grupo acercándose. Eran Charmeleon.
- ¡Diablos!… ¡no nos dejan un minuto! – dijo Jonathan, quien agarró por el brazo a Jacob, lo obligo literalmente a seguirlo. Atrás dejaron las vallas y la boletería, las escaleras mecánicas y los paneles informativos. Habían llegado al túnel. Los Pokémon por su parte, habían sentido el aroma y siguiendo su olfato, comenzaron a correr por la estación. Eran rápidos y no tardaron en encontrar la pista que los conducían a su presa.
- si estoy en lo correcto este túnel nos dejara a unas cuadra de la estación de bomberos… corre por aquí – dijo, esperando dar ánimos a Jacob.
Ambos corrieron, mientras de reojo veían como un grupo de lagartijas y púas rodantes se movía tras de ellos, por fortuna estaban cerca de una puerta que conducía hacia la sala de control de los ventiladores del metro. Jonathan pateo la puerta y entraron a una cabina con una escalera larga que ascendía hacia la altura. Allí adentro, había una fuerte corriente de aire.
Jonathan dejo que Jacob fuera primero, luego le siguió aunque constantemente le daba gruñidos para que se apurara, ya que sostenía con la boca el maletín. Pronto cuando estaba a menos de un metro de llegar al final del túnel, la cabeza de un Sandslash apareció abajo y este los miro fijamente  mientras les gruñía. La criatura movió torpemente sus manos intentando sostenerse de la escalera, pero no lo logro y se cayó. Lo volvió a intentar y volvió a caerse. En ese momento aparecieron otros Sandslash y unos Charmeleon. Estos últimos prefirieron atacarlos a distancia que intentar subir y alcanzarlos. Para fortuna de los humanos las llamas se deshicieron mucho antes de alcanzar los pies de Jonathan, producto de la fuerte corriente de aire que había allí.
Delante de Jacob había una rejilla de metal. La empujo y esta salto hacia el interior de una habitación. Ambos subieron y entraron, mirando el misterioso contenido que esta tenia. Era uno de los muchos cuartos de control de los ventiladores del metro tren de la ciudad. Había paneles y algunos ordenadores cuyas luces titilaban débilmente, dando claros indicios que en algunos sectores de la metrópolis aun había corriente eléctrica. Pegado a un muro se encontraba un mapa del metro completo de la ciudad.
- Bien si subimos por esta escalera, llegaremos a la superficie… según esto estaremos justo a una cuadra del bus – dijo Jonathan, apuntando desde donde saldrían y hasta donde llegarían. En un mapa de la ciudad que había allí.
Movió una silla y dejo ver una escalera que ascendía hacia la superficie. “esto nos llevara al drenaje de la calle  y de allí a la meta”. Ambos subieron, esta vez más calmados debido a que habían dejado a tras a sus perseguidores.
Efectivamente, llegaron hasta una puerta de acero que al abrirla dio paso a las alcantarillas de la cuidad. No era un lugar “bello” precisamente y aun cuando las personas habían dejado la metrópolis hacia años, el olor fétido aun persista. Caminaron por las calles subterráneas hasta llegar a una escalera que ascendía hasta lo que parecía ser la tapa de alcantarilla de la calle superior.
- bien, señor, déjeme ir primero a mi… si hay problemas le digo – le dijo Jacob en cuanto Jonathan se dispuso a subir. Este le dio el lugar y siguió las huellas de su compañero. Jacob levanto la tapa metálica. Estuvo unos minutos viendo mientras el peso caía sobre su cabeza, dio una vuelta y luego otra, al final dejo que la tapa callera suavemente son hacer ruido. “hay enemigos, señor, mejor retroceda” dijo.
Jonathan descendió unos escalones y lo siguiente que sintió fue un empujón en su hombro. Cayó al piso y su mirada se quedo pegada al cielo, mirando a Jacob mientras sacaba su arma y subía, destapando la alcantarilla con violencia para luego ponerla en su lugar, con ojos de lunático. El maletín voló a unos metros a su lado. “bang… bang” se escuchaban los disparos de bala y más de alguna palabra que desde el fondo, Jonathan no logro entender muy bien. Le siguió un grito espeluznante y luego un silencio sepulcral.
- ¡qué te pasa idiota! – grito Jonathan, cuando las palabras por fin lograron salir, y de inmediato se levanto y subió la escalera como pudo, olvidándose del maletín. Sostuvo la tapa, pero ni pudo moverla, estaba caliente y le quemo la yema de los dedos.
