Autor Tema: [Fic] Memorias de tristeza.  (Leído 745 veces)

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~Cronos~

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[Fic] Memorias de tristeza.
« en: 19 de Febrero de 2011, 08:17:41 pm »
Prólogo~

Una historia tiene su comienzo y su final, y en la mía no han llegado ninguno de los dos. Una historia tiene su desenlace en la que la trama termina, pero eso no creo que me pase nunca. Siempre he creído que lo que me ha pasado ha sido una aventura, y lo que me pasará será otra. Cuando llegue el final de mi historia, no podré contarlo, porque entonces habrá llegado la hora de irme para siempre.
Todo esto es una nube de pensamientos míos que debías saber, y ahora que lo sabes, ha llegado la hora de que conozcas mi historia.

Dos años han pasado desde que tuve que irme de mi ciudad natal con mis padres hasta un sitio alejado, oscuro y frío, sin vida y donde la pobreza alcanzaba unos niveles tan altos que me vi afectado yo, mi familia y el mundo en el que vivía.


Por favor, no comentéis, hay un tema donde podéis hacerlo
« Última modificación: 19 de Febrero de 2011, 08:36:22 pm por ~Cronos~ »



~Cronos~

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Re:[Fic] Memorias de tristeza.
« Respuesta #1 en: 21 de Febrero de 2011, 09:00:40 pm »
Capítulo 1.0
Plan de huida
Nowan era una ciudad preciosa. La belleza natural contrastaba con las máquinas y la tecnología punta del lugar. Se habían insonorizado los aparatos eléctronicos y demás, de modo que la contamiación acústica era baja. No vertíamos residuos a las aguas, no contaminabamos, en resumen.
Era la ciudad perfecta, escepto por el hecho de ser aburrida. Las máuinas nos daban poca libertad, y no veía nada nuevo.

He de decir que aún así sí que era muy tranquila. Era relajante vivir en ese lugar.
Tenía amigos y iversión en pequeñas dosis, me gustaba mi forma de vivir, la forma que teníamos de vivir.

Pero por culpa de asuntos políticos que ningún civil conocíamos exactamente de que se trataban, estallamos en guerra, los hombres mayores de edad tuvieron que aprender a luchar y a manejar armas contundentes y de fuego. Luchamos contra otra nación costera anexa a la nuestra que tenían tecnología más desarrollada aún, con armas especialmente destructivas.
Nowan quedó arrasado, convertido en cenizas, de modo que tuvimos que trasladarnos a otro lugar en el que vivir.

Desgraciadamente llegamos a Ciudad Baja* donde la pobreza alcanzaba unos niveles altísimos y la gente principalmente vivía en mitad de las calles y su comida se ubicaba en las basuras de callejones y aceras. Su hogar eran casas de cartón o cubos de basura, si tenían menos suerte. A veces las ruinas de una casa servían para un par de familias, y era el mejor hogar que se podía pedir si eras tan pobre como lo era yo.

Al llegar a aquel lugar no teníamos ni un solo Daz* , de modo que nos convertimos en vagabundos al igual que la mayoría de la gente del lugar. Vivíamos de comer mondas de naranja podridas y demás asquerosidades.
Cuando me cansé de aquella vida intenté salir por todos mis medios de aquel lugar, pero al parecer alguien no me lo permitía.
Al parecer el dueño del lugar solo permitía la entrada al lugar, no dejaba salir a nadie. Era como una cárcel, pero peor, mucho peor.

Ya desesperado, sin contacto con mi familia, a la cual ya le había perdido el rastro hacía días, me metí en un callejón a llorar y a rrepentirme por vivir y haber nacido en aquel mundo. Amargamente tuve que levantarme y dejarme de lamentos. Tenía que salir de ese lugar por la fuerza o con un plan aunque fuera descabellado.

Investigar era la mejor opción para empezar. Podría colarme, por ejemplo, en un camión comerciante y huir cuando estuviera ya fuera de la ciudad, correr y alejarme de ese inmundo sitio.
Saber dónde estaba la sede política del lugar era el primer paso, pues así averiguaba donde podía enterarme de todo, de las entradas y salidas del lugar, porque evidentemente tenían que comerciar con algo, de algún lugar salía la basura.

Pregunté a las primeras personas que vi, pero la mayoría no tenían ni idea. Excepto una persona, una señora con el pelo recogido aunque corto, un delantal con manchas de grasa y aceites, unas pantuflas rosas y una camiseta publicitaria.

???: ¿Qué si lo se? ¡Pues claro! ¡Está lejos! ¡Está al final de la calle, pasao el Vertedero Central!

Tenía un acento pueblerino y una voz altísima, yo evidentemente ni le di las gracias, simplemente salí disparado hacia allí. Lo único que hice fue levantar el pulgar en señal de "gratitud".

Pasados edificios y solares roñosos tuve que saltar una pila de basuras y desechos llamado Vertedero Central. Me clavé algún que otro cristal minísculo en la zapatilla que no la atravesó, por suerte, pero entre latas de refresco y demás objetos de ese estilo me hice arañazos en los pantalones y varias heridas. Por suerte en Nowan me vacunaron contra todo tipo de enfermedades.

Pasada la montaña de basura un edificio asqueroso pero no tanto como los demás estaba rodeado de algo de vegetación.Era una casa de unos tres pisos con una fachada negra y las ventanas medio rotas, unas banderas rasgadas colgaban de mástiles minúsculos en el alto del edificio. Era la sede política de Ciudad Baja.
Pasar iba a tener sus múltiples riesgos como lo fue el que había dos guardias en la puerta, y eso me impidió pasar. En un principio.