“Que has hecho, imbécil” se dijo. Descendió y espero unos minutos escuchando solo silencio, teniendo esperanza que lo que se imaginaba no hubiera acaecido. Solo el silencio le respondía. Con lágrimas en sus ojos, tomo el maletín y siguió caminando por las alcantarillas un tiempo más. A unos 500 metros encontró otra entrada a las cloacas. Ascendió y vio todo despejado. Atrás, en la calle, se hallaba una hoguera extraña. Se acerco cuanto pudo, atento a su alrededor, de ella emergía un humo negro y gris que ascendía hacia el cielo. A su lado el arma de Jacob.
Sin mirar más, corrió hacia la acera y detrás de un bote de basura, se agacho esperando que el mundo no notara su presencia. Las lágrimas le brotaran sin que nadie lo viera. Fue un momento de debilidad infinita. Un momento donde su corazón se estrujo. Era el único que quedaba de su equipo, de su grupo.
Espero unos minutos en silencio y luego camino lentamente hacia un callejón cercano. Sin tener nada más que hacer corrió como pudo entre los edificios y salió a la calle. En frente la estación de bomberos, sin enemigos a la vista.
Desde el frente llamo a Max por la radio y este abrió la puerta. Cruzo la calle y entro.
- ¿y los demás? – pregunto Max. Pero Jonathan estaba muy triste para responderle inmediatamente.



En cuanto llego al segundo piso, se encontró con la sección de ropa de mujer. Había vestidos, pantalones, trajes de baño. La mayoría tenía descuento con tarjetas de casas comerciales. Había maniquíes que estaban vestidos con trajes de noche, algunos empedrados, pero todos ya opacados por el polvo del tiempo.
El suelo comenzó a temblar. Chris se acerco a las escaleras y espero no ver en a entrada a su amigo. Efectivamente el grupo 1 había desaparecido y los 2 Pokémon habían logrado separar sus pesados cuerpos y comenzaron a destruirlo todo a su alrededor.
- bien ahora por donde salimos – pregunto Gisela, quien miraba a todos lados sintiendo los movimientos del suelo, como si la estructura que los sostenían fueran a caer. Los paneles del cielo falso caían como lluvia con cada sacudida. Pronto los pilares se agrietaron, dejando entrever que la estructura no resistiría más tiempo.
- ¡por aquí! – ordeno Susan, al poco rato. Ella voto una estantria de zapatos, al notar una irregularidad en el muro. Había una puerta de acero pintada de blanco como el resto del interior de la tienda. Esta milagrosa salida estaba trabada por lo que Gisela uso su arma para romperle la chapa y poder pasar. No supieron si fue el sonido de la explosión de las balas u otra cosa lo0 que llamo su atención, pero en cuanto la puerta se abrió, el suelo se despedazo y la cabeza gigante del Steelix emergió de ella.
- ¡CORRAN!
Sin pregunta ni permiso, entraron al edificio contiguo. Era un edificio de departamentos ya abandonados, donde el primer piso era usado para el comercio y el segundo y tercero eran usado de residencia habitables. Frente a ellos, un largo pasillo con ventanas de un lado y puertas de otro conectaba las habitaciones de los inquilinos. Al otro extremo, unas escaleras descendían hasta la puerta de la entrada, la que se encontraba bloqueada con muebles y basura que les impedía pasar. Sin lugar a duda, aquello fue para protección.
Corrieron por el pasillo hasta llegar a la escalera, viendo el primero piso bloqueado, se encontraron en la disyuntiva de la espada y la pared. La puerta y el muro por donde entraron reventó en mil pedazos y de los escombros y polvo, emergió Steelix quien giraba violentamente, destrozándolo todo a lento y seguro paso.
- y ahora ¿Por dónde? – pregunto Gisela, quien venía como la criatura se les acercaba inexorablemente.  “zum” saltaban los pedazos de cristal, madera y cualquier cosa, era como ver una máquina trituradora gigante en acción. Susan fijo sus ojos por un momento en la última ventana del corredor, la que tenía en frente, esta estaba conectada a un balcón. Increíblemente este estaba en frente de otro del edificio de enfrente, el que era desproporcionadamente mas grane, dejando unos metros de distancia uno del otro. Era como si el que lo construyo lo hubiera hecho pensando en el grupo.
- ¡SALTEN! – ordeno. Rompió la ventana y salió por el balcón, haciendo uso del poco espacio agarro impulso y logro llegar hasta el otro edificio. Gisela sin preguntar, le siguió segunda. Chris dio una pequeña mirada antes de saltar, en el callejón de abajo vio a Jonathan y Jacob que corrían hacia la calle. Quiso llamarlos, pero el Pokémon de acero estaba a metros de él y la urgencia lo apuro. Salto y el Steelix rompió en mil pedazos el muro de la construcción, emergiendo de este como si se tratara de una cascada. “rápido, apúrate” escucho y corrió lo que más rápido que pudo. La cosa le estaba pisando los talones.
Un extraño grito, seguido de una especie de eco ahogado se dejo escuchar desde atrás, pero estaba muy lejos y el Pokémon hacia mucho ruido para entender lo que pasaba, por lo que no se detuvieron a pensar lo que estaba sucediendo.
Aquel edificio era puros apartamentos que fueron ocupados en su tiempo por inmigrantes y residentes antes de la gran catástrofe. En su interior encontraron igualmente desorden y las puertas bloqueadas, impidiéndoles salir de la edificación. “Mierda que pasa en todo esto” dijo Gisela, quien estaba hastiada de seguir escapando, pero sabiendo que solo eso podía hacer. El Pokémon de acero estaba a unos 30 metros de ellos, acercándose y girando como serpiente encantada de la india.
Los pisos superiores estaban libres, por lo que tomaron las escaleras interiores y subieron al tercer piso. Allí arriba no vieron al Pokémon, pero podían sentir con fuerza como el piso se movía y tambaleaba por lo que estuviera haciendo en el inferior. Luego sin aviso, el suelo voló en mil pedazos y la criatura emergió para luego desaparecer. Era un gran salto para semejante mole. Subieron aun más, a la azotea.
Allí arriba, con un día perfectamente iluminado, vieron como el polvo de lo que fue la anterior edificación se disipaba en el aire. Sus restos, juntos con los de los departamentos donde estaba, desaparecían, mientras caían sin saber a dónde hacia abajo. Pronto el suelo de la azotea comenzó a mecerse con fuerza.
- ¡UN MINUTO!… ¡SOLO UN MINUTO! – maldijo Gisela quien corrió tras sus dos compañeros que le tenian algo de ventaja a la hora de correr. Llegaron hasta el vorde del edificio, pero ste estaba tan junto a los demás, dejando estrechos callejones debajo de ellos, que con el impulso de la corrida, lograron dar los saltos y pasar los precipicios insondables que se les formaban. Así fueron saltando unos 5 edificios, uno tras otro, seguidos del Steelix demoledor de edificios, el que parecía había agarrado algo de velocidad porque no tardo mucho en “devorar” los apartamentos anteriores.
En la última azotea, Unos 5 Murkrow y  2 Honchkrow les salieron al paso. “Bang, bang” se oyeron los disparos que salieron del arma de Susan y los otros dos. Los Pokémon lograron esquivar aquella primera ráfaga de balas, y atacaron al grupo pero tampoco tuvieron éxito. Los tres humanos lograron evitar los sapraos que estos seres les intentaban de dar y fue en ese momento, cuando Susan y Gisela se defendieron y dieron muerte a dos Murkrow y a uno de los Honchkrow que los apoyaba. El resto de las malhechoras aves salió volando al ver que no podían hacer nada más por sus compañeras y que lo más probable es que terminarían igual. La construcción anterior colapso completamente y se hundió.
Victoriosos y amenazantes, miraron que podían hacer, había un callejón de unos 7 metros y dos calles principales que les eran imposibles saltar. Debían descender y poner fin a su aventura de altura.
- bien… debemos bajar – ordeno Susan al indicarles unas escaleras que descendieran a la parte trasera del edificio, colindante al callejón. Rápidamente los tres descendieron antes que la serpiente de acero los viera y les diera alcance. Allí abajo, corrieron cruzando la calle y llegaron hasta un contenedor de basura que había en la entrada de un callejón sin salida. Lo abrieron, y sin ver su contenido, se metieron en su interior. Con un levantar leve de la tapa, observaron que era lo que ocurría.