Pasar desapercibido de los guardias fue fácil. Seguidamente, con mis dotes alpinistas, escalé la fachada del edificio y me paré agarrado fuertemente al pestillo de la ventana en esta misma, a escuchar la conversación de hombres trajeados.

Hombre 1: Sí, sabemos que esta ciudad vive en la inmundicia, pero no podemos hacer nada.
Hombre 2: Abandonarla y fundar otra en un sitio con gente más civilizada que no tire porquerías y luego se las coma pues sería un buen comienzo.
Hombre 1: Podemos salir disimuladamente en coche...
Hombre 3: -interrumpiendóles- Nadie tiene coche en este vertedero, se darían cuenta.
Hombre 2: Tenemos un camión blindado, o un coche azul celeste de marca.
Hombre 3: Pues así lo haremos, en la noche cogeremos el camión y saldremos de aquí con los guardias, nadie se dará cuenta.

Después de que los tres hombres sonrieran y salieran de aquella sala, bajé de la fachada y tracé un plan que me sacaría de aquel sitio de una vez por todas.





* Ciudad Baja: Dado a su estatus social y económico se le conocía con ese apodo y desde entonces su nombre.
* Daz: Moneda que se utilizaba por aquel entonces.

~Cronos~

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Re:[Fic] Memorias de tristeza.
« Respuesta #2 en: 01 de Marzo de 2011, 07:01:53 pm »
Capítulo 1.0 - 1.5
Despedida lacrimosa

Ya podía salir de aquella oscura y fría ciudad, alejarme de la inmundicia que suponía aquel sitio.
Era agradable pensar que me marcharía por fin de allí; dos años tuve que soportar comiendo basura y durmiendo en las calles para sobrevivir a esa jungla de basura y mugre.

El plan que tenía pensado era simple, pero eficaz, o eso pensaba. Estaba muy seguro de mis posibilidades, pues a simple vista todos los que componían el gremio de cabecillas del vertedero en el que me encontraba parecían unos zopencos.
El plan consistía en quedarme vigilando el lugar hasta que se hiciera de noche. Poco después, cuando emprendieran el viaje para salir silenciosamente de allí, me subiría rapidamente sin ser visto a la parte trasera del vehículo y viajar como polizón. Ya cuando estuvieramos fuera de la ciudad me bajaría de un salto y andaría para buscar un lugar mejor en el que quedarme.
Por supuesto no me bajaba por que sí, si no para no ser descubierto posteriormente por esos zopencos y que sus guardaespaldas me dieran una paliza.

Puse el plan en práctica, esperando a que salieran aguantando el frío con mis cortas y desgastadas prendas. De vez en cuando sin darme cuenta daba pistas de mi posición a los guardias, pero imitando el sonido de algún animal callejero les burlé.
Ya cuando el sol se ocultó los zopencos llamaron a sus guardias para poner en plan su propia operación. Oculto cerca de lo que creía el garaje esperé am que salieran con el camión, pero tardaron lo suyo. Ya cuando salieron me acerqué a la parte trasera llenándome de todo lo que explusaba el tubo de escape cuanto más me acercaba. Ya subido en lo que era un saliente de metal me subí encime del camión para evitar caerme antes de salir de Ciudad Baja.

Fueron bastante despacio para no perturbar el silencio de la noche y despertar a los ciudadanos. El aire igualmente de daba de lleno en la cara, que por cierto me fue agradable. Hacía mucho tiempo que no sentía esa sensación y me gusto volver a sentirla. La última vez fue en el cohe de mi familia antes de que se iniciara la hecatombe en lo que era mi ciudad natal.
Algo me resultó extraño: el guardia que vigilaba la salida hacia el exterior se encontraba allí y tampoco les dejó pasar a ellos. Se liaron a golpes con él y poco hizo para defenderse pues le superaban en número y tamaño.
Que no les dejaran pasar a ellos tampoco significaba que ellos tampoco pudieron salir de allí anteriormente. Y este era su intento definitivo, si es que habían habido más.

Antes de que derribaran al guardia este tocó una alarma para llamar a los refuerzos. Los conductores de lo que serían mi billete hacia la libertad se alarmaron y no tuvieron otra que derribar la puerta, no encontraban ningún interruptor para abrirla. Era rígida, así que sacaron una herramienta parecida a una sierra circular. Solo que esta tenía como filo un generador especial que creaba campos de división entre la eléctricidad y la deformaban. Ciertamente no tengo ni idea de qué estoy hablando; no me enteré cuando me lo explicaron.

Ya cortada la puerta nos pusimos en marcha antes de que llegaran lo que parecían los guardias. Todos los ciudadanos, que ya se habían despertado alarmados por el jaleo que habíamos montado nos tiraban objetos, y algunos aprovecharon para huir, aunque en vano, ya que los guardias les cogieron y se lo impidieron.
Pero unas personas me llamaron la atención. Era la familia, mi familia, de la que me separé hace tanto tiempo. Ellos no me reconocieron.

Aún así, con lágrimas en los ojos les despedí sin que ellos me correspondieran y esperé volvermelos a encontrar.
Un chico de mi edad o más se dirigió hacia nuestro vehículo imitando lo que yo había hecho antes para subirme. A duras penas lo consiguió, si no hubiera sido por mi, que le tendí la mano y le ayudé a que subiera al vehículo no lo hubiera conseguido. Aún no entiendo porqué lo hice, pero creo que fue porque necesitaba compañia para no volver a sentirme solo.