La construcción voló en miles de pedazos y sus pilares se derrumbaron sin resistencia alguna a la gravedad. Steelix emergió erguido de la construcción, girando rápidamente su cuerpo como un gigantesco trompo pero con el poder de un tornado. Dio un salto y se clavo en medio de la calle, rompiendo el pavimento y hundiéndose en la suave tierra. Le siguió el Onix que primero los ataco, que hiso lo mismo. En agujero que dejaron en el suelo, comenzó a abrirse como si abajo no hubiera nada, pronto alcanzo un diámetro de decenas unos 60 metros y quien sabía cuanta profundidad. Aquello se trago los restos del edificio y la mitad de la calle. Onix emergió del agujero y comenzó a observar alrededor, ya que los había perdido de vista.
- parece que no sabe donde estamos – susurro Chris. Allí adentro había un olor a basura de viejos trapos, plásticos y esas cosas. Gisela daba gracias al cielo que no hubiera comida. Después de unos minutos el Onix hundió la cabeza y despareció, Susan los hiso esperar otro 5 minutos más, para asegurarse que habían desaparecido. Los temblores habían dejado de sentirse.
- vaya eso estuvo cerca… - dijo Chris, quien dio una sonrisa de esas que no había dado hacia tiempo.
Salieron del contendor, lo mas sigilosos posibles, en el callejón, lejos de la vista de cualquier enemigo. Susan supo que no se habían desviado tanto de la ruta. Calculo que debían recorrer 2 cuadras más antes de alcanzar la estación de bomberos. Esperaron que las cosas se calmaran aun más y que no hubiera ningún enemigo a la vista, para poder continuar. Corrían apegados a los muros y fachadas de los edificios.
- ocúltense – ordeno Susan cuando llegaron a una intersección. Había notado el movimiento de enemigos, los reptiles Charmeleon, que movían sus colas dando chispazos de fuego con cada latigazo. Era una cuadrilla de unos 20 que venían de la calle que se cruzaba y que corrían rápidamente sin tomar mucho en cuenta su alrededor.
De estos, unos 5 se quedaron en mitad de la calle, mientras los demás corrieron por la calle en dirección del grupo. Susan y los otros dos se apegaron a la pared del callejón, esperando no ser vistos por aquellas criaturas. Para su fortuna, las cosas ígneas siguieron de largo y luego de llegar a la esquina doblaron y se perdieron.
- qué raro… porque estarán esos 5 allí quietos – pregunto Gisela, pero nadie tenía claro que pasaba, retrocedieron y pasaron por detrás de algunos vehículos estacionados, esperando que los Pokémon de fuego no los vieran. Cuando llegaron a la esquina doblaron en sentido opuesto a del grupo de Charmeleon. Justo allí Susan sintió un sonido, eran balas que venían desde atrás. Miro que ocurría y logro ver a Jacob disparando sin ton ni son a los Pokémon que al parecer lo habían estado esperando. “Mueran malditas lagartijas… mueran Hijos de…” gritaba como demente.
De los 5 allí, al parecer le dio a solo uno, que fue lastimado, pero no de gravedad. Los Pokémon se movían y rodaban esquivando a un extraño Jacob, y antes que este pudiera reaccionar estos contraatacaron con fuego, prendiéndolo rápidamente de pies a cabeza. “Ahhhhhhhh…” era el grito de agonía que dejo escapar de su garganta mientras las llamas lo envolvían por completo. Quiso usar su arma pero esta se le soltó de las manos mientras los Pokémon seguían avivando el fuego con cada aliento ígneo. Al final, en menos de un minuto, cayó desplomado como un muñeco incendiado y sin movimiento. A su lado, su arma inutilizada, igual que él.
Susan impresionada quiso gritar y correr a socorrerlo, pero Chris se devolvió justo a tiempo y le tapo la boca y la contuvo con fuerza. Gisela hizo lo mismo, ambos la arrastraron hasta doblar la calle y allí hicieron que se recostara sobre el muro de la construcción. Sus ojos estaban completamente abiertos, mirando al vacio. “tengo que salvarlo… tengo que salvarlo” murmuraba, casi como suplica. Solo el dolor en una mejilla, producto de una palmada de Chris, la saco del trance.
- ¡USA TU RAZÓN!... ¡NO PODEMOS SALVARLO!… ¡debemos salir o terminarnos igual! – dijo Chris con fuerza, pero sus ojos reflejaban la tristeza y que quebranto casi a flor de piel.
Los Charmeleon se movieron dejando atrás el cuerpo aun prendido, caminaron hacia la calle siguiente. Susan y los demás retrocedieron y se ocultaron detrás unos vehículos abandonados. Desde allí vieron como los Charmeleon corrían y doblaban por la calle en sentido opuesto a ellos, siguiendo el mismo camino que el grupo anterior de lagartijas.
Sin perder más tiempo, como pudieron corrieron por la calle y sin interrupción llegaron, hasta la estación de bomberos, al otro lado de la calle. La cruzaron y golpearon las puertas esperando encontrar a Max o al otro grupo. Jonathan abrió las puertas y de inmediato reacciono.
- están todos – pregunto, su rostro estaba oscurecido.



Max prendió el motor sin esperar que la puerta se levantara, presionó el acelerador y salió como un demente despedido hacia la calle, rompiendo en pedazos el portón. Dobló hacia la izquierda, hacia la salida de la cuidad, por donde ellos habían entrado.
- bien, lo conseguimos… – grito Gisela, aunque no con animos de celebración, sino de preguntarse sobre qué había conseguido. Habían perdido a dos compañeros de la manera más cruel. En las sombras y en el fuego.
- Max, solo sigue adelante, debemos salir de aquí lo antes posible… - ordeno Susan, más en forma de suplica que orden. Aquella orden era innecesaria, Max tenía los ojos rojos de tanto llorar en la estación, al igual que el resto de sus compañeros.
Susan y el maletín yacían en el asiento delantero, Jonathan y Gisela estaban sentados en medio y Chris quiso estar solo, por lo que se sentó junto a las granadas de mano que tenían en la parte posterior del autobús. Todos tenían los ojos humedecidos y algo rojos por la pena de perder a sus compañeros.
Para su desgracia, antes que sus corazones se aquietaran, el pavimento de la calle se remeció violentamente, y a unos 200 metros adelante, este exploto cual volcán, dejando salir de las entrañas de la tierra a un gigantesco Steelix. Max freno a tiempo, dio marcha atrás y giro el autobús entrando a una calle pequeña, algo mas angosta que la calle principal. Todos allí se afirmaron como pudieron de sus asientos.
- ¡A  no… esta vez NO! – grito Gisela, quien camino hacia Chris. Juntos tomaron una bazuca y la prepararon, abrieron la puerta trasera y en cuanto tuvieron al Pokémon en la mira, presionaron el gatillo. “zum” voló el proyectil del mortero y golpeo en pleno rostro a la criatura la que cayó de espaldas sobre su mismo agujero. “bien” chocaron palmas, pero antes que pudieran terminar, el autobús se sacudió violentamente, adelante, emergió el Onix, que los había alcanzado y casi daba vuelta el autobús.
 “a la derecha, a la derecha” ordenaba Susan, pero la criatura de roca fue rápida y con su cuerpo golpeo la parte lateral de vehículo, desestabilizándolo y haciendo que una caja de proyectiles y granadas cayera por la puerta abierta.
- ¡DETENTE!… ¡Chris se ha caído! – Girito Gisela. Chris quien no logro sostenerse a tiempo.
En el suelo, Chris sintió como su pierna se había fracturado con tanto bote en el piso. Miro hacia tras y tenía a la criatura enfrente que se erguía y se acercaba. Supo de inmediato que no había salvación.
- ¡NO SE DETENGAN!… ¡SIGAN!… ¡SIGAN!… - les grito con todo su aliento.
Max le hizo caso y Gisela corrió hacia el conductor esperando poder detener ella misma el vehículo. Jonathan y Susan la contuvieron. “¡detente… es Chris!” gritaba ella, desesperada, pero sus palabras y llantos no encontraron lugar en los oídos de Max. Este dejo que parte de su rostro le fuera visible y este derramaba lagrimas, como verdaderos ríos. Gisela Comprendió.
Atrás dejaron a su compañero, perdido y a su suerte.
El vehículo siguió su marcha velozmente y el Pokémon dio un salto sobre Chris, cual película “Liberen a Willy”. “váyanse” fue lo que pensó y regreso la vista hacia tras, vio como el forado que había dejado el Onix crecía y crecía y se acercaba mas y mas hacia él. Intento escapar, pero el suelo cedió al vacio. Logro sostenerse de una tubería que se hundía en la pared del precipicio, pero sus fuerzas menguaban.
- este es el fin ¿no? – dijo para sí en voz baja. Miro al cielo y vio que el sol estaba alto, la tarde había llegado. Miró hacia abajo y contemplo a los Diglett y Dugtrio trabajando incansablemente mientras se abrían paso por la tierra. Ensanchando aquel agujero y haciendo que este se tragara la tierra y terminara en las sombrías entrañas que ni la luz del sol podía alcanzar. “Así que aquí termina todo… aquí termina…” pensó, y se soltó.
Jonathan dejo a Gisela con Susan y camino hacia la puerta. Tomo una barra de acero que había en el autobús y con ella cerró la puerta, esperando que no se abriera con otro violento movimiento.
Detrás de ellos el Onix los seguía dando saltos en un mar de cemento y tierra. En cuanto llegaron a una intersección, se le unió a este un grupo de Golem que aparecieron desde la calle que cruzaban. Estos se enrocaron sobre ellos mismos y dando vueltas y tumbos, les comenzaron perseguir. El Onix se hundió en la tierra y no volvió a parecer.
En verdad eran rápidos en esa forma, uno de ellos golpeo al autobús escolar por el costado, aunque el vehículo iba a 120 km/h. otro golpe se sintió desde el otro costado. Era otro Golem, al que le seguían el resto de Pokémon.
 - si nos vuelven a golpear… será nuestro fin – grito Max, vaticinando lo que ocurriría con otro golpe. Jonathan rompió un ventanal, apunto con su arma y disparo, pero nada podía atravesar la dura roca de la cosa. A esa velocidad era impensable usar el mortero, era mucho riesgo. Susan y Gisela se unieron a la infructuosa fiesta de balazos.
De repente un flash inmenso de luz ilumino la ciudad. No supieron que fue, pero fue rápido, no duro más de 3 segundo. Los Golem se apartaron del vehículo, aunque seguían rodando solo a unos metros por detrás y siguiéndolos. En el cielo y detrás de unos edificios cercanos unas pequeñas manchas blancas en el aire comenzaron a juntarse y sin aviso el cielo se oscureció como si toda la luz del sol que tenían encima fuera tragada por las sombras, solo esas manchas luminosas quedaron. Cuando todas se juntaron. Una mancha pequeña pero muy brillante apareció en el cielo y luego una explosión.  Luz y energía fueron desprendidas en forma de una enorme burbuja que crecía y crecía más y más, a una gran velocidad, todo esto a vista y paciencia del grupo y todos los Pokémon aledaños.
Las ondas de choque de la explosión rompieron los vidrios de los altos rascacielos que se lazaban del centro de la metrópolis, cayendo como lluvia brillante. Las ondas llegaron hasta la calle donde se corría la carrera de la muerte, remeciendo mucho más fuerte el suelo que lo que los Diglett y Onix habían podido hacer. La  calle se agrieto y una luz misteriosa y multicolor los impregno a todos. Susan y los demás sintieron una fuerte presión, sus cuerpos eran deformados por una misteriosa fuerza como si no pudieran hacer nada. Para fortuna de ellos esta sensación duro poco y tan rápido como vino se fue, junto con la burbuja de luz. Para los Pokémon que los perseguían, la sensación fue mucho más fuerte, tanto que cuando chocaron con la onda de energía esta los lanzo contra los edificios como canicas, como si esas moles realmente no pesaran nada. El autobús se detuvo.
- ¿qué diablos fue eso? – pregunto Gisela.
- no lo sé… pero creo que fue en esa calle, estamos muy cerca vamos a ver – dijo Susan. Todos habían olvidado por un minuto la persecución de la que fueron víctimas. Max acelero y doblaron hacia la calle donde había ocurrido aquella explosión. Al cavo de unos minutos, Los Golem furiosos lanzaron basura y vehículos volando por los aires mientras intentaban salir de los escombros que tenían encima.
Adelante, a una buena distancia se podía ver la figura de un sujeto parado sobre la calle. Tenía una indumentaria deportiva. “qué diablos hace ese tipo aquí” pensó Susan mientras el sujeto comenzaba a gritarles cosas que no alcanzaban a oír por la distancia.
Aquel triste día parecía continuar con hallazgos misteriosos, mientras el maletín negro reposaba seguro dentro del autobús escolar.



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